Friday, May 1, 2015

Tragamonedas

Ya sé que me van a decir que es el miedo. Ya sé que me van a recordar la coerción y el listado temprano en el trabajo. La «llamada de los factores», y el ojo del chivato del vecindario.
Ya sé que me van a recordar el «partido», la «juventud» y el «sindicato», y las «guaguas» de adolescentes vestidos de uniforme, los «camilitos» y los viejos milicianos.
Ya sé que me van a recordar aquellos viejos roñosos, «arrascagüebos», que aún quedan, que se mueren de hambre, hablan todavía de «ofensiva revolucionaria» y se llenan de medallas el pecho flaco, encogido y rabioso. Viven en un mundo que ya no existe, que les dejó detrás, arracimados a símbolos sin valor, pura lata ferrosa de recuerdos.
Ya sé que me van a hablar de ignorancia, falta de información, intolerancia y hasta alguno de fascismo. Ya me sé también esa historia.
Ya sé que me van a recordar la «bachata», los refrescos agüados en pipa, los bocaditos de pan-sin-nada, las tres pocas chucherías que sacan como «golosinas atrapamoscas». Las croquetas de cemento, las «flauta atipladas de pan» viejo, elastizado y húmedo, casi sin aceite o mantequilla, que se desgaja en la boca como hojas secas.
Alguno hasta me recordará este «carnaval de merolicos» en las aceras de paso, entre banderitas sublimes, consignas preparadas «Made in DOR», y tanto pulovito rojo y blanco repartido a última hora para garantizar la cuasi obligatoria asistencia.
Nadie se obliga más que a sí mismo, siempre lo he dicho.
Algunos me abofetearán recordándome que muchos, unos cuantos, solo corren al alcance de esos pulovitos rojos. Es el disfraz de la asistencia, del momento, de la chismería relajosa del sindicato.
Ninguno escuchará nada, no les interesa. El desafecto representante del gobierno sindical dirá sus palabras, aplaudirán unos pocos, menearán la boca unos cuantos, zandungueará una conga la mulata culona que lleva la banderita en el sombrero mientras con la sonrisa desgranada saboreará el ritmo de alguna melodía contagiosa.
La fecha no existe, no tiene ningún significado esencial para sus existencias, no les interesa.
¡Pero están allí!
Es lo que le interesa al gobierno. ¿A alguien más le importa?
Pues, ¡no!
Y esa es la esencia del desparpajo, y la consecuencia son estos 56 años vergonzosos arrastrando esta existencia, mientras que abandonada la explanada se quejarán entonces de los techos, las goteras, el pan viejo, la falta de «güebos» en la bodega, cuando donde falta es en la entrepierna de tantos miles.
Estos mismos trasplantados cinco décadas atrás desde el hoy rompieron máquinas tragamonedas cerca de ese mismo lugar, ¿para qué?
Para nada, para venir a desfilar celebrando los derrumbes, la falta de techos y casas para los hijos, el desaparecido y tantas veces prometido vaso de leche para el niño, la maestra roñosa que ya ni sabe escribir «ortografia» con acento en la í, los hospitales que se caen en pedazos, los médicos que faltan en los centros asistenciales, las vitaminas que se venden en la esquina de la farmacia, lo que cada uno de estos roba en su trabajo, las colas en la embajada americana para pedir visa, o el pasaporte del gallego trasplantado.
Celebran las remesas de los familiares en la «yuma», la cerveza de latica adquirida por la putica maleconera o el pinguero del vedado, del maricón que se entrega a su meneo en el «avioncito» o del jinete que vende el tabaco entre los payasos del ex Eusebio (i)Leal en la Plaza de Armas.
Tragamonedas. Tragadólares. Tragaverguenzas.
Esos son los que desfilan.
¿Nos sorprendemos entonces que la payasada castrista continúe en la carroza?
Entérense, también desfilan los exiliados, «emigrados económicos» para acomodar el eufemismo a esta nueva etapa maromera. ¿Alguno se calzó bien los zapatos, se le subió la leche hasta la cabeza y le lanzó la cojonera a la embajada cubana en cualquier latitud geográfica existente?
Nadie, que yo conozca.
Todos marchan por el mismo caminito. Sonriendo, dando los «buenos días» con la cordialidad amable del cordero al pedir la reactivación del pasaporte, el permiso de entrada a un país que no es el suyo, pero lo es y entregar cerdamente parte del salario para sostener esa payasada nacional.
Eso es también marchar por esa plaza ese «primero» de cualquier cosa, día internacional de la «clase obrera», que en Cuba es decir de la «clase ladrona», porque eso es de lo que viven, del robo al gobierno.
Algunos me susurran en la oreja, «es la parte esencial del salario que le arrebatan a los Castros».
Pues, ¡epa!, Día Nacional de la Clase Ladrona, así marchan.
¡Tragamonedas!

