Saturday, January 1, 2011

La Habana: sin reina y sin carnaval

Reina y luceros del Carnaval con Castro, por Camilo Loret de Mola

Una vieja canción del trovador Carlos Puebla dice, entre sus estrofas” …llegó el comandante y mando a parar”.

Y así fué con todo lo que en Cuba ocurría en 1959. Castro mandó a parar todo y cada uno de los mecanismos que hacían de Cuba un país democrático.

Prometió retornar la democracia después de una tiranía sangrienta, lo que instaló fué una tiranía aun más inflexible y olvidarse de todas las promesas.

Por 53 años, Cuba no ha tenido un solo renglón de su vida social, política y cultural que no haya sido destruido por este hombre.

En la literatura, el arte y la cultura estableció el régimen del silencio a la palabra, con aquellas “palabras a los intelectuales” que debería haberse llamado “silencio a los intelectuales”. En lo político, destruyó todos y cada uno de los partidos políticos que existían en la Cuba del 59.

En el 69, este sustituto de Calígula lanzó su “ofensiva revolucionaria” para acabar con los últimos vestigios de los pequeños negocios privados y lanzar la locura de la zafra del 60.

De toda la lista de privilegiadas eliminaciones que este oscuro personaje realizó con mano propia, la mas curiosa y ridícula es haber sido el autor intelectual de la desfenestración de las festividades alrededor de la reina del carnaval y sus luceros en La Habana.

Es por eso que resulta muy esclarecedor, y absolutamente revelador, las fotografías que en el día de hoy El Nuevo Herald, gracias a la cortesía de Camilo Loret de Mola, muestra al Calígula caribeño acompañado de la reina y sus luceros del carnaval de La Habana, un carnaval que él ayudó a destruir, como tantas otras cosas.

¿Qué estaría pensando este señor feudal cuando se tomaba estas risueñas fotos con las hemosas mujeres? ¿Acaso estaría pensando cuando podría quitarles el mediático protagonismo de la prensa cubana de entonces para ganarsela definitivamente él?

Nadie puede saberlo, ni él mismo ahora que ya lo vemos barruntando tonterías sin saber qué es lo que dice. De todas formas, no es menos revelador el destino de estas festividades en la Cuba actual: ya no existe y sólo es un carnaval de borrachos y delincuencia.

Quizás hasta eso mismo lo hace parecer a los que gobiernan Cuba hoy: borrachos y delincuentes. La Habana ya no tiene ni reinas, ni luceros, ni carnavales ni estrellas porque llegó el comandante… y mando a parar.

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