Wednesday, December 15, 2010

Jornada cotidiana de cinismo

Cinismo en la red

¿Cuantas veces el gobierno de Cuba no ha faltado a su palabra, cambiado de dirección a la vuelta del dedo castrista y roto protocolos e incumplido compromisos internacionales?

¿Cuantas veces el dictador ha dicho diego donde dijo digo y ha dado marcha atrás palabras públicas y documentos firmados por la generalocracia cubana?

La jornada diaria de los que gobiernan en La Habana es un desandar de caminos anteriormente prometidos y comprometidos. Con cinismo los que ahora claman por WikiLeaks, acusan de represión el encarcelamiento de Assange y proclaman a los cuatro vientos la nueva enciclopedia “no-colonialista” cubana olvidan los 52 años que han estado tergiversando sus propias palabras, ocultando sus propias tropelias en America Latina y su intromisión mafiosa en cuanto conflicto internacional haya existido.

¿Qué van a mostrar en la “enciclopedia no-colonialista”? ¿Acaso explicarán cuantos billones de esa deuda que tienen con la extinta Unión Soviética se uso para financiar los movimientos terroristas en America?

¿Van a presentar como el gobernante en semi-retiro ha gastado en todos estos años en cuanto proyecto loco se le haya ocurrido en la economía?

¿Van a publicar las extrañas muertes ocurridas en los despachos oficiales de la alta jerarquia comunista o de algunos de los más allegados a esa generatura?

El cinismo rodea estos personajes oscuros que señalan con el dedo a otros, pero ocultan con mendacidad sus propios problemas al mundo. El cubano de la calle ha vivido esas transiciones extrañas de dirigentes en altos puestos devenidos figuras fantasmagóricas, que desaparecen de la noche a la mañana, mientras en el cuartel del periódico GRANMA hacen pedacitos la historia de esos mismos que antes eran adulados en sus páginas.

La proyección pública, la vida privada y el diario acontecer de los que ayer y hoy se mueven en los palacios donde se toman las decisiones en Cuba, tienen el mismo hereditario comportamiento. Es como si fuera una enfermedad transmitida burocraticamente por el centro del poder castrista.

Se transfiere de padres a hijos, como el caso de Mariela Castro al decir que “a los cubanos no hay quien los calle”. Típica rata amaestrada por muy buenos maestros en el histriónico acontecer del cinismo mediático.

Pero se transfiere también de “caídos en desgracias”, como Perez Roque, a nuevos y futuros candidatos al sacrificio socialista conque los altos miembros de la gerantocracia castrista agradecen el fruto de su cotidiana labor, como Bruno Rodriguez.

Y de esa piramide de poder, se entiende como un pulpo la influencia del cinismo a todas las instituciones oficiales de Cuba. Atrapados en ellas, los cubanos sufren doblemente: por la hipocrecia social de sus lideres máximos, y por la cadena de cinismo que se transmite de institución a institución, burocratizada en leyes y manuscritos, o a simple voz, para que no la puedan publicar en el nuevo engendro publicitario de Cuba.

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