Sunday, December 5, 2010

El sargento literario Retamar

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Hay seres humanos que se orillan a lo mas bajo y ruín de su condición de hombres. A esa pertenece el sargento literario Roberto Fernandez Retamar.

Este poeta, ensayista y escritor cubano pasó por encima de cabezas y pensamientos libres para convertirse en el funcionario de dedo, designado por el régimen de La Habana, para batir intelectuales rebeldes a la causa castrista en Cuba.

En los sesenta y setenta firmó cuanta carta amonestadora el caudillo le asignó a su lista de deberes para con la “revolución cultural” que el castrismo se asignó en America. No hubo nombre que se salvara de su pluma de sargento. Ni comunistas como Pablo Neruda, a quien redactó una carta a la que después dedicó una búsqueda desesperada de firmas en el mundo literario de Cuba, ni Vargas LLosa, ni Jorge Luis Borges, ni el muy cuidadoso Cortazar. El sargento Retamar estaba siempre bien atento a las indicaciones de Castro.

Es precisamente Vargas LLosa quien brinda el mejor retrato de Retamar en una muy conocida carta al sargento de marras:

“Mi adhesión a Cuba es muy profunda, pero no es ni será la de un incondicional que hace suyas de manera automática todas las posiciones adoptadas en todos los asuntos por el poder revolucionario. Ese género de adhesión, que incluso en un funcionario me parece lastimosa, es inconcebible en un escritor, porque, como tú lo sabes, un escritor que renuncia a pensar por su cuenta, a disentir y opinar en alta voz ya no es un escritor sino un ventrílocuo.”

Funcionario devenido en sargento literario y transformado en ventrilocuo, como mismo muy bien lo define Vargas LLosa, Retamar no ha dejado de firmar cartas ignominiosas durante todos estos años. Aún no muy lejos en la memoria está su firma de apoyo al crimen cometido por Castro un 11 de Abril del 2003 contra tres ciudadanos cubanos que no hirieron a nadie, y a los cuales toda la intelectualidad con verguenza trató de salvar.

Curiosamente, este señor no dejó de rondar a los grandes escritores a los que denunció como un acto de contrición bovina, y como un verdadero reconocimiento a su hipocresía y sumisión ante el tirano. Entrevistó delicadamente a Borges, participó como un jurado en un concurso con el nombre de Pablo Neruda en Chile y, evidentemente, ahora quiere hacerse el gracioso con Vargas LLosa, cuando declara su aspiración por un Premio Nobel para la Cuba de Castro.

¿Es que esta pensando en sí mismo como Premio Nobel? Dios nos ampare si este engendro literario multicabeza invade Oslo, comenzará haciendo cartas y firmando como todo muy servil sargento a los que le aparezcan en la mirilla a los Castro.

Ironías de la vida. Todos aquellos a los que trató de condenar con su venenosa firma, hoy gozan de mejor vida literaria, mejor memoria histórica y mayor reconocimiento a su persona y a sus libros. ¿Donde quedará el señor Retamar entonces?

Escondido en cualquier rincón de la casa intelectual cubana, sin premios que reclamar, sin memoria que recordar, sin nombre. Un simple sargento segundón literario, eso es lo que es.

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