Sunday, July 20, 2014

Perfil de un hombre débil, Putin

Este hombre pequeño, fibroso y enteco en cada componente muscular de su cuerpo. Que practica la asiduidad del deporte marcial, no con la ordenanza filosófica y la disciplina elevada, orgánica y natural, del alma oriental, sino con la vigilancia meticulosa del gesto, de la acción y del orden del hombre que se reconoce atado a una masculinidad limitada por sus propias flaquezas, ocultas, no libres.
Este hombre que cultiva la manicura con la asiduidad de la doncella coqueta, de oculta lujuria. Que estrecha firme y fuerte la mano con estudiada tecnicidad. Que mira por debajo de las pestañas y entre ellas, con la mirada de acero, distante, escondida en la caverna de su espíritu, de aquel que intuye la segunda naturaleza de su alma,  demasiado tierna, demasiado amanerada y exquisita, demasiado aristocrática y afeminada para el pantalón, el talle estrecho y el saco ancho y fornido.
Y salta del avión. Y se ciñe el cinturón negro del judoca. Y se lanza por la ondulada montaña de nieve en su esquí, controlando el golpeteo nervioso de sus miedos en la sien sudorosa. Y desnuda el torso, y habla en voz serena, demasiado, con la vigilada lentitud del que cuida sus verbos, escoge ordenadamente sus vocablos, utiliza con sobriedad preposiciones y adjetivos, que no adjetiva mucho, ni alaba dulcemente.
Este hombre que quiere provocar temor, que alardea silenciosamente. Que expone al miedo y al temor a otros, mientras oculta los suyos. Que descubre el ridículo de los demás para no exponerse a su propio ridículo, frente al espejo. Que disimula demasiado bien, y amargamente, su pequeñez donde todo hombre la desprecia. Y que parece caminar seguro sobre un colchón de lana y fieltro, calculando aritméticamente la cantidad de pasos a dar para alcanzar al interlocutor de ocasión, antes de darlos.
Que rechaza lo dulce en la sobremesa, a pesar de su oculta inclinación a los postres y las delicias francesas. Escoge la ropa interior delicada, blanca y cara, y se deleita en esa sensación amanerada ante la seda de sus medias, el algodón egipcio de sus calzoncillos blancos, y el suave escozor de la camiseta ajustada a los apretados pechos. Tentaciones sublimes de un alma meretricia, acostumbrada al usual mercadeo de sensaciones prohibidas y ocultas.
Este hombre que no golpea con el puño el buro de su oficina ordenada, sino que apoya con fuerza brutal sus dos manos blancas y transpira su furor, sus miedos y su odio, y los deja allí, marcados en la deslumbrante superficie casi líquida de la madera. Que desprecia el bolígrafo fuera de su lugar, el tintero con una mancha azul en el borde inferior de su tapa, y el documento esquinado en la mesa del burócrata de ocasión, o de la oficina gubernamental.
Que aprieta los labios entecos y finos, levemente humedecidos, sonrosados por el cultivo del control facial, de la inteligencia moscovita de la vigilancia y el orden. Que nunca levanta la voz demasiado alto, no para no ofender, sino para ocultar soberbia y desdén. Disimulo a la perfección, o perfección del disimulo.
Ese que levanta hombros para intentar colocar unas pulgadas de más a su estatura de alfeñique, e íntimamente, casi con dolor visceral, se adivina, se reprocha no traer al mundo hijos, sino procrear mujeres, almas débiles como la de los homosexuales que desprecia, o dice despreciar, y no tolera y reprime. Que se cuida el traje y se curte la imagen de hombre macho, quizás para ocultar su típica inseguridad frente a la diferencia, a lo diferente, a lo distinto, a lo que desestabiliza su control, desfigura el orden artificial de su mundo y amenaza con mostrar su segundo yo, enterrado y oculto, escondido en algún rincón del pensamiento mecánico de su psique.
Tatyana Yumasheva, la hija del antiguo inquilino del Kremlin, Boris Yeltsin, tiene razón cuando describe a Putin como débil e indeciso, y recuerda como el ruso le pidió a su alcoholizado progenitor que no dimitiera hasta que él pudiera adquirir experiencia.
“I saw that Putin was struggling to come to terms with the idea that responsibility for the country would be on his shoulders, recuenta. (*)
Sobrio, demasiado para los estándares rusos. Con la elegancia amanerada de un dandi, y el control secular de un benedictino en un monasterio montañoso de la edad media. Vladimir Putin no es un hombre fuerte por naturaleza, sino por autocontrol y orden. Es, esencialmente, el producto intrínseco de la auto represión y de ese sistema cerrado donde la vigilancia suprimió al libre albedrio, a la libertad y a la naturaleza abierta y honrada del ser humano. Una secreción física de Orwell bajo el gran hermano.
No, Putin no es un hombre libre, tampoco es un hombre fuerte.
Débil, canijo, pequeño. Esencialmente débil.

