Saturday, December 11, 2010

En las redes del poder: el dilema de Marinetti y Silvio Rodriguez

Portada del Manifiesto Futurista de Marinetti

La historia de los movimientos sociales devenidos dictaduras son curiosas. Si comparamos la historia de Italia en los años 20 y 30 con la historia de Cuba en los últimos 50 años la conclusión puede ser que no hay nada que la asemeje, más allá de que ambas constituyeron una dictadura. La última lo sigue siendo, por cierto.

En los 20 y 30’s Italia estaba dominada por un dictador caricaturezco llamado Mussolini. La Cuba desde el 59 ha estado bajo las garras de un dictador ilustrado: Fidel Castro. Ambos, sin embargo, trataron de lograr lo que nunca una dictadura ha podido construir, y no por no haberlo desesperadamente intentado: crear una cultura supina del estado totalitario.

Las figuras artísticas en el caso italiano y en el cubano son tambien disímiles, pero curiosamente sus historias personales son tan cercanas siendo tan lejanas su geografía, su tiempo historico, e incluso su realización cultural que la mera comparación produce el pasmo.

La Italia de Mussolini centró su curso cultural en un poeta llamado Filippo Tommaso Marinetti, el muy olvidado creador del Futurismo dentro de la poesía y el arte de entonces. La Cuba de Castro, de una forma más exitosa, sin embargo, ha logrado amancebar mejor a su figura emblemática: Silvio Rodriguez.

Los dos poetas crearon una obra de rompimiento con los cánones usuales del momento. Marinetti le cantó a la violencia, luchó furiosamente como enemigo de la iglesia católica y gritó enardecidamente por el nacionalismo italiano. El Silvio Rodriguez hizo composiciones picasseanas contra Castro y los cazadores de brujas en las artes en Cuba, le cantó a la libertad de espíritu, incluso a Cristo cuando hacerlo era convertirse en víctima propicia para la hoguera castrista, y el mismo se encontró como víctima en uno de los barcos veleros cubanos de pesca navegando por el mundo para sacarlo de circulación de la isla. Por lo seguro, ya el “no se acuerda” de esos tiempos.

Al final de la vida, sin embargo, Marinetti y Silvio Rodriguez recorrieron el mismo caminito muchas veces recorrido por los amancebados por los dictadores. Marinetti, a pesar de su encendido nacionalismo, nunca dejo de ser una figura cosmopolita universal, que estudió en Egipto y Francia y vio sus primeros versos impresos en Paris. Viajó por el mundo como ningún otro en aquella época para promover su movimiento cultural y político: el Futurismo. Se convirtió en académico a pesar de sus vehementes condenas de sus inicios a la Academia. Promovió el arte religioso e incluso se reconcilió con la iglesia católica. Increible, ¿no? Pero falta. Hasta en los actos más elementales de su individualidad este hombre se traicionó a sí mismo: se casó a pesar de su condenación pública del matrimonio. Es para morirse de la risa.

Por Dios, ¿no nos recuerda esto a todos al señor Silvio Rodriguez?

Quien ayer hacia canciones como Ojala, Sueño con Serpientes y hoy le balbucea canciones a Castro. Que ayer era embarcado y encerrado en el buque pesquero Playa Girón y hoy viaja por todo el mundo para promover sus discos. Que ayer criticaba ferozmente los censores culturales en Cuba y hoy critica los Grammy de la Academia Norteamericana de la Música, quizás porque no ha podido embolsillarse más dólares en sus bolsillos.

Cualquier similitud con Marinetti no es pura coincidencia. Las dictaduras no generan libertad, y el arte vive de la libertad y la disidencia. Dos cuestiones totalmente enemigas una de otra.

Al final de toda la historia. Los dos personajes de marras han sido también víctimas de las redes de poder en sus dos países, lo que no les ha quitado el sueño para recoger el dinero cosechado por su perruna adulonería.

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