Wednesday, January 12, 2011

Martí y Castro

Jose Marti by Rene Mederos

“Yo soy un hombre sincero de donde crece la palma…”. Así comienza uno de los versos más conocidos del Apóstol de la independencia de Cuba: José Martí.

Y no existe verso  que resuma de manera más elocuente y hermosa la esencia del Apóstol. Martí dedico por entero su vida, e incluso su obra, a lograr que la nación cubana creciera independiente y libre de España.

Este hombre pequeño, enjuto y delgado, que hablaba con fluencia 5 lenguas y dominaba el griego antiguo y el latín; que era también un extraordinario poeta, revolucionador de la métrica y del lenguaje poético; excelso traductor de Walt Whitman y de Helen Hunt Jackson al español; que cultivó la retórica, la crítica literaria, el periodismo, la oratoria fogosa y apasionada. Este hombre fué, en esencia, el cubano más sincero y honesto que la historia política de Cuba ha tenido a lo largo de sus mas de 500 años.

Nadie puede ser comparado con él. A nadie como a él podemos elevar a la esencia de lo que fué: el Apóstol.

Sin embargo, siempre es ejemplarizante mirar el ejemplo de Martí, de su vida y obra, para comparar a los políticos de los que nuestra patria ha sufrido en los siglos que lleva de existencia. Sobre todo, a personajes como Castro, que ha tratado de trascender mas allá de su estatura política (muy bien pequeña) a base de oportunismo, simulación y mentiras.

Martí marchó exiliado al mundo y comenzo su marcha tratando de unir a los cubanos para la guerra necesaria para conquistar la libertad. No importara quien fuera, que tendencia política y que ideario personal defendiera. Para Martí la patria era ara y no pedestal. Lo contrario a Castro que hecho de Cuba su pedestal divino en 50 años.

Martí llamó a los cubanos a la unidad por que “la patria es de todos”. Fidel Castro hizo exclusivo el discurso de la patria sólo a los que son fieles a sus ideas personales, el resto los condenó a ser “traidores”, “contrarrevolucionarios” y “agentes del imperio”.

Mientras Martí, en sus palabras sobre Carlos Marx, decia:

“Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros.”

Castro, por su parte, no ha hecho otra cosa en toda su vida política y de tiratiros, como bien Carlos Franqui lo describe en su libro biográfico sobre el mafioso castrense, que “echar los hombres sobre los hombres” y el “abestiamiento de unos hombres en provecho de otros”.

Mientras Martí discutía febrilmente con Maceo y Gómez sobre la imperiosa necesidad de un gobierno civil que dirigiera la guerra necesaria, y que son el centro de las páginas arrancadas por el caudillo Gómez del diario del Apóstol. Castro en toda su historia de guerrillero y después del triunfo de 1959 lo que ha hecho ha sido exactamente lo que Martí no queria que ocurriera en Cuba: el caudillismo, la centralidad de un gobierno instrumentado en base a la ideologia, el pensamiento y los caprichos de un hombre.

Mientras Martí perdonaba traiciones a su persona, aún al costo de su vida, como la vez del intento de asesinato por parte de uno de los cubanos de Tampa. Castro nunca perdonó la independencia de pensamiento de los que le han rodeado todos estos años, los que han intentado expresar públicamente un desacuerdo a su persona o a sus ideas, e incluso algún antiguo y personal desagravio. Muchos de esos han pagado a lo largo de 53 años con su vida, la prisión o el exilio.

Martí era un hombre dedicado a Cuba, su vida privada y su obra creativa la abandonó con humildad para el bien de todos. Castro hizo de Cuba el centro de su vida, era Cuba la que habia de servirle, de ella es de la que ha vivido, y cualquier desagravio a su nombre lo ha elevado a desagravio a la patria, como si la patria fuera su persona y su nombre fuera sagrado.

No podemos olvidar aquellas palabras del Apóstol cuando dijo:

“Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Cuando Fidel Castro supo de la huída de Batista el 31 de Diciembre, envió a Camilo a que tomara Columbia (centro fundamental del poder en La Habana) y a Guevara que se fuera para la Cabaña, que no tenia ninguna importancia estratégica. Como bien señala Franqui en su biografia sobre Castro, la idea era minimizar totalmente el prestigio que el argentino se habia construido al vencer en la batalla más importante de la guerra: la toma de Santa Clara.

De la misma forma que le impidió a otros la entrada a La Habana, o de la misma forma como envió a Huber Matos para Camaguey, en vez de situarlo en Santiago de Cuba, que era como le correspondia al ser este comandante quien sitió y tomo esa ciudad.

Castro le ha negado diariamente la dignidad al cubano en leyes que le han impedido en 53 años su realización personal y el poderse levantar sobre la altura de su nombre. La Cuba de hoy esta construída, en leyes y moral, para sostener la dignidad de un solo hombre: Fidel Castro. El resto de los cubanos no importan, son solo sombras.

He ahí la maravilla que distingue a un hombre como Martí sobre el pobre tipo que, a fin de cuentas, siempre ha sido Fidel Castro.

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