(*) “Vi que Putin estaba luchando para llegar a términos con la idea de que la responsabilidad del país estaría sobre sus hombros”

Thursday, July 17, 2014

El regreso de las Matrioskas

No, no se trata de la conocida muñeca rusa, cuyo origen se remonta a 1890 y, aparentemente, inspirada en un antiguo juego de muñecas japonés. El fin de semana nos, ¿sorprendió?, vamos a decir tropezamos con la visita de Vladimir Putin a Cuba. Esta vez, a diferencia de otras, los rituales oficiales se vieron cambiar.
No hubo la coreografiada ceremonia de bienvenida en el aeropuerto, con el “flamante presidente” de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba de la época soviética de Fidel Castro. Ni el recorrido de banderitas y pueblo de los tiempos de Brezhnev, o del Gorbachov del 89. No se realizó la recepción solemne e imposición de la medalla “José Marti” en aquel palacio que está detrás, a la espalda del Apóstol, en aquella otra plaza.
Acorde con los tiempos… “y las reformas”, lo recibió Diaz-Canel con una sobria bienvenida y un apretón de mano, y el mas homófobo de los presidentes-visitantes se trasladó a darle un muy viejo guiño a su época de jefe de la KGB: visitar el monumento del soldado soviético.
Vamos, en la neolengua Orwelliana, al soldado invasor soviético.
De la visita de Putin, de sus preámbulos y acuerdos finales se ha hablado y conjeturado mucho. Desde la condonación del 90% de la deuda cubana de la era pre-Putin, hasta la supuesta reactivación del centro de espionaje en Lourdes.
Conjeturas aparate, la visita caribeña del ruso es más simbólica que otra cosa. La deuda cubana no iba a ser pagada por el gobierno de Cuba. Eso lo sabia Putin, así que lo que hizo fue algo muy práctico: borron y cuenta nueva. Algo han aprendido de su contraparte americana.
Veremos si la cuenta “nueva” la pagan los endeudados en el futuro.
Del espionaje de Lourdes hay muchas preguntas que hacer.
¿Fue realmente desmantelado ese centro? Y si lo fue, ¿cómo saberlo? ¿Qué pasó y ha pasado con el equipamiento de ese lugar?
En algún momento se dijo que se lo habían llevado los rusos pos-Gorgachov. ¿Ocurrió asi?
¿Se llevaron hasta las persianas y los marcos de las puertas y ventanas, como hicieron los “colaboradores” de la era soviética en La Habana en aquellos edificios estilo caja de sardinas?
Muchas preguntas, pero pocas respuestas se pueden dar. Sin embargo, de esta visita se puede sacar una muy buena conclusión. Y es aquí donde las famosas, y muy turísticas muñecas rusas, nos pueden ayudar.
El retorno del aliado ha demostrado que las “reformas raulistas”, con titulares  esporádicos en los diarios occidentales, no abarcan los predios del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país. Al menos, formalmente, es de allí donde debe partir las directivas de la política exterior. ¿O no?
Putin hace ya bastante rato salió de la antigua muñeca pre-Gorbachoviana para retornar a lo que fue: el jefe de la KGB, “capo di tutti capi”. Los negocios rusos de Ucrania lo han demostrado con creces.
En el caso cubano, el apretón de mano, las sonrisas melosas y las bromas amelcochadas de Raúl Castro ante el oso ruso han venido a reafirmar que Cuba sigue siendo lo que fue con Fidel Castro desde Nikita Khrushchev: el satélite caribeño de siempre.
Matrioska Rusa y Matrioska cubana. Diferentes tamaños y propósitos, pero la misma esencia y la misma carencia absoluta de reformas. Emperador ruso-romano y su acólito, el cubano gobernador, con la sonrisa halagadora ante la visita de su “majestad” a la Galia caribeña.
La política exterior cubana no deja de ser la misma, y nadie cuestiona su vejez, su peligrosidad, y su desagradable tufillo de la época en que los cohetes nucleares viajaban a ocultas en los navios sovieticos para ser instalados en sus silos en Cuba.
La alineación sigue siendo la que el gobernador originario de la Galia caribeña diseñó para el país… ¿para siempre?