Sunday, April 26, 2015

La coherencia del abuso

A veces nos lamentamos, o nos quejamos, o reprochamos las incoherencias de artistas, pastores evangélicos, curas reconversos, Iglesias y prelados, políticos y disidentes, revolucionarios y revolucionarizados, de la total falta de escrúpulos de esos que, despojándose de viejas vestiduras, abrazan nuevos corolarios, teoremas que antes demostraban su irrealidad.
Sencillamente, nos dicen, cambiaron los tiempos, se reajustaron las llaves del viejo baúl, desaparecieron viejos juguetes de inconveniencia.
Es cierto. Hoy los que ayer mercadeaban con las armas a las guerrillas infestadas de drogas e infancia secuestrada, mercadean hoy con su desaparición.
Es cierto. Hoy los que ayer expulsaban monjes y curas, cerraban templos e invadían iglesias, arriman hoy la mano con el rosario colgados del meñique, suerte de sacerdotes de la sobrevida política. Casi se adornan los hombros con el benedictino escapulario.
En una tierra de contradicciones, donde el abono es la blasfemia y el bautismo la rabia y el encono, Cuba es territorio libre de coherencias. Fertilidad natural de contradicciones, las instituciones terrenas y divinas han bailado al son de ellas mismas.
¿Qué esperar entonces de las que los representan?
A Silvio Rodríguez que cantó despectivamente a serpientes, hoy la abraza con fruición.
A homoeróticos escribidores que fueron vapuleados en su homosexo, encerrados en alambradas y borrados del libro cultural del hombre nuevo, erotizan hoy versículos lunares sobre la masculinidad estilizada de viejos venéreos dictadores.
Más Raulistas que Raúl. Más Fidelistas que Fidelio. Más Papistas que el Papa.
El nuevo clero de conversos es la consecuencia típica de la coherencia del abuso.
Se dieron cuenta. Tarde, ¡sí!, pero a tiempo de reconvertirse.
No hay que lamentar. No hay que elevar ninguna queja. No hay que reprochar nada ni llorar, desvanecer ninguna lágrima, hojear ningún sermón del cielo, las estrellas y planetas invisibles, adyacentes. El «hombre viejo» hizo su pacto de sangre con el «hombre nuevo». Acabó reconociendo que el país no navega a su destino sino a su final. Que la sangre joven escapa, se desvanece, naufraga encontrando algún camino donde huir.
Y ellos se quedan.
Nadie se levanta. Nadie protesta. Nadie intenta siquiera levantar un dedo.
Se han dado cuenta que el pueblo de Cuba es una oveja mansa, en camino a su matadero. La única opción visible, con futuro para sus espaldas llagadas es la reconversión. Desvestirse, exponer sus carnes impúdicas y carroñeras de siempre. Bailar con el badajo senil enredándosele en las rodillas y besar con labios leprosos la mano enteca, huesuda, relamida por tantos otros.
Todas estas personas e instituciones sostienen una estrategia de supervivencia. Han llegado a la «honrada» conclusión de que su sobrevivencia depende de la del régimen, y el régimen sabe de esa estrategia, e intuye que no podría sobrevivir sin ellas, y sin alentar esa misma estrategia.
Todos, absolutamente todos, están convencidos de que el estatus político cubano sobrevivirá un par de muertes biológicas, no por los sofismas ideológicos construidos, ni por ninguna supuesta fortaleza política del régimen, sino porque las fuerzas sociales que pueden alentar el cambio alientan la huida, rehúyen el cambio.
En el caso particular de la Iglesia Católica hay que recordar que ha sido una sobreviviente mundial en todas las situaciones extremas. Tiene experiencia para no sucumbir ningún terremoto político y social. Sobrevivió lo peor, y hoy el régimen conoce que le debe su acercamiento al gobierno norteamericano.
Por décadas ese régimen cultivó el aislacionismo, a la vez de la «rara» pretensión de alentar el fin del embargo, puesto siempre de zancadillas cada vez que el guía ideológico intuía que se estaba demasiado cerca del fin del conflicto.
La Iglesia conoce eso, y también conoce que las nuevas generaciones que le siguen detrás no alientan el aislacionismo, y que quien está hoy al timón del país apuesta por el relevo del «batón» a sus retoños naturales. Quiere y necesita sobrevivir el poder para sus hijos y nietos. Ese conocimiento ha sido transmitido por el alto clero cubano cercano a Roma, al Vaticano, y ha dado sus resultados.
La Iglesia Católica, como máxima sobreviviente de todas las instituciones mundiales también sobrevivirá cualquier holocausto en Cuba, a cualquier precio. Y este lo es.
Amigos, enemigos, doctores y fulleros, todos camino al entierro, cargando una hoguera, lastimándose en su sacrificio de orgullo, pero refocilándose en su lujuria perversa. Le hacen la comparsa útil, la despedida oportuna. Celebran el nuevo poder que surge de la corrupción del viejo verbo.
Son los mismos. Los dueños de entonces. Sus hijos, sus leporinos hijos que hoy aprovechan viejas enemistades reconvertidas.
Exprimen viejas y escasas lágrimas por caricaturas populistas colgadas de viejas joyas que bailan un viejo tango argentino, resonando esas joyas al mejor estilo de aquel John Lennon al que erigieron su estatua de utilidad en algún parque del Vedado, y que solicitaba aplaudir las nuevas melodías beatleneanas con el «canto» de las joyas.
Viejas divas de la desvergüenza, pero ¿no es una desvergüenza que este país se desbarate, se desajuste, se acabe de emponzoñar y sus hijos ni siquiera tengan la voluntad del bostezo?
No nos engañemos.
Los nuevos apátridas de la coherencia solo abrazan una nueva, la coherencia del abuso, del estupro con el poder, de sostener una vida que no tiene utilidad en el escape. Tienen sus encías desdentadas, las canas demasiado podridas y los ojos hundidos en esos pobres lentes que ya no logran ver las viejas coplas, versos y rimas que escribían entonces.
No saben escribir, susurran.
No saben hablar, hacen muecas.
No saben fornicar, menean el culo.
Así, como la vieja prostituta del Apocalipsis, se han unido a la Bestia. Pretender vivir por los siglos de los siglos con ella. No porque la Bestia sea eterna, sino porque los que deberían matarla, huyen.
¿Es alentador conocer esto?
No, pero ¿qué se le puede hacer?

