Wednesday, December 8, 2010

El precio del cubano

precio del cubano

Después de más de 10 años esperando en el corredor de la muerte en Cuba, los salvadoreños Otto Rene Rodriguez Llerena y Raul Ernesto Cruz vieron conmutada la pena de muerte por una condena de 30 años de cárcel.

La tiranía castrista, cuyo sistema judicial está sometido al sistema político del país, esperó más de 10 años el momento propicio para realizar el gesto de “buena voluntad” de conmutar la muerte ante el hacha del verdugo por la máxima estancia en carcel a estos dos ciudadanos extranjeros.

La ironía de todo este carnaval con los presuntos autores de la cadena de bombas en los hoteles y sitios turísticos de La Habana que, vale agregar, le costó la vida a un turista italiano, es precisamente que ocurre cuando las relaciones entre el régimen fraticida de Castro y el del Salvador se restablecen oficialmente. No es para sorprenderse, ni tampoco para ver en todo esto los “gestos reformistas” de la “administración raulista”, aunque algún “idiota útil” lo pueda cacarear por algun rincón de internet, o lo lleguemos a escuchar en alguno de los sitios del castrismo en las redes sociales.

Nada nuevo ha sucedido, y si mucho de viejo y del siempre discriminatorio vejamen que las autoridades cubanas cometen con su propio pueblo. Resulta que ciudadanos extranjeros que cometieron evidentemente actos terroristas, si aun se puede creer en la veracidad de los organismos investigativos castristas, hoy obtienen un salvoconducto a la vida.

Más de diez años estuvieron esperando el proceso de apelación estos dos salvadoreños. Me pregunto, ¿cómo es posible entonces que los tres simples ciudadanos cubanos que en abril del 2003 secuestraron una lancha y trataron de irse para Miami fueran enjuiciados, condenados y fusilados en 3 días?

¿Es que el hacha del verdugo castrista es diferente para los extranjeros que para los cubanos? ¿Es que los jueces que revisaron las condenas de los salvadoreños tienen otro código penal criminal? ¿Es que existen procedimientos diferentes para ciudadanos extranjeros y los cubanos de a pie? ¿Es que el sistema judicial discrimina por nacionalidad, pertenencia política y social? ¿Es que los procedimientos judiciales son diferentes en Cuba para negros que para blancos?

No se puede dejar de olvidar que los tres ciudadanos cubanos que fueron enjuiciados, condenados y fusilados en esos 3 días del 2003, después de haber cometido su delito, eran pobres ciudadanos negros, sin ninguna filiación ideológica ni pertenencia al partido único que existe en Cuba. No eran extranjeros ni eran blancos como estos salvadoreños, y no eran fichas en el cruel juego político en mano de los dictadores castristas.

Esos tres ciudadanos, cuyos nombres son:

  • Jose Luis Martínez Isaac
  • Lorenzo Enrique Copello Castillo
  • Barbaro Leodán Sevilla Garcia

Esos tres ciudadanos simples de Cuba, de raza negra, solo secuestraron una lancha, no hirieron ni mataron a nadie, y no ofrecieron resistencia cuando fueron atrapados. Nadie resultó herido de esa acción. Pero fueron en 3 días fusilados, en lo que a todas luces y en toda sociedad civilizada constituye un crimen.

Los agoreros del castrismo, sus voceros y las cabezas pensantes de esa tirania presentarán documentos diciendo que eran antisociales, lumpen y delincuentes. Todo eso ya es un guión muy bien conocido de ese régimen, siempre lo aplican. Pero lo que nadie puede argumentar razonablemente y con un mínimo de decoro y verguenza es el hecho de que en 3 miserables días no existe sistema judicial humano digno que administre imparcialmente justicia.

¿Es acaso ese el precio que tenemos todos los cubanos en nuestro país? ¿Ser simple ofrenda sangrienta ante los dioses del olimpo castrista cuando nos salimos de la línea oficial de conducta? ¿Puede alguien con decoro y dignidad explicar este repugnante crimen?

Para aquellos que siempre buscan justificaciones irrisorias para los grandes y pequeños crimenes del castrismo en Cuba quisiera recordarle unas extraordinaria palabras de Tolkien, en El Señor de los Anillos:

“Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures en dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos”

No hay nada más que agregar a esas palabras.

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