Monday, July 14, 2014

El Carnaval de Balseros de 1994

Veinte años atrás y regresaba a casa, después de un día de trabajo largo y caluroso. Eran casi las nueve y media de la noche, y mis pasos se confundían con la inconfundible música de presentación de la novela brasileña de ocasión, no recuerdo cuál. Era esa familiar melodía la que me anunciaba la hora, y lo tarde que se me hacía en la noche. Sin embargo, la humedad y el vapor de todo el día hacia transpirar las viejas piedras de la calle Chacón, casi llegando a la esquina a Compostela. Y fue allí que escuché las voces, una algarabía de palabras, risas y alguien que cantaba una muy vieja rumba con una letra de ocasión.
Cinco jóvenes cargaban sobre sus cabezas lo que, a todas luces, era una balsa hecha con los gigantescos neumáticos de algún camión, o tractor. Detrás, un carnaval de personas, acompañándolos. Algunos tocaban la rumba conocida con algunas latas, alguien se había auxiliado hasta de un pequeño tambor y unas maracas. Desde los balcones de Compostela, y al paso de aquella caravana alegre, risueña y jolgoriosa, se levantaba un conocido murmullo, “Se van pa’la yuma”.
¿Qué pensé entonces? ¿Cuáles fueron mis primeros pensamientos y mi reacción aquella noche, en aquel lugar?
No puedo decirlo con la meridiana claridad de otros recuerdos. Sorpresa, consternación quizás. Era la primera vez que veía aquel “carnaval” jolgorioso de balseros en plena calle, sin que la policía, ni la conocida “maquinita” de la seguridad aparecieran.
Aquel inusitado jolgorio era “una primera vez”.
Un carnaval, quizás pensé. Y eso era. Los jóvenes iban descalzos. Uno tenía amarrada la camisa a la cintura, descubriendo un largo tatuaje en el pecho que terminaba en un aro metálico, colgando de su tetilla izquierda, balanceándose al ritmo trepidante de la rumba, el fandango y el peso de la balsa sobre su cabeza. Ese es el recuerdo más preciso que guardo de los cinco jóvenes. Ni los rostros, ni la edad. ¿18 o 19 años?
Sé que eran jóvenes, muy jóvenes. Pero es aquel aro enganchado, y balanceándose al ritmo de la parranda nocturna y de la risa y, sobre todo, la sensación punzante de dolor que debió haberle causado aquella inoportuna perforación, para la oportuna argolla parrandera. ¡Cuán extraño son los recuerdos!
La pura curiosidad me hizo seguirlos hasta el Malecón y allí, para mi asombro, ya había otro grupo en el mismo “carnaval de balsas”. Y la misma risa y bachata populachera. Algunos hacían chistes, una oportuna botella de ron circulaba entre los presentes. Los mismos cuentos, las mismas palabras. Todo como si fuera una muy bien coreografiada comparsa habanera del viejo carnaval que conocía de niño.
Mas allá, en la oscuridad, el olor del salitre, la escasa brisa de la noche y el sonido acompasado del mar al chocar en el rocoso litoral. La profunda oscuridad del horizonte, de aquel incógnito camino “a la yuma”, me paralizó el aliento, allí, viendo echarse al mar la balsa y sus cinco "tripulantes".