La Bestia que sube del mar

“Se le dio una boca que hablaba palabras arrogantes y blasfemias, y se le dio autoridad para actuar durante cuarenta y dos meses. Y se abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre y su tabernáculo, es decir, contra los que moran en el cielo. Se le concedió hacer la guerra contra los santos y vencerlos; y se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.”
Apocalipsis 13:5
Este es, sin dudas, Raúl Suarez.
El Raúl Suarez que cerró la biblia de los oprimidos y pobres y cultivó el poder. El Suarez que cerró un pacto, aquella tarde de los noventa, cuando los aliados de la Bestia se le hacían cortos y decidió extender la mano, y alcanzar otros.
La Bestia nunca compartió el poder, pero supo crear aliados temporales para su poder ilimitado. Repartir migajas, aunque sea comprometiendo su historia pasada, sus palabras, sus promesas. Las palabras son hojas que se las lleva el viento.
Era el momento exacto de abrazar una doctrina escrupulosamente reventada, en los marcos de la muerte de los sesenta y el nacimiento de los 70, cuando se expulsaban padres de la iglesia, se cerraban templos, se despedía a Dios porque no era útil en los nuevos tiempos.
Fracasada la doctrina y la avalancha revolucionaria, era hora de abrazar nuevos cómplices.
Volvería un Dios, otro, en los noventa. El retorno era el compromiso de conveniencia, se tendía la mano a la iglesia «amiga», la de Suarez, un «apostolado» que concedía el poder de Dios por el poder terreno del Cesar.
El rostro del denario, ya que no la palabra de Dios del Nuevo Testamento.
Sellado el pacto de compromiso. Se abrían templos, las puertas para pastores antiembargos y ovejas pitiyanquis llenas de promesas. Se abría una plaza para un coro aplaudidor de un dios, en minúsculas, que ayer concedió el poder de la bofetada a la mejilla del cristiano.
Ya no es el Cristo redentor, el pastor de ovejas. Es el lobo puñetero de porras e histerias.
Las concesiones de ayer son las consecuencias de este día, de este hoy. La sonrisa benevolente de entonces, y su pacto, es el compromiso de coparticipación en el mismo coro de insultos y puñetas. El Dios rabioso del Viejo Testamento, no el sereno padre benevolente del Nuevo Testamento, de Jesucristo, del Nazareno.
¿De qué Dios habla Suarez?
¿A qué iglesia representa?
Ni él lo sabe. Tampoco EL.
 “Mostradme un denario. ¿De quién es la imagen y la inscripción que lleva? Y ellos le dijeron: Del César. Entonces El les dijo: Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.”
Lucas 20:25
La “casa de oraciones” no es la casa del César y su moneda, como muy bien conoce Raúl Suarez, sigue llevando la estampa del propio César.
No hubo Dios en Panamá, tampoco acompaño al antiguo pastor de ovejas. Fue solo el César, el mismo rostro del denario, las mismas barbas, el mismo espíritu vengativo que combatió a Jesús y su templo, que convirtió su casa en patrimonio de mercaderes y fariseos.
Ironías de una iglesia que acompaña a la Bestia: no logró la paz en Cuba. No logró que el César se sentara en la mesa de diálogo con el Norte, ni con su propio pueblo. No logró reconciliar las dos naciones enfrentadas, los dos gobiernos terrenales, las dos historias encontradas.
No hablo con su pueblo, puro comercio prostituido de frutas y monedas. Solo eso.
Y fue la otra iglesia, la que enfrento Suarez con su compromiso con el poder del César. La perseguida, expulsada, demolida casi hasta de cimientos terrenales. No fue la biblia golpeadora de este pastor quien intercedió entre los Césares. Fue la otra, la que un día consideraron bastarda, pitiyanqui, «gusana», contrarrevolucionaria, enemiga, antipatriótica, opio de los pueblos. A la que arrebataron padres curas, templos y ovejas.
Concesiones hubo, existieron. Existen. No debemos olvidralo.
Mientras Raúl Suarez golpeaba disidentes con la biblia de su Bestia, el Papa de la otra Iglesia, la «bastarda», conseguía sentar al dictador en la mesa. Curioso desencuentro de la historia.
A Raúl Suarez se le recordara como la mano que golpeaba con su biblia al prójimo. A Francisco I, el argentino, de tender puentes de entendimiento, de conversar, establecer el diálogo y creer en la paz sobre los bofetones.
¿A quién habló verdaderamente Dios?
¿Quién representó verdaderamente su Iglesia?
No hay ecumenicidad en el bofetón, sino en la mejilla dolida del que concede la respuesta violenta con la benevolencia de la misericordia. Esa es la verdad cristiana, cualquier otra es la verdad de la Bestia.
La que surgió del mar y habló con palabras arrogantes y blasfemias, y se otorgó a si misma autoridad para actuar durante cincuenta y seis años, y permitió y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre y su tabernáculo, y maldecir a los que moran en el cielo.
Fue la Bestia a la que cedió Suarez y ELLA, entonces, le concedió hacer la guerra contra los santos y vencerlos, y se le concedió autoridad sobre toda su tribu, pueblo, lengua y nación.
Fue solo el espíritu de esa Bestia, no el de Dios.

