Tuesday, January 25, 2011

Oxígeno

Oxigeno

A veces me pregunto cómo alguien puede tener la más mínima intención de estudiar periodismo en Cuba. Un país donde la profesión no solo no aporta nada espiritualmente, sino donde las condiciones políticas hacen del futuro hombre de opinión un esclavo atado al cepo político del gobierno.

La prensa y el periodismo cubano son cadáveres flotantes en  un mar infestado de consignas y temas prohibidos. Todo está dispuesto para mirar hacia arriba y esperar alguna señal divina.

Lejos, casi imposible de alcanzar, está la independencia de pensamiento, la valentia personal de ofrecer una visión crítica y un cuestionamiento honesto. Abunda la mediocridad, la simulación y el silencio.

Algunos colegas mencionaban en estos días la curiosa dicotomía que la prensa castrista ofrece entre el jucio que se lleva a cabo en Los Estados Unidos a Posada Carriles, y el jucio en La Habana a los acusados de las muertes en Mazorra en enero del pasado año.

Las diferencias son muchas, baste señalar sólo una que marca los años luz de distancia. Posada en América es aún un hombre libre y la parte fiscal tiene la ardua tarea de demostrar su culpabilidad con pruebas convincentes. En La Habana ya todos son culpables, allí sólo se trata de establecer condenas a los presos que han estado en las cárceles castristas por más de 10 meses sin cargos establecidos.

Y aqui está, precisamente, el centro medular de lo que es la prensa cubana. Cuba no ha dejado de ofrecer lo que le interesa mostrar en sus raquíticos periódicos sobre aquel proceso en El Paso, Estado Unidos. ¿Qué ha ofrecido sobre Mazorra? Nada.

Una breve nota alertando que cuando el juicio se termine “el pueblo será informado”. Es decir, el pueblo no es fuente y destino de la noticia, es solo un elemento pasivo que recibe dosificación infatil de información.

Es como ese enfermo comatoso a quien nadie le pregunta si es mejor ponerle el tubo de oxígeno a sus débiles pulmones que ayudarlo a ventilar por sí mismo. En Cuba la prensa no está para ser el sujeto de la concienca ciudadana. Lo contrario sería lo real: la conciencia ciudadana la sujeta la prensa.

Y así encontramos personajes convertidos en “periodistas” con la triste tarea de demonizar opiniones de ciudadanos que han roto cadenas con el gobierno y expresan su opinión independiente. Sin olvidar que, en esos órganos de propaganda, no se escatima en lo más mínimo las amenazas, la acusación vergonzosa a personas y los muy socorridos epítetos de “agentes de la CIA”, “traidores” y “agentes del imperio”.

En las décadas pasadas no era extraño tropezarnos con largos editoriales en los órganos nacionales sin un nombre estampado en los mismos. Por supuesto, todos conocíamos quien estaba detrás de todos ellos, quien los escribía y los ordenaba publicar y recitar en los espacios estelares. Pero esa cobardia suprema de ocultar su autoría demuestra la naturaleza sumisa de los órganos de prensa de ese país.

¿Por qué ocultar aquel nombre? ¿Qué razón mas allá de la hipocrecía, la cobardía política y la duplicidad espiritual tenia ocultar el autor de aquellas demonizadas descargas editoriales ?

Estas enfermedades morales de la prensa castrista es la que hoy generan la riada de simuladores que recorren los sitios de internet, crean blogs oficiales para repetir la misma historia y el mismo mensaje, copan las redes sociales con las mismas consignas. A sabiendas, con duplicidad conspirativa y mucha mendicidad del alma.

Atacan a las almas libre de Cuba que valientemente expresan su personal opinión, pero su cobardía bovina debe envenenarles el alma, llenarles la barriga espiritual de envidia y dividirle la lengua, como a todos los ofidios rastreros que ganan un nombre atacando la honestidad, la libertad y la verguenza.

Mañana podrá los Castros desaparecer, y la sociedad y el gobierno comunista desaparecerá definitivamente, están condenados a desaparecer. La pregunta infeliz es: ¿también desaparecerá esta enfermedad moral que es la simulación, la mentira y la duplicidad espiritual?

La moral no cambia en un corto tiempo. El castrismo dejará una secuela moral y espiritual que tomará tiempo borrar… desafortunadamente.

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