Lo ha hecho siempre.
Lo que cuento no es ni literatura, ni una historia novelada y colorida. Me sucedió un día de Agosto de 1994 en plena noche habanera, regresando de casa de mi novia y en camino a mi hogar. Allí, en la esquina de Monserrate y Malecón, viendo como aquellos cinco jóvenes lanzaban su rústico artilugio marino para alcanzar las orillas de la Florida, tropecé por primera vez con la tragicomedia de nuestra realidad cubana.
Sí, tragicomedia, no he confundido la palabra. Este mismo jolgorio de escape lo viví aquellos días en tres ocasiones y lugares diferentes. Las otras dos fueron a la altura de la Avenida de los Presidentes y Carlos III, y en Playa – no recuerdo exactamente hoy la dirección. El tiempo, la lejanía y la edad han provocado la pérdida de la memoria.
El “carnaval de los balseros”… en plena Habana. Con la anuencia del mismo gobierno cubano que había anunciado, públicamente, su “generosa” actitud conformista de permitir este escape jolgorioso, parrandero, de cubanos con balsas, artilugios de todo tipo, en rumbo a Miami.
¿Alguno de ellos se detuvo a pensar en la magnitud de aquel mar?
No lo sé.
En todos estos años he oído palabras de aliento de una parte, y condena de la otra. Las palabras y las actitudes han cambiado de acuerdo a las circunstancias, los pronunciamientos políticos, las posturas hieráticas ideológicas del momento. Cambian de posición, de las dos orillas marinas que delimitan las dos posiciones políticas de nuestra tragicomedia social.
Pero esos cinco jóvenes con que me tropecé en Chacón y Compostela, en la Habana Vieja, no conocían la magnitud del peligro a que se lanzaban. Y la conga carnavalesca que le seguía detrás tampoco lo pensaba mucho.
Los gobiernos, sí. Los gobiernos sabían de esos peligros, de esas vicisitudes. Pero el cubano común era sólo una pieza atrapada en los intereses de la política del momento que, con la irresponsabilidad de varias décadas, nunca había cesado de jugar el mismo juego de siempre.
El joven del aro en la tetilla era un simple peón que había atrapado, con los otros cuatro, la oportunidad de escapar “legalmente”… en una balsa.
En la oscuridad del horizonte, me imagino pensaba ese joven, estarían los barcos del Presidente Clinton, esperándolos para “darle la bienvenida”… a Guantánamo - ¿se acuerdan?
En La Habana, la movida de ajedrez era diferente. “Carte Blanche” para el escape, para crearle a los Clinton la misma crisis que destrozó a Carter. Cuba ha sido un ajedrez, desde el traspatio de la estatua del apóstol en la plaza, para el inquilino del palacio de poder.
Y en el medio, el ciudadano común. El joven del aro, la mulata nalgona con su lata y su cuchara tocando su vieja rumba, detrás de los jóvenes y la balsa, los rostros sonrientes de vecinos, “animadores” involuntarios del momento, que aplaudían, o se sorprendían, o se preguntaban qué estaba ocurriendo esa noche de jueves, en el verano de agosto de 1994.