Thursday, April 23, 2015

El «Cuomo» de la Desfachatez

Es solo cuestión de ordenamiento ortográfico, y del intercambio de una letra, y tendremos la perfecta alineación de un apellido con su consecuencia.
Andrew Cuomo, gobernador de New York, ha sido el último «accidente político» demócrata que hemos tenido por Cuba, después del deshielo de Obama.
No tengo nada personal en contra de las «intenciones» con que supuestamente el gobernador de ese popular, y populoso, estado visitó mi país. De hecho, todo parece que lo único que necesitaban nuestros buenos vecinos norteamericanos era que la señal de la Casa Blanca diera el pestañazo, el presidente moderara el uso discrecional de la consigna y permitiera el «turismo de estado», eufemísticamente disfrazado de propósitos para hacer negocios con una dictadura sus correrías de placer.
Años llevan esperando la oportunidad y, sinceramente, después de la carrerita apurada de la Pelosi ya nadie puede sentirse muy avergonzado de dar el salto y también teñirse de sol caribeño.
Sin embargo, una cosa es visitar La Habana como turista, pantalón corto en cintura, camarita fotográfica para estampar la mulata, el tabaco moreno y esa vieja reliquia de los años cincuenta a las que los cubanos deberíamos hacerle una estatua en bronce, algún día, algún memorable día en que podamos decir que nuestro país nos pertenece.
Hablo de los «almendrones, como en el que está sentado el gobernador.
Pero Andrew Cuomo no es un turista accidental. Y que yo sepa los políticos en sus viajes de promoción no hacen la foto artera del «almendrón» con el cubano de fondo. Una escenografía que dista mucho de la honorabilidad al lidiar con personajes de una dictadura.
Pero aquí lo vemos, en el «cuomo» de la desfachatez demócrata.
Encantadores de turistas
La «revolución» verde olivo despidió turistas, hoteles, prostíbulos y casinos. Acuñó el turismo como un rezago burgués. Bien claro, mientras los jefes de esos revoltosos vivían en los modernos hoteles recién robados a la élite burguesa, y a la misma «canallada» norteamericana. Así le decían.
El turismo desfalleció. Los hoteles se deterioraron. La Habana se convirtió en un litoral gris donde solo se iba a ver la alineación de barbudos, los comandos de milicianos y la silueta verde olivo. Y comenzó la danza de los millones soviéticos, hasta su huida definitiva y su final.
¿Después? Ah, después sufrimos a los «encantadores de turistas».
Y comenzó la hemorragia de hoteles en Varadero, que hoy amenaza la franja playera natural y su medio ambiente. Y los cubanos se convirtieron en estos nuevos árabes encantadores de serpientes, ¡perdón!, de turistas, cazándolos en La Habana Vieja – de manera ilegal – y por todas las convenciones europeas del ramo – de manera legal –.
Y en este encantamiento se ha convertido la política turística cubana. Alimentando el sueño americano del retorno a Cuba, del disfrute de la arena paradisíaca de los cincuenta. Los mismos que ayer condenaron el burdel cubano hoy lo cosechan, lo promocionan, lo «marketizan» y esgrimen el derecho ciudadano del pitiyanqui americano para exigir la caída de la otra política de embargo.
Y es en este entorno en que resulta grotesca la visita del señor Cuomo, como la de muchos otros.
Lo grotesco está no en sus posibles intenciones, sino en sus actitudes, en esta saltimbanquería fotogénica de tomarse las bochornosas fotos, risa payasina incluida, como si de lo que se tratara es de una fiesta cabaretera en la Riviera francesa. Sí, por cierto, también los franceses vienen.
New York y La Habana – Spitzer y Cuomo
La metrópoli norteamericana recibe alrededor de 50 millones de visitantes al año. En el 2013 recibió 54.3 millones, cifra record. Esto no explica, sin embargo, la visita del gobernador a Cuba. Tampoco justifica la liviandad de su actitud farandulera que recuerda, me permito recordárselo, la de su predecesor, Eliot Spitzer.
Recordemos a Spitzer, solo para refrescar un poco la memoria y encajar con exactitud las actitudes neoyorquinas faranduleras de esta remesa de políticos metropolitanos.
El 10 de marzo del 2008, el “The New York Times” reportaba que Spitzer había frecuentado un servicio de prostitución de alto precio llamado “Emperors Club VIP”, y que había estado con una prostituta por alrededor de dos horas por el «moderado» precio de mil dólares. De acuerdo por el diario neoyorquino, Spitzer había frecuentado este servicio en siete u ocho ocasiones con mujeres de esa agencia, y había pagado más de 15 mil dólares en 6 meses. Según los investigadores, el ex gobernador de New York había pagado 80 mil dólares mientras ejercía su anterior cargo.
Andar con putas es punible para ser gobernador. Servir de puta con dictadores no lo es, al parecer.
Hasta aquí con Spitzer.
Me imagino que como quedaron las cosas el señor Cuomo no las tendrá fáciles en New York y, tal vez, pueda ser mucho más discreta su diversión en La Habana, de ahí sus sonrisas de orgasmo con sus anfitriones habaneros.
New York tiene buena y mala memoria para los cubanos. Fue una ciudad en la que Martí se sintió como un ciudadano más, a la que admiró y dedicó de sus más lúcidas estampas en su labor como periodista.
New York también les sirvió a los anfitriones de Cuomo en Cuba para pasar el sombrero en el lobby judío de esa gran ciudad para hacer de La Habana lo que es hoy, la tumba de su pasado.
¿Le haría feliz esto al señor Cuomo?
No lo sé.
La risa desfachatada de este payaso se me asemeja demasiado a la de Conan O’Brien. O lo contrario, creo que el señor O’Brien resultó mucho más coherente en su papel de visitante modesto, a pesar de que, en su caso, es el servir de payaso lo que se esperaba de su profesión, mientras estas maromerias del señor Cuomo resultan de una desfachatez bochornosa, muy apropiadas para un show de tarde en la noche, y muy poco conveniente en el curriculum vitae de un político que se respete, del estado que tiene el mismo nombre de la mas icónica metrópoli universal, por la cual Martí sintió poderosa atracción.
Pero así están los tiempos. Cuomo no fue el primero en hacerlo, tampoco será el último. Y tal parece que hoy, a diferencia del ayer, son los políticos occidentales los que salen a correr a la isla para «encantar a los tiranos».
Y no al revés.

