Monday, March 2, 2015

La uniformidad hostil de la guayabera

Cuando en Cuba había campesinos, y cuando el campesino tenía su tierra, o al menos trabajaba sin que nadie coerciera a base de precios de miseria, políticas e ideologías estatistas, la guayabera, esa humilde prenda de vestir confeccionada del también humilde hilo, el tejido mas basto y barato al que podía acceder el cubano, y especialmente el hombre de campo, era la prenda insignia de nuestros campesinos, y también la prenda que simbolizaba la cubana, como las palmas y la mariposa simbolizan nuestros campos.
Cuando miro esta foto de los cinco espías – cinco pobres tipos que no han tenido otra opción en su vida que servir para lo que han servido, chivatos en tierra de nadie, siendo nadie ellos mismos – lo primero que me llama la atención no es aquel que un día fue y ya no es, ni siquiera esa entelequia de vejez, sombra de lo que nunca fue y de lo que ha quedado para ser, un dinosaurio político encorvado en un momento encorvado de la historia de ese régimen.
Tampoco me llama la atención la bruja de guedejas rubias que asemeja ese espectro nihilista de Fernando de Rojas en “La Celestina”, buscando en la distancia con ese vestido rojo el futuro pretendiente de sus quehaceres libidinosos, aunque sinceramente no deja de ser un punto risible de la foto.
Pero no son estos dos, ¡no! El centro son esas cinco prendas de vestir que hace mucho tiempo simbolizaba Cuba, o la cubanía, y hoy simboliza todo lo peor: la chivatería, el símbolo inasible de la represión.
Para los cubanos que hemos vivido en Cuba, y no es necesariamente esto un pleonasmo, la guayabera es hoy el símbolo de ese agente del G2, o de ese idiota útil que ha servido de voluntario represor contra la diferencia. Todos recordamos los miembros de la escolta de la “mosca”, rodeándolo en una muralla de guayaberas blancas, con ese rostro de máscara o marioneta en que se convierte todo guardaespaldas cuando pierde su identidad, y se convierte en la camisa de protección antibalas de cualquier otro. ¿Por qué todos terminan teniendo siempre ese rostro de lápidas blanqueadas, muros calcinados de pensamientos y espíritu?, me pregunto
O los que dispersaban en azoteas, balcones y calles los primeros de Mayo cuando esa misma “mosca” se posaba a zumbar en la base al monumento a Martí en aquella plaza de nadie, sin sombra, soleada y asfaltada de botas.
Y aquí lo vemos, uniformando cinco espías, como mismo se uniformaban los otros y lo siguen haciendo. La guayabera ha dejado de ser el símbolo de lo que fue para convertirse en restrojo de lo que es: podredumbre de pensamiento, espíritu, desprendimiento de mala cubanía.
Son las heces hoy, cuando ayer era el símbolo humilde del país.
No es extraño entonces que la prenda ya no quiera ser utilizada si no por “estos”, por la otra península de Cuba que representa estos cinco despojos.
Mi abuelo la usaba de hilo, blanca, almidonada, con el cuello levantado y enhiesto. Era la prenda del domingo, del buen domingo en que iba a su logia a estar con sus hermanos. Pero entonces se convirtió en este enmascaramiento de uniforme militar, esta suerte de camuflaje visual de la desvergüenza, dejo de tener el alma blanca, impoluta del humilde ciudadano para convertirse en lo que hoy es, y entonces mi abuelo dejo de usarla. La guardó en el fondo de su escaparate de entonces para nunca más.
Hoy los jóvenes no la usan, algunos, creo, ni la conocen más allá de estas estampas uniformadas de represión y displicencia. Prefieren usar la camiseta, o el pulóver con la bandera de las múltiples estrellas y las barras. Es, incluso, extraño encontrarla en alguna tienda habanera, o que alguien la resguarde como una prenda de domingo, “de salir” como decimos los cubanos.
Ya no es “de salir” nunca más, es de los que resguardan “el entrar”… a la cárcel, a dar golpes, a vigilar, a chivatear o a servir de estas murallas humanas antibalas para dictadores y dicta-cualquier-cosa en Cuba.
Y quizás es por eso que, viéndolo como lo que es, les corresponde a estos zombis usarla, arrastrarla a los pies de quien reconvirtió su simple cubanía en otro desgraciado transformismo de un producto de nuestra nacionalidad, como han sufrido tantos otros en Cuba.
Ya no es guayabera, es el útil camuflaje para ocultar las botas militares.

