Thursday, February 10, 2011

Cortejo Fúnebre a la Democracia

Cortejo funebre a la democracia

Recientemente el sitio web CubaEncuentro publicó un artículo que trata sobre la muy maltratada por todos libertad académica de expresión que, a todas luces, huele desde lejos el tufillo conocido de los cortesanos conocidos del régimen de La Habana.

El artículo en cuestión aborda la visita de Miguel Barnet al Bildner Center de City University of New York (CUNY) y la carta que un grupo de exiliados cubanos envió a la institucion academica.

La persona que escribió el artículo se engarza en una intricada diatriba contra los firmantes de esa carta de protesta por la presencia de Barnet en Estados Unidos, sobre todo aludiendo al “preocupante desconocimiento de los principios de libertad académica, tal como fueron establecidos desde hace más de medio siglo por la Association of American Colleges”. Y añade:

… cuyas bases son “la libre búsqueda y exposición de la verdad, y no los intereses particulares de un individuo o institución”.

Lo curioso del escrito es que se muerde la cola con sus mismas palabras cuando señala que Barnet no fué a Estados Unidos en “representación del Gobierno cubano”, sino que fué como autor de un libro que pudiera incluirse en el curriculum de los departamentos de español.

O yo no leo ni entiendo español, o esta señora no lee ni sabe leer español correctamente.

¿En qué quedamos? ¿No dice esos principios de la libertad académica, que la señora emplaza en su diatriba a los firmantes de la carta, que las bases son “la búsqueda y exposición de la verdad” y no los intereses de un individuo o institución, como ella enfatiza?

¿Entonces Barnet no fué como escritor de un libro tampoco? Tampoco fué en representación del gobierno de Castro. Entonces, ¿en representación de qué fue a New York? ¿En representación de los angeles y demonios del cielo?

Alegar que Barnet fue sólo en gira académica es negar que un artista es también un ciudadano, y negar que la actitud política ante las autoridades de su país y con la realidad de Cuba está indisolublemente atado a la condición humana de cualquier escritor, de cualquier persona.

Si somos escritores es porque en primer lugar fuímos ciudadanos y nos proyectamos como ciudadanos sobre la actitud política del gobierno que nos dirige.

En el caso de Barnet por mucho tiempo ese señor ha dirigido la UNEAC y ha instrumentado en esa institución la política de censura y coerción que el gobierno de Castro le ha dictado. Hasta donde tengo conocimiento, Miguel Barnet nunca ha levantado su dedo para defender a ningún intelectual cubano en desgracia con el gobierno de La Habana por exponer libremente su libertad de pensamiento y su libertad de creación.

Y sí todos sabemos que el señor Barnet es uno de los tantos sargentos literarios que ha dominado Cuba durante décadas, viviendo una vida privilegiada y viajando el mundo con los gastos pagados por la institución de censura en manos de Castro (UNEAC) que él mismo ha dirigido.

No hay que remontarse a épocas lejanas. Muy recientemente estuvo en Italia, también “promocionando un obra”, e invirtió parte de su tiempo como “ese escritor que está promocionando su libro” en atacar a los disidentes y defender la dictadura en cada acto público en que estuvo involucrado su persona.

Entonces, ¿dónde está el escritor mas allá del representante institucional del régimen de Castro? ¿Dónde está el representante de una institución del gobierno de La Habana mas allá de su condición de escritor?

No se pueden jugar con las palabras, ni con los principios de la libertad académica. No se puede entregar a los cortesanos del régimen las herramientas de la democracia. Si algo las tiranias y sus representantes supremos han sabido utilizar son las libertades esenciales que todos los ciudadanos, escritores o no, tenemos para opinar y criticar lo que deseamos en las democracias occidentales.

Día a día no me deja de sorprender el enorme ejército de tontos y malintencionados que encontramos en las democracias occidentales que, en nombre de la libertad de expresión, de las libertades académicas, le dan la oportunidad a los tiranos de hablar en boca de sus voceros.

Esos que bien intencionadamente propician la libertad académica a escribas de dictadores ignoran que, llegado el momento, esos mismos voceros y esos mismos dictadores no tendrán la condescendencia que tuvieron ellos y no le ofrecerán la reciprocidad de su oportunidad.

Las tiranias no conceden la oportunidad de la réplica, el diálogo y el debate democrático. Quien piensa diferente se equivoca, y los que están sentados en el trono de Cuba han usado esta debilidad académica en su beneficio.

Cuba, más que ningún otro país, es el vivo ejemplo de que la libertad de pensamiento y académica solo tiene 3 caminos posibles en un régimen tiránico: la cárcel, la represión y el exilio.

Y dejémonos de ingenuidades. El mismo señor Barnet justificó en su cartita a los reyes magos de Cuba en la defensa de esa tirania cuando solicitó su viajecito al centro académico de New York. Porque en Cuba para salir, todos y cada uno de los cubanos, así sea Barnet o el más simple ciudadano de Baracoa, necesita una autorización del regimen.

Por supuesto, en el caso del escritor de marras es sólo un recurso rutinario. Castro sabe que esta enviando un pelele.

Las instituciones académicas norteamericanas están enterrando a sus propias instituciones y leyes democráticas cuando invitan a instrumentos como Barnet. Decir lo contrario es una falta de respeto total a la inteligencia humana, pero sobre todo, una falta total de respeto a aquellos que murieron en Cuba ignorados, silenciados y enterrados en vida sin la posibilidad que hoy tuvo Miguel Barnet de acudir a New York.

Al parecer, a la señora que escribió ese artículo se le olvidaron, “casualmente”, esos nombres.

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