Sunday, April 19, 2015

El castrismo se reinventa

Dos candidatos opositores a Castro salen al ruedo escénico hoy en las «elecciones municipales» en Cuba. ¿Podrán ser elegidos? ¿Podrán hacer algo al alcance de su poder de decisión si «triunfan» en esas «elecciones»? ¿Qué ganarón? ¿Qué perderan? ¿Quién ganará y por qué?
Las «elecciones cubanas» no tienen prestigio ninguno. No hablo de su «prestigio internacional», sino del local, aquel que ejerce sobre sus electores, que es en definitiva lo importante a la hora de definir el sistema político de un país.
Cuba no es una democracia, y los mecanismos electorales establecidos no se corresponden con la estructura y el alcance establecidos internacionalmente. Ya esta razón pudiera desinstalar al sistema cubano de todas las razones jurídicas y políticas para denominarlo como democrático, pero eso no necesariamente significa mucho.
Todos los antiguos países «socialistas» sufrían «elecciones» y ninguno era democrático. Cuba las «instaló» en 1976 con un mecanismo muy cómodo para provocar, desde su célula primaria, el rechazo a la posible aparición de una oposición política en los estamentos oficiales de las asambleas municipales.
No se puede olvidar que ser opositor en Cuba, al castrismo como debemos entenderlo, es un estigma social. Es el enemigo, el gusano, el mercenario, el provocador y el blanco perfecto para los dardos represivos de los órganos de la seguridad del estado del régimen.
¿Cómo surgieron entonces Hildebrando Chaviano y Yuniel Francisco López en ese contexto?
Nadie puede responder eso más que ellos mismos. ¿Les debemos creer? ¿Son realmente opositores? ¿Son «enemigos» del castrismo disfrazados para servir de «ovejas en lugar de aullar como lobos»?
Digamos definitivamente que hay muchas preguntas que responder. Pero estamos en el terreno que, por 56 años, el castrismo ha preparado para que todos juguemos nuestro rol: el de dudar, pensar lo peor y creer que estas dos «ovejas» son lobos.
Se une a esto una estrategia importante en el tiempo en que se desarrolla este juego de «estrellas». Se hace muy conveniente la existencia de estos dos opositores en el marco internacional en que se desarrolla el neo castrismo. Ya lo avala el impacto mediático que han tenido estos dos candidatos en la prensa mundial.
Son las «estrellas de la apertura cubana». Ni más ni menos.
Medios como «El País» o la BBC califican de «histórico» y «signo de apertura» la sola presencia de esos dos candidatos a las elecciones municipales de circunscripción. Pero eso lo hacen estos medios por exclusiva ignorancia del sistema electoral cubano.
¿Qué poder real tienen los «delegados de circunscripciones» en el sistema cubano?
Ninguno.
No pueden cambiar nada. El que los opositores hayan «ganado» la simpatía de sus electores para ser elegidos como candidatos solo significa que los cubanos han abandonado todo deseo de ganar esos escaños locales para luchar contra los que desean hacerlo. Algo que ocurre de hace mucho tiempo, casi desde sus inicios. De hecho, eso lo conocen las autoridades reales a todos los niveles y los mismos cubanos.
Nadie en Cuba desea ser candidato a delegado, precisamente porque todos los cubanos conocemos que de lo que se trata es de servir de «notario de quejas» y «justificador de negligencias».
Los dos opositores ocuparán las plazas de tuercas instrumentales de respuestas a hechos concretos de su circunscripción. El bache que no se arregla, el salidero de agua de la esquina, la falta de fluido eléctrico local, el escándalo cotidiano de algún lugar, el inodoro tupido, el techo de los que se les caen las casas.
Es muy posible no cejarán en opinar, buscar alguna respuesta, luchar por mejorar algo o incluso criticar, como lo hacen otros al ser golpeados por el cansancio de la inutilidad, que es la consecuencia de ser «delegados de circunscripción». Pero eso no implica ninguna reforma política ni ninguna apertura porque no está en sus manos cambiar nada ni ser instrumentadores de ningún cambio. No hacen política, solo son una estera de transmisión de quejas e inconveniencias.