Sunday, March 1, 2015

La foto que siempre existió

No se entiende la fascinación, ¿o pudiéramos decir “sorpresa”?, de reporteros y analistas sobre la foto en un evento en La Habana, para promocionar el tabaco cubano, de “celebridades” de la banalidad como Paris Hilton y Noemí Campbell, y el hijo mayor de la socio-aristocracia cubana, Fidel Castro Díaz-Balart. La simulación es el genoma originario en la especie “Castro-revolucionaria” de ese proceso que algún día se hizo llamar “revolución cubana”.
La foto siempre existió.
Desde que Fukuyama proclamó el "fin de la historia" todos los días estoy leyendo a reporteros anunciar el "fin de la guerra fría" en Cuba, o el fin de “alguna historia”. La historia de la llamada “revolución cubana” terminó el mismo día que el padre del señor que se hizo la “selfie” con Trasero Hilton entró sobre el “lomo de hierro” de un tanque de guerra en La Habana, para desvirginizar un país que no necesitaba de su presencia. De aquella revolución, ¡ni cenizas quedan!
No sé si es su falta de estatura intelectual o la necesidad de alguna originalidad para justificar su salario, pero estos periodistas, reporteros y cualquier otra banalidad “ingeniosa” tratan de vender un producto reciclado. ¿Es ignorancia? ¿En un “profesional” de la información”?
Lo cierto es que las fotos de la estupidez banal de Paris Hilton y Noemí Campbell con el hijo del dictador siempre han existido en su padre – el de Castro –. ¿Se olvidan que Castro (padre) vivió 3 meses en el "Habana Hilton" robado al bisabuelo de esta bisnieta de Hilton, y renombrado entonces "Habana ¿Libre?” para cumplir las leyes puristas del genoma “revolucionario”?
¿O que Castro (padre) y el " emblemático" fusilador de la Cabaña, Che "el guadaña", jugaban golf en un sobreviviente campo en aquellos 60?
¿Qué hay de nuevo ahora? ¿Que los hijos hagan lo de los padres con los hijos o nietos de aquellos a los que el tipo les robó sus propiedades?
Sí, ese “detalle” quizás sea nuevo, pero no es de Castro Diaz-Balart, que le falta hasta originalidad para hacerlo, sino de la otra punta de la tontería, de Paris Hilton. De esta señorita se puede esperar todo, hasta dejarse fotografiar por el hijo del ladrón de las propiedades de su abuelo. Tal vez esto sea lo difícil de entender para un alma casta, pero las banalidades ya no son vírgenes ni en el pensamiento, se quedaron desfallecidas en el recorrido que realizaron a través de las páginas de “Las once mil vergas” de Guillaume Apollinaire. Allí es donde viven.
Por lo demás, nada nuevo. “Hijo de gato caza ratón” como reza el dicho popular cubano.
La Castro-aristocracia purista cubana perdió su virginidad desde el inicio, con sus visitas a cotos de pesca. Una actividad bien “banal-capitalista” en una república que, supuestamente, barrió todos los “rezagos burgueses”.
Pero ahí lo tenemos, disfrutando la pesca aristocrática en un país que le negó la posibilidad a los millones de cubanos de paladear la langosta y el camarón, bien cubanos, que no tiene centros de “scuba diving” al alcance de la mano del populacho, mientras los jerarcas de esta casta divina gozan de yates y clubes exclusivos en cayos desde tiempos que ya vienen siendo inmemoriales. Y comen sus langostas y se hartan de helados como Gabriel García Márquez nos “deleitó” en su “suculento” artículo sobre Fidel Castro. ¿Te acuerdas, Gabo, de tu mala pata “ensalzando” la burgués banalidad “revolucionaria”?
Pero así estamos en este planeta de “despistados” fuyukamistas. Haciendo el “fin de la historia”… a conveniencia.
Por lo demás, no hay por qué molestarse demasiado ahora, para muchos cubanos ya no es ni una molestia, ni siquiera un salpullido picoso y desagradable. Hemos vivido salpicados de esta banal secretidad de dobles lecturas, dobles vidas y dobles palabras públicas. Muchos, demasiados, conocen de las banalidades arquitectónicas de generales y doctores, de las suyas, de su familia y de sus queridas concubinas. Por ellas muchos emigran “en balsa” hacia un Norte.
Lo vergonzoso de todo este negocio no son los “vicios burgueses”. Vestir bien, o gustarle. Comer bien, o gustarle. Jugar golf, o gustarle. Pescar, o gustarle la pesca. Acudir a un hotel, rentar una habitación  y gustar de un buen trasero. Ser aficionado al “scuba diving”, o gustarle. Acudir a subastas de tabacos, y gustarle. Clubes náuticos, yates, veleros y autos de lujo, o gustarle.
Nada de eso es un crimen, algo envilecido de por sí. Lo vil es declarar una república libre de esos “vicios” y disfrutar secretamente de ellos, mientras se les prohíbe a los demás y se hace una ideología de la simulación.
Los cubanos vivimos un tiempo de verde-olivo puritano que nos desecó el pensamiento y nos hizo creer en vírgenes que eran proxenetas. De entonces siempre fueron lo que son, pura mierda.
¡Basta de sorpresas y bochornos!
Bajo este sol, hace mucho no hay nada nuevo sobre las vírgenes vestales del socialismo cubano.

Friday, February 27, 2015

Banalidades de Paris Hilton

Albert Einstein pensaba que solo en el mundo existían dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. De la primera, según él mismo, no estaba muy seguro. De la segunda, si nos atenemos al caso de la señorita Hilton, podemos asegurarle que es infinita.
Paris Hilton está en La Habana, y en Instagram ha estado lloviznando su alado flotar por las partes turísticas de esa ciudad. Por supuesto, no por ninguna otra. Le sigue ese desperdicio de “haute couture”  de carteras, vestidos vaporosos y las imperdibles gafas oscuras para no mirar a los lados oscuros de la ciudad, si no a los luminosos.
Sonríe enardecida y lanza su suspiro melancólico, “Cuba, Baby”, con los brazos queriendo levantar vuelo, quizás para cualquier otro lugar, pero mirando una bahía que si se acerca a sus grasientas orillas levantaría respingada sus narices, para perderse precipitadamente en algún coche de caballos y recorrer el contorno romántico de esta Habana que es postal turística, ensoñación viajera de millonarios, y mucha fantasía.
Calles adentro un pueblo hierve, camina presuroso para buscar lo cotidiano – bien difícil – desconociendo el romance de la señorita Hilton, y algunos hasta ignorando quién cojones es esta alada criatura de postal.
Bueno, ella no es ni mucho ni poco.
Heredera del que era dueño del “Habana Hilton”, que fue en su tiempo el hotel y edificio más alto de América Latina, y que un año después de haber sido inaugurado por su propietario, el bisabuelo de esta célebre señorita, le fue robado por el mismo que sigue gobernando en Cuba.
¡Perdón!, por el segundo del que se lo robó.
La banalidad es un ave ciega, ligera de cascos, prostituida en la calle, en los rincones oscuros de cualquier latitud, y también en la espiritualidad sosa del que carece de talento pero le sobra el billete. Y viaja.
A Dubai. Ah, ¡las arenas!, el flamante hotel que parece perderse en el cielo, mientras miles ni saben que existe, y dos o tres hediondos poderosos envuelven con trapos sus cabezas y siguen poseyendo en sus manos el país, las arcas de petróleo, las miles de voluntades, y los millones de beduinos silenciosos de aquel desierto.
A Beijing. Ah, ¡la muralla china!, que ni sabe para qué se construyó pero allí publica su foto en Instagram, mientras Ai Weiwei reclama democracia y derechos humanos para ese gigantesco país.
“¿Y quien es gueiguei?”, pregunta con el imperdible perrito faldero en las manos.
A La Habana. Y aquí la vemos tratando de saltar desde el frente del litoral habanero del puerto. ¡Cuántos cubanos no querrían aferrarse a sus alas para escapar!
Pero seamos benévolos. Lo de la señorita Hilton en La Habana no es un caso de incorrección política, sino de falta de dignidad, especialmente para la persona de su abuelo, a quien le fue robado su propiedad. Pero, ¿qué se le puede pedir a una banalidad?
¿Qué no lance la señal de que se pueden robar las propiedades y sus herederos perdonarán el robo?
Paris Hilton no hizo el dinero con su talento, lo heredó. Y no se hereda talento, como se sabe, casi siempre se malgasta o se destroza el dinero cuando se carece de lo primero. Es su caso.
Así, no le importa esa señal. Quizás el emporio de su apellido ya tiene asegurada presencia en otros lugares donde conoce no le robarán ningún otro hotel. O tendrá demasiados que no le interese que se le devuelva el suyo en La Habana, ahora en manos de la firma Meliá. Pero siempre me queda esa pregunta que me intriga, ¿qué diría su abuelo?
La desmemoria, la mala memoria, o sencillamente la banalidad caprichosa de esta personita, que se hizo famosa por la local geografía de su entrepiernas, nos hace recordar de la bochornosa existencia de esa juventud que no piensa, no arrastra ninguna conciencia social, vive ajena a este mundo nuestro, sus sufrimientos, los ritmos locales por donde traspasa su sombra desplegando sus alas, malgastando tiempo y dinero, levantando los brazos en un gesto de mariposa alienista, volando de flor en flor, sin posarse en la superficie dolorosa de este planeta.

