Wednesday, November 17, 2010

Tiendas cubanas

Havana 071 Cuando se pasea por las tiendas habaneras se hace dificil, para el visitante y el ciudadano común que habita esta ciudad, La Habana, comprender el discurso de los que ofician los altos cargos de Cuba, la prensa de este país y las personas encargadas de brindar esa voz y opinión tanto tiempo secuestrada del ciudadano cubano por las redes sociales mundiales.

Tiendas vacias, donde ni la calidad ni la oferta satisfacen ninguna de las necesidades esenciales del cubano. Donde el olor a ropa vieja y la humedad de los locales compiten con la mirada perdida y el desánimo de los que permanecen horas ejerciciendo el ingrato oficio de vender lo que, a todas luces, es invendible para cualquier ser humano.


Las tiendas de La Habana tienen nombres pomposos, heredados de la epoca donde sus vidrieras estaban llenas de productos, y sus clientes venían hasta de New York para encontrar ofertas especiales de la Casa Dior que ni en la gran metrópoli se encontraban. Hoy son los habaneros los que no encuentran nada en esas tiendas, y sus vidrieras solo exhiben ridículas ofertas de cosas que muy pocos se atreven a comprar.


Son en estas tiendas muchas veces situadas estrategicamente frente a las otras, esas que ofrecen sus productos en la divisa que viene del Norte, donde el cubano comprende la gran diferencia entre poseer el desvalido peso que engruesa su salario, y las visibles ventajas economicas de portar una divisa extranjera en la que nadie le paga.


No son precisamente las armas ideológicas del enemigo imperialista las que destruyen este país con sus muros levantados al exterior por escribas en internet, una prensa sorda y muda y unos oficiales de gobierno que exhiben un desvergonzoso nivel de vida que no comparte el ciudadano común que las visita, y que todo el mundo conoce. Nuestras tiendas en La Habana, para el cubano que necesita un simple juguete para su hijo o el aceite de cocinar para la comida diaria, son el diario recordatorio de su verdadero enemigo: el sistema inútil que no satisface nada.


¿Las paginas en la prensa? ¿Los discursos pomposos en la ONU? ¿Las horas twitter de escribas y profetas? Eso no hace un país ni engrosa un producto en una de esas tiendas.

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