Surtidor de dolencias. Recogedor de quejas. Plañidera anotación de consecuencias locales de un sistema que no funciona.
Serán.
Del poder político ni hablar. En sus asambleas municipales no podrán hacer nada. Muy posible que hasta le impidan la palabra, la opinión y le formen el «acto de repudio» político en aquel mismo centro de plañidera respuesta.
Vayamos entonces a lo que recibe el régimen «gracias» a esta ingenuidad política de estas dos personas porque, dejémoslo claro, yo parto de pensar que son personas honradas y piensan con sinceridad que están haciendo el bien, transcurriendo un camino en el que, de alguna manera, pudieran socavar, poco a poco, el muro de contención política del régimen.
Déjenme explicarme un poquito más. Pienso en su honradez porque no puedo comenzar pensando, en principio, que son agentes. No es honrado hacerlo sin tener pruebas. Ni siquiera debiéramos dudar, porque es precisamente eso lo que desea la maquinaria de «inteligencia» del castrismo. Y porque en vez de cultivar la duda, como es la política del régimen, los que nos oponemos al castrismo debemos cultivar la creencia en el hombre, en su potencialidad real, en su deseo sano de ser honrado y sincero.
Debemos creer.
Entonces, ¿qué logra el régimen con la existencia de estos dos opositores en las elecciones locales?
Credibilidad. Hildebrando y Yuniel están sancionando credibilidad a las elecciones cubanas, y le están dando el marco apropiado para que el castrismo se reinvente.
Mañana Obama podrá mostrarle al electorado que lo que ocurre en Cuba es un proceso de apertura. Que las negociaciones con Raúl Castro han desembocado en la primera muestra de cambio real en el sistema político del país. Y que es posible influir más estando en La Habana, que cerrando oficinas.
Para Europa también es un alivio, porque pueden sellar las negociaciones con La Habana sin ningún contratiempo ni con ninguna razón relamida de prejuicios. «Cuba está cambiando», será su mensaje.
Me pregunto, ¿utilizó la seguridad del estado totas las «herramientas» para impedir la aparición de Hildebrando y Yuniel?
No. En mi opinión hicieron algunos amagos, tensaron algunas cuerdas, pero nada más.
Por otra parte, el cubano medio no quiere ser «delegado». Sabe que el cúmulo de mierda, literalmente, es tan grande que lo ahogará y no tendrá ni forma de convivir y superarla. Me imagino que haya sido difícil, entonces, encontrar alguien dispuesto y con poder real de superar a los dos opositores en este primer encontronazo.
Eso lo desconoce la prensa mundial, muy ocupada en hacer entrevistas a «mendigos» oficiales en La Habana Vieja, con habanos cubanos y perros salchichas para que esos ciudadanos del mundo en pantalones cortos los fotografíen y hagan del lugar la «delicia turística» del planeta. ¿No es así AFP?
Pero este «show opositor» favorece al régimen que, al parecer, ya parece disfrutar en las páginas de «Granma» de la re-lectura de la Constitución de Cuba y de su re-escritura a conveniencia. Están manoseando el pastel en adelanto. Ya pueden gritar en todas las plazas que Cuba es «democrática».
Tiene a sus dos candidatos opositores.
¿Es ignorancia o es conveniencia política la de estas dos personas?
Solo pueden responder eso ante Dios. El hecho cierto está aquí, ante nuestros ojos. La fruta ha madurado y la conveniencia política hará que la prensa amaestrada del país no los muestre en el terreno, pero los utilizará la castroburguesia en su negociación internacional, y en su represión diaria al resto de la pequeña comunidad opositora que no negocia, no sucumbe a mecanismos ortopédicos de estado para encaminar «algún cambio».
Lo que tenemos es, en realidad, un castrismo que se reinventa, para sobrevivir.
Nada más.