Sunday, July 13, 2014

El remolcador de un país

Un día como hoy se cumplen 20 de años de la tragedia del “Remolcador 13 de Marzo”. Esa madrugada un grupo compuesto entre 68 o 72 personas abordaron la pequeña embarcación encargada, como otras, en conducir grandes barcos a la bahía de La Habana, para intentar irse del país.
El sueño de tantos cubanos.
37 personas perdieron la vida, entre ellas 10 niños.
Solo esa última cifra debe servir para calificar de monstruosa una acción. Los que la hundieron a golpes de chorros de agua, y de hacerla encallar golpeándola, eran cubanos, trabajadores del puerto de La Habana.
¿Estaban bajo las órdenes de la Seguridad del Estado?
¿Respondían a un “llamado de Fidel”?
¿Recibían órdenes?
¡Qué importa!
Las órdenes de matar se pueden negar a cumplir y no es justificación moral, espiritual y legal contra un crimen, ni en el medio de las guerras, ni en el frente de batalla.
Aquel día comenzó el largo camino hacia el 5 de Agosto, y el desborde de protestas en las calles del centro de la ciudad, aledañas al puerto y al malecón. El llamado “Maleconazo” que tanto se cita como la primera gran protesta contra el régimen castrista.
¿Lo fue?
Un día como hoy debe servirnos para hacer las paces con nuestras conciencias. Saber enfrentar lo que es una realidad en Cuba. Lo que fue entonces, aquella madrugada del 13 de Julio, y lo que llegó a ser el 5 de Agosto. Y es sintomático que todo haya comenzado con la tragedia del remolcador. Deténgase a pensar. Un remolcador arrastra un buque de gran calado a un puerto.
Aquel quiso arrastrar a un país fuera del puerto.
No lo dejaron hacer. Lo hundieron. Provocaron el crimen antes de permitirlo. Nunca pidieron perdón. No dejaron nombres, ni admitieron culpas. Justificaron. Callaron. Prohibieron.
Lo que ocurrió después del remolcador fue el desbordamiento de la ira de un pueblo, de una parte de él, que quería abandonar el país y le fue impedido. Rompieron cristales. Se lanzaron contra el símbolo de un segundo país al que no podían acceder con su vida normal, con su modesto bolsillo de ciudadano común.
Tiendas en la moneda que no tenían. Hoteles para turistas. Algunos autos en el camino. Ira desbordada porque no los dejaban irse, remolcados por aquella embarcación, o cualquier otra.
El puerto se militarizó. Las fuerzas de seguridad, y los voluntarios que la secundan, la policía, los miembros “aguerridos” de un contingente obrero de la construcción con palos y cabillas de hierro, se lanzaron sobre ellos. La ira fue aplacada en la tarde, los cristales, la destrucción y los sueños de escaparse del país quedaron bajo los golpes y la represión.
Cubanos contra cubanos.
¿Cuántos de esos que golpearon entonces hoy están en algún otro lugar del planeta, o sueñan con irse?
Me pregunto. ¡Hay tantos en Miami!
El 5 de Agosto no fue una protesta contra el régimen de Fidel Castro. No lo fue. Hagamos paz con nuestros demonios. Fue una protesta contra la imposibilidad de irse del país, que no es lo mismo. Hoy Cuba es la misma de entonces, y se sigue escapando.
No hay protestas, ni ira. El cubano, calladamente, aprendió la lección: escaparse de alguna forma, en silencio.
Triste.
En balsas, en las misiones en Brasil y Venezuela. En Honduras, Islas Caimán, México, en cualquier lugar. En los 80 se quedaban en Gander, Canadá, rumbo a Rusia o de regreso. ¿Volverá a ocurrir con la visita del “fiel aliado”?
La tragedia del remolcador “13 de Marzo” simboliza la tragedia de Cuba. Aquella embarcación, que difícilmente pudiera haber sobrevivido el cruce del estrecho de la Florida – no estaba construida para eso -, arrastraba a un país detrás de ella.
Hoy lo sigue haciendo, y esa es la tragedia mayor.
No hay proyecto de país. No hay país, porque una juventud sueña con irse, no con estar y hacer.
Y lo peor, los que ordenaron el crimen de entonces, aún no se han dado cuenta, o no les interesa, o las dos.
Enlaces de Interés:
Balseros en el Deporte Cubano: Cuba excluyó aseis peloteros de su selección

