Saturday, October 16, 2010

Las Tribulaciones de un Cardenal

CUBA-CHURCH/

Cuando el papa Juan Pablo II nombró al arzobispo de La Habana Jaime Ortega y Alamino en 1994, parecia que el camino hacia la sociedad democratica iba a correr los mismos cauces de lo sucedido en Polonia. Quizas el ultimo papa pensara que podia, de esa forma, trazar el destino futuro de Cuba hacia la normalidad como mismo lo habia hecho en su patria natal.

Los cubanos recuerdan los 90’s de la iglesia catolica cubana por la famosa carta pastoral “El amor todo lo espera”, que sorprendio a Cuba en Septiembre de 1993 y que muchos todavia siguen asociando al nombre del Cardenal Ortega, cuando en realidad debieran agradecer mucho mas a obispos de la talla de Monseñor Pedro Meurice, siempre fiel defensor de la democracia y enemigo ilustre del totalitarismo castrista.

Sin lugar a dudas la aparicion de Ortega como cardenal de Cuba, un hecho ocurrido solo una vez anterior, tuvo un matiz profundamente politico diseñado por su santidad el Papa Juan Pablo II, quien penso monseñor Ortega podria convertirse en el Wojtyla de Cuba. Pero evidentemente el declinar de la salud de su santidad, y su muerte en el 2005 no pudieron perfilar el rumbo de la jerarquia cubana.

El 18 de Febrero del 2007, el arzobispo de Santiago de Cuba, Monseñor Pedro Meurice se jubilo, dejando un vacio critico en la cupula catolica cubana timoneada por un hombre debil, que ya habia dado tumbos durante los años posteriores a la Carta Pastoral critica del año 1993 y la turbulenta reaccion castrista contra la misma.

La nueva curia catolica timoneada por el Cardenal Ortega lejos de insistir en la lectura critica del evangelio hacia la realidad de Cuba, negoció espacios minusculos con el silencio, la debilidad e incluso con la intolerancia. Para ganar un espacio espurio en la television y en alguna oscura emisora radial habanera en contadas fechas religiosas, y pequeñas migajas de libertad para procesiones en dias señalados en el calendario catolico cubano, la iglesia catolica cubana callo su voz, amordazo su opinion independiente tan necesaria en una sociedad totalitaria.

Basta con acudir a las procesiones que recientemente se realizaron el 7 de septiembre en Regla o la del 8 de septiembre en Centro Habana para darse cuenta que la iglesia catolica cubana habla con voz callada, no es capaz de liberar su pensamiento y ayudar a Cuba a salir del pantano comunista.

No es pedirle al Cardenal Ortega que se convierta en politico y lance ardientes discursos patrioticos en contra de la dictadura, es pedirle al representante de Dios que hable cuando los hombres no pueden porque les falta la libertad y el espacio para hacerlo. La iglesia lo tiene, monseñor Ortega lo tiene, el mismo ha conversado con la mas alta autoridad politica cubana… sin embargo calla, y su silencio lo convierte en complice.

No se puede olvidar que a principios de este año un prisionero politico cubano murio en una huelga de hambre y aun no ha habido un pronunciamiento oficial digno de la iglesia catolica cubana, y mucho menos uno de su santidad en Roma. ¿Hubiera sucedido lo mismo con su santidad Juan Pablo II? Me reservo el espacio y la fe para dudarlo.

Los devaneos de Ortega y el silencio de Roma tiene mucho que ver con el pantano en que la iglesia catolica mundial, y especificamente el papa Benedicto XVI, estan lideando actualmente. Es debilidad en Roma y marionetismo en La Habana.

No en balde, a raiz de los destierros forzosos de los prisioneros de conciencia cubanos hacia España, la sociedad civil cubana y conocidos opositores han acusado a la iglesia y al Cardenal Ortega del destierro de sus colegas de lucha en las carceles cubanas. Y la respuesta de la curia catolica ha sido intolerancia, la misma pocion que todos los dictadores han impuesto en los paises comunistas: no en balde los 50 años de totalitarismo castrista.

¿Hubiera esto ocurrido con Monseñor Meurice en el seno de la curia cubana? Las palabras serenas pero firmes del querido arzobispo de Santiago no hubieran permitido pasar la muerte de Orlando Zapata en silencio, ni la operacion limpieza de Castro en conturbenio con las autoridades catolicas de Cuba mandando a los presos politicos a destierro.

Al final de la jornada, el papel del Cardenal Ortega en la historia de la iglesia catolica de Cuba sera recordado con amarga tristeza por muchos, y especialmente sera recordado como el hombre que ayudo a destruir la incipiente sociedad civil cubana, ayudandole a lavar la cara al castrismo, con el destierro de los hombres y mujeres que desde las prisiones o las calles cubanas han creado la semilla incipiente de la disidencia a la dictadura cubana. Ese sera el legado de Ortega.

Y es que Cuba evidentemente no es Polonia, y Jaime Ortega y Alamino no es Karol Josef Wojtyla.

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