Wednesday, February 25, 2015

Un retrato hablado

No me gusta valorar las personas sin conocerlas, y tampoco me gusta agregarme automáticamente al coro de los que encuentran conspiraciones por doquier. Es de comprender, siendo el régimen de Cuba un usual tenedor de conspiraciones nos ha llenado el alma, la memoria, los sentimientos y los pensamientos más íntimos de esas conspiraciones hechas políticas de estado.
Cuando se vive mucho tiempo en un país cuyo régimen gobierna por conspiración, se termina pensando que todo, y todos, conspiran.
Digo todo esto como premisa a la entrevista realizada a Alejandro Yánez y publicada ayer en Cubaencuentro, que pienso es muy útil todos conozcan.
Alejandro Yanes es la persona a la que se atribuye la publicación del video del bochornoso acto de repudio a Alejandrina García de la Riva, por parte de un grupo de “Damas de Blanco” comandada por Berta Soler. De la entrevista a Alejandro se conoce que el susodicho video fue filmado, nada más y nada menos y según Alejandro, por el esposo de Berta Soler, con el objetivo de desprestigiar a Alejandrina.
Por supuesto, aquí es palabra contra palabra. Sin embargo, teniendo en cuenta la reacción de la señora Soler con respecto a la divulgación en las redes sociales, la forma en que ha querido restarle importancia y su insistencia en no aclarar con la transparencia necesaria los hechos me hace pensar que hay mucho de verdad en las declaraciones de Alejandro, aun cuando puede sospecharse malentendidos, dobles intenciones y la conocida conspiración secular de la Gestapo cubana.
Lo peor de todo esto es, como ya lo dije con anterioridad por Twitter, que la dirigente en funciones de las “Damas de Blanco” no acaba de entender que lo sucedido en aquel acto de repudio – que sí lo fue, aunque algunos cubanos y medios no quieran reconocerlo – no solo fue vergonzoso, sino realmente grave.
Las "Damas de Blanco" tienen que refundarse, reorientar sus objetivos como organización, encontrarse a sí mismas. Hoy por hoy no tienen ninguna plataforma social y política, y esto debe concientizarlo su líder pero, al parecer, sigue sin entenderlo. El que el video se haya difundido y que, muy posible, haya sido publicado por un agente del G2, no oculta la raíz del suceso – en esto la entrevista a Alejandro abre brechas al discurso de Berta Soler –.
No se puede erigir una organización sobre los mismos estamentos contra los que se lucha. Transparencia, base amplia y democracia colectiva tienen que ser los objetivos de esa organización. Nada de esto lo ha entendido su líder, por lo que se ve. Es una verdadera pena comprobarlo.
Agrego a continuación un extracto donde Alejandro Yánez aclara las circunstancias en que ocurrieron los hechos:

¿Por qué titular estos videos con tus opiniones especificas sobre determinados líderes? Particularmente, ¿Por qué afirmas que a Berta Soler “la traiciona el subconsciente”?

Alejandro Yanes: Mis relaciones con Laura Pollán siempre fueron excelentes. A la muerte de Pollán, Berta Soler se nombra Representante de las Damas de Blanco. Personalmente mis relaciones con Soler nunca fueron buenas. Tiene la característica de tratar mal a todo aquel que no se someta a sus caprichos. Mantiene un control férreo sobre todo lo que se filma en el parque y evita su publicidad, a tal punto que la persona que está facultada por ella para divulgar los videos de las actividades es su esposo, Ángel Moya Acosta.
En los últimos meses ocurrieron una serie de hechos en el seno del colectivo que se pueden adjetivar como detestables y quedaron filmados por mí. A raíz de un incidente en el que Ángel Moya ofendía a una mujer por haberle pedido elecciones a Berta y a mí por filmar la escena, comienza toda una campaña de descredito por parte de Berta Soler y su esposo. Ángel Moya orquesta un mitin de repudio el 1ro de enero de 2015 contra mí en el Parque Central y Soler repite la escena el domingo 4 de enero de este año con otro mitin en el parque Gandhi, donde fui expulsado y amenazado de muerte por el esposo de Berta y otros hombres, en caso de publicar alguno de los videos.
El 6 de enero publiqué una denuncia de los hechos y a partir de entonces he seguido dando a conocer una serie de videos que hacen patente todo el mal proceder de Berta Soler en este tiempo y de cómo se está empañando la imagen de Laura Pollán.
Es curioso cómo se decide qué es noticia. El mismo día 6 muestro como se incita y practica la violencia dentro del grupo y esto no trascendió a los medios.
El video tan publicitado del mitin de repudio a Alejandrina García fue publicado el 26 de enero y trascendió porque la víctima es una Dama de Blanco fundadora y ocurrió donde mismo las turbas del gobierno habían repudiado a las mujeres del colectivo.
Berta Soler y Ángel Moya se han dedicado a propagar una gran falsedad sobre el origen del video de marras, atribuyendo su filmación y obtención a la Seguridad del Estado. Te puedo decir que este video fue filmado con una cámara de Moya Acosta y que él se dedicó a su distribución dentro de la oposición con la intención de desacreditar a Alejandrina García, pues en su mentalidad se regodeaba en mostrar a esta valiente mujer sufriendo todos estos improperios, sin detenerse a pensar que esto lejos de mostrar a Alejandrina como una traidora, la muestra como víctima de un indignante mitin de repudio.