Saturday, July 12, 2014

La estrategia de la pobreza

Un reciente escrito aparecido en “The Prince George Citizen”, con la autoría de Andrea Rodríguez, cita las palabras de Phillip Peters, presidente del “Centro de Investigación sobre Cuba” con sede en Virginia, Estados Unidos, sobre la pobre venta de automóviles en Cuba. Los criterios de este “experto” sobre temas cubanos, sirve de piedra angular para un artículo aparecido en ese medio de prensa sobre la venta de automóviles en Cuba.
Como se sabe, después de más de medio siglo de prohibición, el gobierno de Castro “liberó” la venta de autos sin necesidad de ningún permiso especial gubernamental, pero con los precios multiplicados en un 400% del valor normal en el mercado mundial, muy pocos  cubanos pueden permitirse acceder al tan soñado artículo.
Una vez más, sueños y realidades se han alejado de Cuba.
Según Phillip Peters, y lo cito:
"At those prices, they obviously didn't want to sell many cars. And they're not (TRADUCCION: A esos precios, es obvio que ellos (gobierno cubano) no desean vender muchos autos. Y no lo han hecho).”
Según el “experto” norteamericano:
"I think there's only one explanation ... the government does not want to use its foreign exchange reserves to import cars for a retail market (TRADUCCION: Creo que sólo hay una explicación… El gobierno  cubano no quiere usar sus reservas de divisa en importar autos para venderlos en el mercado nacional).”
La explicación, muy convincente, del “experto cubanólogo” puede parecer lógica… si conociera la “lógica” (in)natural del castrismo. La realidad es un poco más pedestre.
La realidad, y esto es sólo un botón de muestra de la filosofía política de más de 50 años de castrismo, es que la alta oficialidad del gobierno cubano no desea al nacional en una posición de solvencia. Ser rico ha sido, por décadas en Cuba, estigma para la política oficial del gobierno… porque la riqueza personal independiza al ciudadano del gobierno.
Para decirlo en sus justas palabras: convierte al cubano en lo que debe ser, un ciudadano.
Y el gobierno no desea al cubano independiente. Mucho menos investirlo con sus atributos de ciudadano normal, dueño de su propia vida.
El castrismo, como también el chavismo y el madurismo en Venezuela, quiere al nacional ahogado en la necesidad de la sobrevivencia diaria. Es la forma más “eficiente” de tener atada una voluntad, y que el hombre común no pueda vivir ajeno, independiente del poder omnímodo del estado, a quien ve como el “padre” nutricio.
Esa mentalidad “paternalista” – que no lo es – es sólo la estrategia de la pobreza que tanto el gobierno militar cubano, primero con Fidel Castro, y ahora con su hermano menor Raúl, ha diseñado para la sociedad en su totalidad.
Y es así como se enmarca también el que se hayan encaprichado, por tantos años, en no “liberar” los servicios y el comercio a la propiedad privada, y que hoy le pongan tanto freno, tantos impuestos e inspecciones, a pesar de que “liberalizan” este sector a manos privadas, los supertimbiriches.
Ahogar al ciudadano independiente, tenerlo como ese simple y agobiado peón de ajedrez al que se puede manipular al antojo oficial, agregarlo automáticamente a las manifestaciones políticas diseñadas para el momento, utilizarlo y excluirlo cuando es necesario.
Sometida a la marginalidad de la pobreza como estrategia de gobierno, ha vivido la sociedad cubana por más de 50 años. Excluida del poder, marginada de la vida política nacional e internacional, amurallada por las necesidades perentorias del malvivir diario.
Es esa, y no otra, la conclusión que debiera haber llegado un llamado “experto” en Cuba, si realmente lo es, como dice serlo Phillip Peters, pero desafortunadamente para el señor Peters, los verdaderos expertos de la calamidad cubana viven en su propio país, y no tienen acceso a sus palabras por ningún medio posible.
La carencia de información es también parte de la estrategia de la pobreza del gobierno de los hermanos Castro.
Ni autos ni riquezas, pobreza como estrategia de poder.