Friday, April 17, 2015

Una sociedad crispada

Quisiera pensar que fue un exabrupto aislado, de una persona no preparada para enfrentar argumentos o responder una pregunta «con filo».
Quisiera pensar que Sucelys Morfa González no es una representación de Cuba, de la sociedad y de la juventud, de este cúmulo de generaciones que  han surgido y crecido conociendo solo un argumento, el oficial.
Quisiera pensar que fueron los nervios, el temperamento de una persona inexperta, sin experiencia, sin preparación previa al evento, sin conocer siquiera cuáles eran sus principios, qué defendía, cómo y para qué.
Quisiera pensar que no fue como representante de un conjunto humano, sino solo un accidente casuístico del encontronazo virtual de un momento.
Una persona aislada, común, sin preparación y sin estatus jurídico y representatividad política, sin perfil ocupacional de dirigente y sin conciencia ideológica, o al menos social y cívica, pudiera tener un exabrupto, reaccionar como la «chusmita» del barrio, esa que sale en chancletas, manitas al aire y el lenguaje de «perlas pedorreras» gritado a todo metal de voz.
Pero, ¡no!
Sucelys - ¡vaya nombre! – es segunda secretaria de la «Juventud Comunista» y es ¿sicóloga? de profesión.
Me pregunto qué clase de profesional puede ser este espécimen que no sabe argumentar con compostura, responder una pregunta con firmeza, sí, digámoslo así, sin necesidad de la histeria, de la actitud descompuesta y de esta presencia crispada que pudimos observar frente a una cámara de televisión, frente a un antiguo cubano de su propia orilla, hoy en la opuesta, micrófono en mano, pregunta de cuchillo en la lengua.
He aquí las dos caras de un país crispado.
Mario Vallejo, reportero de Univisión en Panamá, era un cubano como Sucelys por allá por los 90, trabajando en la radio cubana, la única, la oficial. Ganaba más o menos lo mismo que lo que gana esta «sicóloga» y, por supuesto, presentaba la cara permitida de Cuba, la autorizada por el departamento ideológico del Partido Comunista, que es quien «orienta» - dirige – los medios de comunicación del país.
De entonces para acá, Vallejo cambió de orilla en el problema cubano, hoy trabaja para Univisión en Miami, y gana mucho mas también. Tiene independencia para preguntar, opinar, presentar su reportaje, y hace un trabajo «mas o menos» presentable de acuerdo a los estándares latinos, que no son necesariamente los estándares de la televisión norteamericana en inglés, ni del periodismo americano tampoco.
Sucelys no entró en el camino del periodismo, se graduó de sicología en la Universidad de La Habana, por cierto en una facultad, a una cuadra de la Colina Universitaria, donde muchas veces los cristales le faltan a las ventanas de sus aulas y en un edificio que muchas veces ha necesitado de un mejor mantenimiento, como muchos lugares en Cuba. ¿Habrá exigido alguna vez esta sicóloga algo a sus pagadores de boleto cubanos con respecto a su ex flamante facultad universitaria?
Si Mario se hubiera quedado en La Habana y hubiera viajado a la Cumbre de Panamá como representante del oficialismo cubano, como lo hizo Sucelys, la pregunta no hubiera existido – al menos para Sucelys -, tal vez para Berta Soler o para Fariñas se la hubiera «disparado» el ex miembro de la radio cubana.