Tuesday, February 24, 2015

Ferguson y Táchira

Dos lugares lejanos geográficamente, y también en su contexto social. Acaban de asesinar, con total impunidad y sancionado por la presidencia de Venezuela, a un niño de 14 años, Kluiberth Roa, que intentaba ayudar a un joven herido, luego de una jornada de protesta en esa zona turbulenta de Venezuela.
Bueno, toda Venezuela hace ya un año que vive en una constante turbulencia social.
Como consecuencia del asesinato un policía está supuestamente detenido, se trata de Javier Mora Ortiz. No se puede entender el uso de la fuerza desmedida contra adolescentes. En realidad, nunca se puede comprender el uso excesivo de la fuerza contra un ser humano, sea quien sea. Pero no se entiende la violencia policial en Venezuela si no se interpreta como el sucedáneo de la violencia política que el chavismo ha generado en todos los estamentos sociales y políticos.
¿No se agredió a legisladores venezolanos en el mismo órgano parlamentario de Venezuela, ante los ojos de todos?
¿No se agredió salvajemente, y con la venia de su presidente, en el parlamento, a Maria Corina y otros miembros de la oposición, solo por emitir su opinión?
Lo que sucede en las calles es el reflejo de lo que ocurre en los órganos legislativos y políticos del país. La violencia genera violencia. Las salvajadas contra la bancada opositora en Venezuela desde los estamentos, supuestamente “democráticos”, deja las manos inmunes a las salvajadas de represores, fuerzas paramilitares del chavismo y agentes del (des)orden público.
La policía política chavista, el SEBIN, reflejo de lo que en Cuba es el G2 con más recursos financieros y también más desvergüenza, actúa como la mano oficial del gobierno para destruir la oposición: encarcelando alcaldes opositores, asaltando oficinas de legisladores parlamentarios sin orden judicial, sin ningún documento en mano y sin dejar que el “acusado” pueda emitir la menor de las protestas o preguntas, un derecho sancionado en todo el mundo... menos en estos lugares, se sobreentiende.
Es el más fiel reflejo del neo-fascismo chavista, o quizás, para situarlo en la bancada que le corresponde, el más fiel reflejo del neo-comunismo stalinista.
La muerte de Kluiberth Roa es la primera después que el presidente de la república de Venezuela diera bandera libre al asesinato legal, en manos de la policía, o de cualquier grupo represor, de los ciudadanos que intenten ejercer su derecho a la protesta.
¿Y hablan de la CIA, Guantánamo e Irak? ¡Mírense el rostro en su propio espejo!
No se puede alegar aquí que ese niño ejercía ninguna violencia, solo ayudaba a un herido e intentó esconderse detrás de un auto para guarecerse cuando llegó la policía. Pero la impunidad en nombre de la máxima representación legal del país le dio los ¿cojones? que le faltaban a este miserable, que dice defender las leyes del orden… violando la vida humana de un niño.
Pero no es Javier Mora Ortiz el único asesino aquí. Lo es también el señor Maduro, y la ministra de "relaciones interiores", y el jefe de las fuerzas represivas en el Táchira, y todos y cada uno de los venezolanos que se olvidan que la vida no puede ser segada por un partido político, una ideología, la negación del elemental derecho a vivir y ejercer la opinión soberana. No se puede justificar un asesinato con memorias, hechos de la historia, similitudes y comparaciones.
Cada crimen es un crimen, sin apellidos y apelaciones.
¿Y en Ferguson?, me lo pregunto.
En Ferguson mataron a un hombre negro, que había asaltado una tienda al menudeo minutos antes. Intentó amedrentar a un policía, no se detuvo ante sus palabras  lo que lo generó que ese policia ejerciera su violencia en contra de ese joven negro. Usó ese agente del orden una fuerza extrema, hay que decirlo, aunque se alegue que el joven se resistió o realizó algún movimiento violento en su contra. No fue un disparo, fueron muchos.
Así se destapó la ola de protestas en los Estados Unidos que se extendió a Nueva York y otras regiones, y que toda la prensa del mundo reflejó, incluida la venezolana, la chavista y la castrista, en la isla que sirve de motor impulsor del chavismo-madurismo, esta putrefacta relación narcolépsica “socialista”. Se hizo las “pascuas” con los hechos de Ferguson, en los Estados Unidos. La propaganda de Telesur y la prensa castrista no dejaron de relamerse sus oportunos relamidos dientes con los sucesos.
¿Sucederá así hoy con lo del Táchira?
Por supuesto, Ferguson y Táchira reflejan dos realidades completamente diferentes, y también dos conflictos totalmente distintos. Y la actuación de las autoridades también difiere. Hay una diferencia enorme entre una protesta cívica contra un gobierno que ha instalado un poder injusto en Venezuela, con las protestas por una acción desmedida en una zona socialmente pobre en los Estados Unidos, donde la población es mayoritariamente negra y hay una incidencia alta de problemas sociales y delictivos.