Friday, July 11, 2014

Los dolorosos lamentos de Fidel Castro

¿Se ha preguntado alguna vez de qué podría estarse arrepintiendo Fidel Castro, en este momento de su vida?
Me he hecho esa pregunta varias veces, y la respuesta siempre ha sido diferente. Hoy, y después de leer una muy curiosa noticia en varios sitios sobre Cuba, tengo dos respuestas.
PRIMERA:
Pienso que hoy, de manera callada y sin publicarlo en la prensa, Castro debe estarse arrepintiendo de todos esos años en que no permitió al cubano viajar libremente. En esos años en que, con terquedad malintencionada, propia de su herencia gallega, ignorante e intolerante, mantuvo aquella “carta blanca”, aquel permiso de salida, aquella pieza de “(in)fidelidad callada”.
Hoy ya esa carta es totalmente blanca, inexistente, pertenece a un período “pre-raulista”. Los cubanos viajan, unos más que otros. Patrocinados por parientes, instituciones, asociaciones, foros democráticos, y otros males – de acuerdo a la mentalidad del viejo Castro.
Pobre viejo, ¡cuánto se estará maldiciendo su propia terquedad!
¡Cuánta bilis segregada por esa boca desdentada!
Lo que tantas veces se le abofeteó políticamente en la prensa, en las redes sociales y en el mundo espiritual, hoy no existe… y ¡nada ha pasado!
¡Nada pasó!
Mucho más. Ayudó a que muchos que creían de buena fe en rostros, oposiciones y palabras se volvieran escépticos de esos mismos rostros, de esas mismas oposiciones, de esas mismas palabras.
Lo que no le facturó la cárcel en la “Primavera Negra del 2003”, se lo regaló la suspensión de la “carta blanca”. Disidentes van, disidentes vienen. Opositores van, opositores vienen. Blogueros van, blogueros vienen.
Y, ¡válgame Dios!, no critico a nadie puntual. Solo lean cotidianamente las noticias, respóndanse ustedes mismos. Pongan ustedes los nombres.
Esta semana, para solo poner un ejemplo, leí en “CubaEncuentro” un escrito sobre la “Formación para líderes cubanos sobre la transición española”. ¡El mejor chiste de la semana!
En una parte del artículo se dice:
“… este tipo de talleres son ‘esenciales’ para que los ‘demócratas cubanos’ aprendan a llevar a cabo una transición…”
A ver. ¿Carlos Manuel de Céspedes asistió a algún foro para ‘aprender la transición’?
¿Y Martí?
Desde nuestras guerras de independencia hasta este dichoso foro español, saque usted su pluma o su lápiz y apunte nombres de opositores, luchadores por la libertad de Cuba, demócratas cubanos. “Se le hará larga la lista”, así que acopie paciencia y un buen bloc de notas.
¡Quién lo diría, Fidel Castro!
¿No te arrepientes de eso?
SEGUNDO:
El mejor aliado que ha tenido el “raulato” (generalato, castrato) para deshacerse de “indeseables” cubanos en la isla, ¿adivinen quién fue?
La alta jerarquía de la Iglesia Católica. Pero no aquella que tenía como Obispo de Santiago a Monseñor Pedro Meurice, que evidentemente fue la mano espiritual que movió la pluma de la jerarquía católica en su famosa Carta Pastoral de principios de los 90.
No, la Iglesia de aquel obispo redentor que hizo temblar a Santiago en presencia de Juan Pablo II, no es la Iglesia de la que hablo. Monseñor Meurice tuvo que jubilarse, y fallecer, desgraciadamente para los buenos católicos y para Cuba, y así tener el raulismo su aliado “feliz”… para deshacerse de “indeseables” opositores.
Todos enviados a España.
Curiosa la historia, ¿verdad?
Esta vez no fue como en el 71 cuando Castro embarcó hacia Canadá y España a los padres de la Iglesia Católica Cubana, por molestos. Esta vez fueron los “padres de la iglesia” los que embarcaron para España a los “molestos de Castro II”.
¡Cuánto te tienes que estar arrepintiendo, Fidel Castro!
¿Te das cuenta?
Y estas son mis dos respuestas de hoy.
Pobre Cuba.

Thursday, July 10, 2014

El Turismo Gastronómico de Mariela Castro en Toronto

En el marco del WorldPride celebrado en Toronto, entre tantos disfraces políticos con que algunas ‘personalidades’ se disfrazan para cosechar aplausos y vítores oportunistas entre la comunidad LGBT, suerte de demagogia multicolor como el arcoíris con que los patrocinadores adornan esa jornada, se nos apareció uno caribeño: la hijastra transgénica de la dictadura más letárgica de América.
Mariela Castro estuvo en Toronto entre los días 8 y 9 de Julio, patrocinada por la Unión Sindical de los Trabajadores de la Gastronomía y del Comercio (UFCWCanada), y con todos los gastos pagos por ese sindicato canadiense. ¡Ah!, e incluida la oportuna actualización de su blog con las palabras de la ‘princesa caribeña’ en el ‘evento’… por la misma agrupación sindical canadiense.
Negocio redondo: brindis, coctel y comelata.
En medio de estas celebraciones, el señor Syd Ryan, presidente de la Federación del Trabajo en Ontario (OFL), le otorgó a la señora Mariela Castro el Premio Internacional de los “Derechos Laborales” de la OFL, ¡sorpréndase!, por los grandes “avances” logrados por el último código del trabajo en Cuba, “gracias” - según Syd Ryan - a que ese ‘nuevo código’ “prohíbe la discriminación y la violencia de los trabajadores cubanos”.
No se sorprendan, muchos canadienses no saben de qué hablan cuando se trata de Cuba. Eso sí, conocen el sol, las arenas de Varadero y sus hermosas mulatas. De derechos les interesan los suyos, de los derechos de los demás no conocen mucho. No profundizan en el tema, a diferencia de sus colegas cubanos tienen internet, pero sólo la usan para conocer los chismes de Miley Cyrus o el precio de algún hotel en cualquier país del Caribe y, además, para creer las verdades transgénicas de estas máscaras ideológicas al estilo de la señora Castro.
Sin embargo, algunas preguntas, por vergüenza y también por dignidad, debió haberle hecho este Syd Ryan a Mariela Castro.
Por ejemplo, si se supone que hay tantos avances en Cuba 'gracias' a la nueva legislación laboral, ¿cómo es que los trabajadores cubanos siguen sin tener el esencial derecho a huelga como los que tienen los miembros de la UFCWCanada, aquí en Toronto, que tuvieron además los fondos y el derecho de pagarle el turismo a la señora Castro?
Si Mariela Castro lucha tanto contra la discriminación sexual en Cuba, ¿por qué no se ha interesado en el caso tan notorio de David Bustamante, activista LGBT cubano, encarcelado por protestar y exigir derechos sociales que no otorga esa nueva legislación?

¿Es que, tanto para Mariela Castro como para Syd Ryan, hay "derechos" para unos y no los hay para los demás?
¿Cómo se puede entender los grandes ‘avances’ en el ‘nuevo’ código laboral cubano cuando sigue prohibiendo la creación de sindicatos independientes, y sólo admite la membrecía en los controlados por el estado castrista?
¿Qué realmente conoce el señor Syd Ryan de Cuba?
Puedo asegurarles que este señor es sólo ese último idiota útil que, quizás, en algún momento se paseó por las blancas y espumosas arenas blancas de algún hotel en Varadero, con el patrocinio del padre de Mariela Castro – que no tiene dinero propio, pero se lo quita a los trabajadores cubanos - y, días atrás, sólo reciprocó aquel gesto con una visita gastronómica a Toronto de la princesita del CENESEX.
De Cuba Syd Ryan no sabe nada, ni le interesa. Otra cosa ocurriría si ese ‘nuevo código laboral cubano’ lo intentara imponer aquí en Toronto el Parlamento de Ontario, y gracias al también nuevo gobierno liberal.
Convencido estoy  que, si eso ocurriera, el señor Syd Ryan estaría en la primera línea de los piquetes en huelga junto a los miembros de la Unión Gastronómica y de Comercio (UFCWCanada) - los mismos que le pagaron el boleto de avión, la habitación confortable en Church Street y el turismo gastronómico a la hija del dictador de Cuba.
Desgraciadamente, ese derecho que tendría, y tiene, entonces el señor Syd Ryan para protestar en este país, Canadá, no lo tienen los cubanos en Cuba… ni con el ‘viejo’ ni con el ‘nuevo código laboral’.

Nota: Las palabras de esa máscara transgénica del castrismo en Toronto la pueden encontrar en el enlace del primer párrafo. No reproduzco mentiras en mi blog.