Pero en los Estados Unidos no se promueve la violencia y el asesinato desde las bancadas legislativas, como lo ha hecho el presidente y el parlamento de Venezuela. En el Congreso americano el presidente de esa cámara no se rie con desvergüenza de la golpiza a algunos de sus oponentes, ni aplaude, ni llama con epítetos bochornosos en un legislador a una mujer agredida, delante de hombres y mujeres.
¿Hombres?
Y es natural que no ocurra ni intenten hacerlo. Una acción de ese tipo desestabiliza un país y genera esa ola de violencia que crece como bola de nieve sin parar en el sur, en el seno del chavismo.
Y es lo que ocurre en Venezuela, y que se refleja en sus calles, en las cárceles, en los estamentos oficiales, la policía, los cuerpos represivos que constantemente disparan, gasean y golpean sobre bases diarias a los que protestan. Cierran periódicos críticos, acusan de salvajadas irrisorias a caricaturistas, agreden a periodistas, inventan los treplemil “golpes de estado”… que no existen.
El poder judicial, el legislativo y la presidencia viven en una nube de acusaciones sin pruebas que poder enseñar a cambio. ¿Qué cosa es eso?
Violencia. Impunidad. Coerción. Y amenaza legal bajo un supuesto estado de “derecho”… que ya hace tiempo dejó de existir.
Acudo a Ferguson en estos momentos no porque sea un hecho de violencia policial que coincide con lo ocurrido en el Táchira, si no porque aquel suceso generó la mediática noticia que la prensa chavista y castrista usó para incriminar la injusticia en el “imperio”. No se cansaron de repetirlo, no se cansaron de mostrarlo en diarios, televisoras y agencias de noticias. ¿Ocurrirá lo mismo con la muerte de Kluiberth Roa?
Lo dudo.
La reacción veloz de la ministra de "relaciones interiores" con respecto al policía que, supuestamente, ejecutó la orden presidencial es la señal clara de que la conciencia les pesa y de que el nerviosismo cunde en las esferas del poder chavista. Y la razón es evidente: fueron ellos los primeros que dieron el “click” al arma de Mora Ortiz, son ellos los responsables de que estas muertes, las violaciones de la legalidad, el chavismo motorizado y las bandas de delincuentes oficiales impongan el terror ordenado en Venezuela.
Yo no puedo valorar cuánto de inhumanidad, o cuánto de ignorancia, existe en estos que, disfrazados con escudos, bastones para golpear, con armas largas, balas de plástico o de metal, motorizados o a pie, ejercen la represión. Me repugna la violencia y los que viven de ella.
No creo en la integridad espiritual de los que hacen de esa profesión un modo de vivir, o sobrevivir, sostener una familia y cruzar este mundo hasta su final. Mueren con la conciencia oscura de los indignos. Ese niño de catorce años no tenía ninguna arma en la mano, no representaba ninguna amenaza evidente al que cortó su vida, no ejerció ninguna resistencia contra esa fuerza policial que abandonó el lugar huyendo, como lo hacen los delincuentes, los forajidos, la delincuencia ilegal que ampara el gobierno chavista. Habrá hasta algunos cínicos que digan que "estuvo en el lugar equivocado, en el momento equivocado". Pero de esos ya se sabe que solo se habla cuando se escupe en la historia y en la sociedad humana.
¿Es esa la forma “socialista” de actuar de los órganos del orden venezolanos? ¿Es así como se sostiene una “democracia” o como se “construye” el socialismo y se defiende el “poder” del pueblo?
¿Es matar, bajo cualquier circunstancia, una opción de derecho?
No lo es.
La ministra de "relaciones interiores" podrá ahora acudir a cuanto sofisma y engaño para palabrear mentiras, y actúa veloz no por justicia, ni tampoco por ser la representante del mantenimiento de la paz y la tranquilidad ciudadana. Lo hace porque sabe, conoce muy bien en su tuétano de desvergüenza,  que lo sucedido es la consecuencia de la ilegalidad de la orden presidencial de disparar a los civiles.
En Venezuela hoy no se hace justicia, se impone una ley marcial de manera silenciosa. Lo demuestran el accionar de los órganos judiciales, el encierro de Leopoldo López, el secuestro del alcalde Ledezma, el desaforamiento ilegal de María Corina Machado, y tantas otras acciones que demuestran que la constitucionalidad venezolana dejó de existir, o no existió desde hace tiempo.
¿Hablarán del crimen del Táchira en Cuba? ¿O lo culparán al “intervencionismo norteamericano”?
El policía que mató a este niño servirá, tal vez, de pelele para limpiar otras tropelías que han sucedido y sucederán. Es también una víctima después de haber sido victimario. Es el más vivo ejemplo de que en una dictadura todos sus ciudadanos son víctimas de ese poder absoluto, y que se transcurre con demasiada facilidad de ser victimario a convertirse en el próximo reo en la picota para perder la cabeza por el poder que administran, codiciosamente, los otros.
Táchira no será Ferguson esta vez. Castro callará, Maduro apuntará con el dedo a alguien y la prensa y los gobernantes del populismo de la región le tenderán la mano al chavismo con su silencio, el mismo que ya sentenciaron a Ledezma.

Sunday, February 22, 2015

Eufemismos castristas

La inteligencia no es amiga de quien se la acredita, sobre todo cuando se vale del poder, o de ensalzar el poder, como vía de éxito personal seguro, subiendo, oportunamente, por los peldaños de las teorías perfectas para el autoengaño. Una lección que, sabiamente para su propio culto, el investigador Antonio Aja acaba de demostrar con su teoría del comodín sobre la emigración cubana a los Estados Unidos.
Según Aja – un apellido muy conveniente para un muy conveniente “investigador” académico de movimientos humanos –, la emigración cubana hacia los Estados Unidos comenzó su tendencia negativa en 1930, con la dictadura de Machado.
Y se mantiene hasta ahora. Es decir, sin que él mismo pueda explicarse el desliz, comienza en una dictadura, sigue por otra dictadura (Batista) y transcurre por otra dictadura, la castrista. Por supuesto, estas teorías académicas siempre fluyen por las venas oportunas de la conveniencia. Son eufemismos, los cubanos los conocemos muy bien.
El discurso oficial del castrismo nos ha empantanado el lenguaje, la vocalidad oficial, periódicos y literatura especializada con estos convenientes retruécanos, muy útiles en épocas difíciles para la sobrevivencia política. Hoy transcurre una de ellas, y el lenguaje oficial necesita una teorización para reacomodar los cambios. El enemigo por excelencia cambia de frente, se necesita cambiar de lenguaje para ajustarlo. Y entonces no es casual así, por ejemplo, que Aja recurra a Machado y se olvide del periodo en que nuestro país era una colonia de España y ya los cubanos se asentaban masivamente en Tampa.
Allí acudió Martí para pedir ayuda para su proyecto de independencia. Y los emigrados se la dieron, humildemente, sin tener que acudir a Congresos y a Senados, sin tener que “perretear” a políticos americanos, partidos republicanos y diplomacias de conveniencias. ¿Se le olvida esto a Aja? ¿O es más conveniente tapar una dictadura con otra?
No hay, sin embargo, explicación de por qué entonces los cubanos no huían entonces cruzando las cercas que dividían la Base de Guantánamo para acogerse a la protección americana. En cambio, trabajaban allí y cruzaban diariamente, y tranquilamente, esas mismas cercas para vivir en Cuba y trabajar en territorio falsamente americano.
¿Se le olvida eso, convenientemente al “académico”?
¡Ajá!
No se explica por qué desde entonces no escapaban a tropel en balsas, se refugiaban por miles asaltando embajadas en La Habana, incluso después de recorrer el río humano que gritaba, frente a esos mismos muros “Que se vayan”. Ni que se arracimaran en embajadas occidentales soñando con una visa o un permiso de residencia.
¿Mala memoria, Ajá?
Tampoco explica cómo muchos cubanos vivian en Miami y trabajaban en Cuba. Yo tuve, casualmente, un jefe de departamento en Cuba que trabajó en la Compañía de Teléfonos en La Habana y vivía en Miami, en la época de la "república mediatizada" – otro eufemismo para desacreditar lo de república –, y cada día cruzaba el estrecho en 45 minutos de vuelo para ocupar su flamante puesto en La Habana – su pasaje se lo sufragaba la propia compañía. O los cubanos que normalmente, sin riesgos para su vida, viajaban el mundo pero mantenían su unidad espiritual y física con su país. Artistas, intelectuales, algunos hasta con vocación “socialista y comunista” y que no rompían su pertenencia a Cuba. No se consideraban emigrantes, ni lo eran. ¿Tengo que mencionarle nombres, Ajá?
En Cuba no había ocurrido aquella avalancha nocturna de hombres cargando sobre sus cabezas balsas, restrojos de embarcaciones de zozobra, seguidos por un convite de locales que aplaudían, los acompañaban al Malecón como si lo que transcurriese esa noche ventosa fuera un carnaval y no una huida, una escapada. No aventuro aquí una anécdota, lo viví en una esquina de La Habana Vieja una noche de Agosto de 1994.
Pero, sobre todo, no se explica cómo Cuba entonces, años 30-40-50, era un país de emigrantes. No se explica cómo cantoneses crearon el segundo más grande barrio chino del hemisferio occidental en la capital cubana. ¿Dónde está esa emigración hoy, Ajá?
Yo soy hijo de emigrados españoles. Pero para el señor académico la avalancha de gallegos, canarios y vizcaínos no existió, como no existe hoy mismo esos cubanos que las autoridades emigratorias mexicanas han atrapado en las manos de traficantes de humanos en sus fronteras. ¿Qué españoles emigran a Cuba a vivir y a crear su familia?
Bueno, descarados como Willy Toledo, que no vive en Cuba, además, sino que aprovecha el proxenetismo del régimen castrista para hacer su zafra ideológica mientras embolsa su fortuna en España. La conveniencia siempre tiene sus prostitutas ideológicas. Son, en resumen, alienados de la sociedad española, o negociantes sin escrúpulos que hacen su hora de dinero con mano de obra esclava en la isla.
Ningún pobre sale hoy de España para vivir en Cuba, como en las décadas anteriores al castrismo lo hicieron, precisamente en esos mismos años 30, huyendo de Franco, señor Aja, el mismo Franco que trató con guante de seda al castrismo y a Castro. Muchos de ellos se hicieron de un futuro de promesas en nuestro país, alcanzaron una vida digna para terminar, ironía de la vida, atrapados por otra dictadura amiga de la de España.
Tampoco explica el académico la hemorragia de cubanos – más de un millón – que se arracimaron en la embajada de España reclamando su pasaporte, en virtud de ser nietos de emigrantes españoles que fueron a hacer su vida en la isla para ser olvidados, convenientemente, por académicos de terminología y teorías eufemísticas como las del señor Aja.
Pero se comprende, hay que comprender a Aja y a la Academia de Cuba, y a su oficialidad, a las trompetas triunfalistas de sus pobres diarios y publicaciones. No tienen opción, tienen que mentir o que buscar algo a que asirse para poder subsistir en un mundo donde el eufemismo es su cotidianidad.
Hay que entender este meandro caliginoso en que se ha convertido ese país y sus gentes, que ha llevado al hombre común a sembrar en su conciencia ese mismo eufemismo, que le hace hablar el lenguaje sembrado de violencia, superstición ideológica y prejuicios oportunistas que el sistema ha sembrado en décadas de reconversión subliminal.
Se reconvierte la prostitución en jineterismo y se le rinde culto. Se reconvierte el escape, el exilio, en “emigración económica” y se le dedican justificaciones antropológicas en épocas convenientes de la historia cubana. El lenguaje de la diplomacia, los discursos públicos y la política de gobierno se han apropiado de esos retruécanos, los han redefinidos y devueltos a sus orígenes para que hoy, asentados a cientos de millas de su país, los mismos cubanos los reclamen como suyos, hablen en los mismos términos y se convenzan, y auto justifiquen, de su propia ignominia como reconvertidos.
Hay que acabar de comprender que la eufemística castrista no fue inventada por el señor Aja. No es ese señor el culpable, si no una víctima oportuna de su propia conveniencia. El conoce muy bien que la historia que le cuenta a la oficialidad no es suya, no la escribió él, no la “descubrió” ni la investigó. No tuvo ni que acudir al susurro ni a la sugerencia. No necesitó el ovillo de hilo que Ariadna le dio a Teseo para escapar del Minotauro, como cuenta Ovidio. No necesitó el eufemismo de los clásicos teniendo la insinuación constante, casi de sexualidad freudiana, que ha sembrado el régimen en cada institución y en cada estamento social de ese país en este momento.
Los académicos no escriben sus libros, los reproducen.
Y eso, por supuesto, lo conoce Aja. Es consciente que es un hilo artificial, el conveniente préstamo para el éxito en una sociedad corrupta, desde su médula. Y decidió recorrer su camino, el trillo conveniente para hacerse de un nombre, una publicación y una sobrevivencia. Es lo cotidiano lo que hace de su empréstito ideológico algo nauseabundo. Transcurre día a día en la elite artística, y en el país real.
Esa es la verdadera desgracia de la Cuba actual.
Autocensura por un viaje, o un pasaje de avión a algún evento, o el necesario apartamento para familia, amantes e hijos, un medrado transporte privado, la anhelada publicación de algún libro – pobre justificación de ruindades –, un mojito en los jardines de la asociación oficial de escritores, una mención en el diario oficial, una aparición en la prensa y la radio, y el conveniente y laudatorio uso de la teoría del eufemismo que siempre, casi siempre, es la conveniente tabla de salvación de un régimen que no pretende ya ni engañar, pero que le gusta dormir con sus propias redefiniciones y retruécanos académicos, mentiras y medias verdades como la almohada cómoda para el lecho frio de un muerto.
No hay que pedirle a Aja mucho más de lo que es. Académico de re-uso, teórico de la conveniencia, pronombre para ocultar otro engaño.

Wednesday, February 18, 2015

Las calles, ni de Fidel ni de Berta

“¡Abajo los traidores!”, “¡Que se vaya!”, “¡No queremos escucharla!”, corea enardecido un grupo de unas activistas del más conocido grupo opositor contra el castrismo “Damas de Blanco”. En el mismo lugar donde tantas veces se han gritados esas ¿consignas? ahora se repiten. No son los grupos de “respuesta rápida” de la policía política cubana, no es el “pueblo enardecido” sin las polainas verde olivo, no son los pioneros arrastrados a una de las tantas bochornosas jornadas de fusilamiento mediático a la disidencia.
No hay tarima ni músicos, ni cordón policial ni vecinos “curiosos”. No está “Fela” la de “Vigilancia”, tampoco los viejos militantes de la cuadra, ni el represor con su equipo de comunicación que ya ni se avergüenza de disimular. Tampoco el seguroso con la cámara fotográfica, ni el “periodista” de “Granma” que nunca publicará la nota. Ni policías, ni guardias, ni militantes juveniles, ni la comparsa divina de la Gestapo tropical.
¡No son ellos!
Son solo mujeres vestidas de blanco. Es la disidencia misma, ¿o es otra?
Los improperios van dirigidos a Alejandrina García de la Riva, quien permanece en una esquina de la sala de la vivienda tratando infructuosamente de hacerse escuchar, pero no la dejan hablar, el coro repite lo mismo que 30 años atrás algunos gritaron frente a la embajada de Perú: “Que se vaya”.
Solos unas pocas de las mujeres tratan de que Alejandrina sea escuchada, que su voz sea permitida en esta hoguera inasible de rencor, intransigencia y brutalidad. Una de ellas es la hija de Laura Pollan, la fundadora del movimiento.
Pero nadie escucha, los gritos se repiten como en aquellas jornadas que ese mismo movimiento vivió tantas veces con Laura, en esa misma calle, frente a esa misma casa.
Trato de encontrar una justificación a este bochornoso acto. Trato de encontrar una respuesta al intelecto que cuestiona estos gritos y estas frases trilladas de repertorio castrista.
Pero no es posible, no puede serlo. Un movimiento que reclama democracia debe vivir en el espíritu de la democracia, aun cuando alguien aparezca como “traidor” o como agente del enemigo, o con alguna diferencia con la línea general del movimiento.
Los cubanos hemos vivido en una sociedad donde la intolerancia se hizo cotidiana, permeó cada uno de los estamentos sociales del país. Se nos hizo tan cotidiano que a veces ya ni nos importa la aparición cotidiana de esas señales imperceptibles de que ocurrirá otra vez, alguna otra vez. Vivimos en cualquier latitud y aun nos persigue ese microbio oculto de la intolerancia, se nos ha metido en la piel, lo arrastramos si percibir apenas que aún subsiste.
La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado”, dijo Gustave Le Bon. Sicólogo francés, físico aficionado y sociólogo. Le Bon fue uno de los grandes difusores de las teorías del inconsciente en un momento crítico para la formación de nuevas teorías sobre la acción social. Autor de numerosos trabajos sobre los rasgos nacionales, la superioridad racial, el comportamiento y la sicología de las masas.
Tantas veces se ha acudido a Le Bon para explicar el fascismo y el nazismo. Tantas veces se acude a él, y se acudió, para comprender qué ocurrió cuando Hitler con Alemania y los alemanes, qué ocurrió con Italia y los italianos en los días de Mussolini.
“Por el simple hecho de ser parte de la multitud, los individuos pierden todo sentido de sí mismos y todo sentido de la responsabilidad. Sin embargo, y al mismo tiempo, adquieren un sentimiento de poder invencible debido a sus cantidad”, decía Le Bon.
Aquellos movimientos políticos, aquellas sociedades totalitarias de los 40 parecen darle la razón. Solo parecen, es difícil asegurarlo categóricamente.
Por su parte, Stanley Milgram aportó la imagen de que la psicología social en el siglo XIX revela una importante lección: a menudo no es tanto el tipo de persona, es decir no es tan decisiva la personalidad del sujeto como el tipo de situación en la que se encuentra a sí mismo, lo que determina cómo va actuar.
Milgram creía que la obediencia ciega en la autoridad, la impulsividad o el social aislamiento eran factores claves y decisivos. Me pregunto cuál de estos factores pudo “funcionar” en el “acto de repudio” contra Alejandrina, ¿el social aislamiento?
La sicología de las masas fue particularmente “estudiada” por la escuela ortodoxa del sicoanálisis, y especialmente por la figura cumbre de ese movimiento, Sigmund Freud. En esa línea de defensa  un  polémico escritor, Wilhelm Reich, sociólogo, psicoanalista y comunista austriaco vio la llegada de Hitler al poder en Alemania en 1933.
Y en ese año escribió su obra “La psicología de masas del fascismo” para tratar de dar una respuesta a la pregunta que en ese momento se hacía toda la izquierda europea: ¿cómo es posible que millones de trabajadores alemanes, el movimiento obrero más grande y mejor organizado de Europa, no impidieran e incluso apoyaran al fascismo a pesar de tratarse de una ideología reaccionaria que trabajaba en contra de sus intereses como clase social?
Les dejo la lectura del “ladrillo intelectual” del señor Reich como tarea para la casa. Lo he leído y me hizo abordar con premura la obra de Catherine Meyer “El libro negro del sicoanálisis”, se los recomiendo a todos como vacuna contra los sofismas de Freud y de la escuela sicoanalista.
Lo que quiero decir con todo esto es que he tratado de comprender con calma qué ocurrió ese día en la sede del movimiento de “Damas de Blanco” con el acto de repudio miserable. ¿Qué funcionó mal? O para decirlo como debe ser, ¿qué funciona mal?
Desde hace algún tiempo creo que el movimiento de las “Damas de Blanco” sufre un colapso. Lo sufre por dos motivos. El primero de todos es el objetivo de esa agrupación, su razón de ser.
Surgieron a raíz de la “Primavera Negra” para luchar por la libertad de sus familiares. Era el tiempo en que los familiares debían organizarse para defender a sus seres queridos en prisión. Las “Damas” surgieron en el acontecer de esos sucesos y solo con aquel estrecho objetivo: luchar por la libertad de hermanos, esposos y seres queridos.
Terminada aquella etapa, el movimiento no supo enrumbar su destino. Y lo peor, perdió su verdadero líder, Laura Pollan.
Las “Damas” debieron redefinir su lucha, abrirse a la población, incorporar nuevos miembros, re-enfocarse – es mi opinión – a la mujer cubana. Servirle como movimiento auténtico a los reclamos sociales y políticos de las cubanas. Dejar de ser un “club selecto” y ampliar su base. Y, sobre todo, crear un movimiento de nuevo tipo, democrático, transparente, colectivo, donde la voz de todos se oyera, con respeto.
En vez de hacer eso lo que hicieron fue enquistarse.
Se puede comprender que en una sociedad como la cubana, y en un movimiento opositor, la seguridad del estado intentaría introducir sus agentes de influencia. La oportunidad de hacerlo en una asociación abierta, en permanente crecimiento, sería mucho más fácil. Se entiende, y es cierto.
Pero la realidad es que todos estos movimientos opositores siempre han tenido agentes de influencia en sus miembros, y la oposición cubana tiene que acabar de comprender que tiene que convivir con eso y continuar. Tienen que crecer, acercarse al país, dejar de estar mirando al extranjero, a Congresos y Senados foráneos, a legisladores en bancas norteamericanas, a prensa extranjera y acercarse a los que son su objetivo común: el pueblo de Cuba.
La seguridad del estado siempre intentara entorpecer sus acciones, introducirá sus gérmenes corruptos, tratara de diluir la organización, crear el caos. Ocurrió cuando Laura Pollan vivía, con el caso Serpa, hoy mismo ocurre con Soler al frente.
¿Quiénes son los “enemigos”? ¿El pueblo que se incorpore o el propio movimiento que no quiere abrir sus puertas por temor a los agentes de influencia?
Son los dos.
Al cerrarse el grupo pierde representatividad, y pierde influencia, que es lo más peligroso y lo que debería ser el objetivo de un movimiento como el de las “Damas de Blanco”.
Todas las agrupaciones opositoras padecen del mismo mal: vida micro-social opositora en un país que necesita ser cambiado desde la base. Y en ese estadio acuden presurosos a exigir a un gobierno extranjero que no establezca relaciones con la dictadura, ¿con qué derecho se lo han ganado? ¿Cómo pueden pensar que un gobierno foráneo los va a tener en cuenta si no tienen peso político dentro de la vida social del país?
Son estas preguntas las que debieron conducir a las “Damas de Blanco” a crear un movimiento mayor y a comenzar a influir en Cuba, dentro de Cuba. Tuvieron el privilegio de ser las primeras en tomar la calle y demostrar que se podía salir, pacíficamente, y exigir sus derechos. Y tuvieron entonces la oportunidad de abrir esas puertas y hacerse más presente. A medida de que crescan, además, serán más difíciles de reprimir y detener, se volverán un factor de cambio a tener en cuenta, precisamente, por esos gobiernos extranjeros a los que le cuestionan sus cambios de política.
El otro motivo del colapso es el liderazgo.
Para gran desgracia de las “Damas” se perdió la presencia física de una mujer como Laura Pollan, pedagoga, personalidad que impuso un estilo, una coherencia y una estatura intelectual que hoy Berta Soler ha demostrado no poseer.
Algunos cubanos piensan que lo ocurrido con el video sobre el bochornoso “acto de repudio” es una conspiración silenciosa de la seguridad cubana. Condenan al “mensajero” olvidándose de condenar, o haciéndolo con tibieza, la acción bochornosa de Soler y las “Damas de Repudio”.
Pienso que la existencia del video y su publicidad es saludable y beneficiosa para el grupo, para que el grupo acabe de enrumbarse en la línea correcta, para que aparezca una organización totalmente transparente, para que se acabe de estructurar un movimiento verdaderamente democrático, que no responda a un líder sino a una dirección colectiva, y donde acciones como las que se ven en el video no suceden. Las diferencias siempre existirán, lo correcto es enfrentarlas como deben serlo, con tolerancia, y escuchando a cada parte con respeto.
Alejandrina no es el enemigo de las “Damas”, no es un agente de la seguridad como lo fue Serpa, y sus cuestionamientos deben ser oídos por todas y respondidos con serenidad y altura intelectual por Berta, si puede.
Pero nada de esto lo ha tenido esa agrupación, ni aun cuando Laura vivía. Pero entonces la personalidad coherente de Pollan, su tolerancia y su misma forma de ser por su pasado de pedagoga garantizaba una cohesión y una ecuanimidad que ya hoy el movimiento no posee.
Las “Damas de Blanco” han enfrentado en recientes meses dos momentos de crisis, y los dos momentos han sido por la forma en que su dirección, y especialmente Berta Soler, ha enfrentado la subsistencia de ese movimiento.
La primera reacción de Berta sobre el acto contra Alejandrina fue de minimizar y obviar lo ocurrido, ahora condena al “mensajero” como agente de la G2 cubana y sigue menospreciando el alcance de lo sucedido, lo cual demuestra no solo su intolerancia sino también que ha llegado a su límite intelectual como líder de un grupo diverso de mujeres, y también su tozudez al no acabar de comprender el grave peligro por el que transcurre la organización.
Para que las “Damas” subsistan y puedan crecer y continuar con su labor Berta Soler debe abandonar el liderazgo del movimiento. Fue ella la que debía haber intervenido, y no la hija de Pollan, ante el “repudio” de aquellas treinta, por ser la líder, la persona que debía recordarles a todas que ese era un movimiento cívico por la Democracia, y democrático.
En cambio, actuó como pieza de engranaje del repudio.
¿De qué vale hoy acusar al “mensajero” del video? ¿Acaso es miembro de la policía política? ¿Es esto una maniobra para destruir a Berta Soler y a las “Damas”? ¿Algunas de esas treinta son agentes de influencia?
Todo es posible, pero nada de eso es de vital importancia en este momento. Lo importante, tuvo que serlo en aquel momento, era que ese acto nunca debió de existir en un grupo cuyo reclamo ha sido la Democracia – en mayúsculas – en Cuba.
Es vergonzoso ver las imágenes de cacareado video. Ver como un grupo de mujeres de un grupo que lucha por la democracia se comporta con la misma intolerancia y desfachatez de la contra-democracia castrista.
Haya sido una provocación, haya sido una maniobra, o haya sido haya sido – cualesquiera sean las supuestas conspiraciones de cualquier lado – el suceso debió de servirle a su líder para demostrar su estatura, crecerse y detener a tiempo lo ocurrido, y con autoridad, no a base de gritos, si no a base de comprensión, entendimiento y serenidad.
No lo demostró. ¡Fin de la historia!
Convoquen un pleno, elijan una nueva dirección, estructuren el movimiento para que no vuelva a ocurrir el bochorno, re-escriban las bases, los reglamentos, re-dirijan hacia las cubanas la agrupación, incorpórelas, abran la base, conviértanse en la verdadera federación de mujeres por la democracia.
Les regalo el nombre.
Una cosa es clara. La calle no es de Fidel, pero tampoco lo es de Berta. Es de todos.
Nota al Editorial del “Diario de Cuba”
En el día de hoy apareció un patético editorial en el “Diario de Cuba” sobre los últimos “sucesos” de las “Damas de Blanco”. Invita a los medrar con el secretismo, la clandestinidad de una organización que nació pública y que siempre confesó ser transparente, que incluso declaró en voz de sus dirigentes que recibía ayuda financiera del exilio, sin ocultarlo.
Ah, y para que no se me olvide, manda a silenciar a los exiliados, porque ese movimiento solo debe mirarse a sí mismo. Nadie más tiene derecho a opinar ni a decir una palabra.
Para decirlo de una vez y por todas, muy mal estamos si tratamos de desplomar una dictadura que se ha caracterizado por el clandestinaje, el secretismo y la intolerancia con organizaciones que tienen los mismos postulados, usan las mismas herramientas y colindan con las mismas faltas.
Hasta donde sabemos, las “Damas de Blanco” surgieron como una organización pública, sin secretismos y que siempre vocalizó su transparencia. Hoy, al parecer, se quiere que renuncie a ello o, quizás, ya ha renunciado.
Pobre favor se hace a sí misma si, queriendo enmendar viejos entuertos, utilizan los mismos procedimientos corroídos del pasado con que los que hoy están en el poder alimentaron aquellas clandestinas organizaciones contra Batista.
¿Es eso lo que sugiere el “Diario de Cuba”?
Y, si los exiliados no tenemos derecho a opinar sobre lo que ocurre en Cuba, venga de enemigos o de supuestos amigos, ¿para qué entonces se pretende cambiar el régimen?
¡Patético!