¿Alguno de ellos hubiera dado la misma respuesta que Sucelyz y con la misma desfachatez mediática?
Me viene a la memoria el acto de repudio contra Alejandrina, escenificado con el consentimiento de Soler, en casa de la fallecida Laura Pollán y estoy casi convencido que también hubiera reaccionado muy cerca de ese «estilo Sucelyz».
Pero no ocurrió, Vallejo antes cambió de lugar, mucho antes, y en Panamá era reportero de una agencia que no era la oficial de Cuba, ni tampoco la oficial de los Estados Unidos, porque no existe agencia oficial de noticias en ningún país democrático, aunque muchas veces los órganos de prensa se inclinan hacia una tendencia política en esos países.
Pero el suceso de la histeria sicológica de la cubana en Panamá es el suceso cotidiano de una sociedad crispada en Cuba. La pregunta que me asalta es si esto necesariamente tiene que ver con nuestro temperamento «latino», o con la falta de educación democrática de esa sociedad, a todos los niveles, en todos los estamentos sociales, en todo el espectro político, disidencia y oficialismo, o es sencillamente pura vulgaridad de una juventud inculta.
No puedo olvidarme de la «manotería» vulgar de un comandante de chusma, que «apalabreaba» manoteando, histéricamente, que lanzaba epítetos y salivazos como disparos efusivos de una rabiosidad ideológica que no podía aguantar el chancleterismo, el barrioterismo de un temperamento gansteril cultivado en la universidad de la pistola, la guapería altisonante y el acojonamiento arrogante del poseído.
«Demonios en la Plaza», pudiera titularse ese peliculón criollo de 50 años.
Cincuenta años de aquel toqueteo de micrófonos y nerviosidad intrigante no pasan en vano. Se cultivan a imagen y remedo. Se convierte en la política estatal del manotazo, la porra y el acto de chismería frente a las casas del «otro», del diferente.
La sociedad cubana olvidó el argumento, el espíritu de discusión y de respeto, de intercambio y de serenidad. Cuba se convirtió en un país nervioso. Agréguese la vulgaridad, la palabrería estridente, la bofetada permisible y permitida, el «chanchullo» de solar y la chancleta del guapo alcoholizado y tendremos lo que es el resultado en Sucelyz, y el desafortunado encontronazo con Vallejo.
La falta de respeto, la indecencia y la incultura social es un mecanismo espontáneo que surge cuando los instintos básicos están acostumbrados a reaccionar siempre de la misma forma: como perro con rabia frente a un hueso, apelan al ladrido antes que al verbo.
No se puede dialogar con una persona que, por muy «sicóloga» y profesional que sea, no tiene el entendimiento, la cualidad de intercambio de argumentos y el espíritu de diálogo que una verdadera democracia desarrolla.
Son 56 años de soledad amparadas por la histeria.
No fue Sucelyz quien manoteó en Panamá, fue Cuba.

Thursday, April 16, 2015

Raúl Castro Kardashian, «Times» most influential

Años atrás las huestes castristas lanzaron sus gritos de histeria cuando la revista “Times” colocó a Yoani Sánchez entre las 100 personalidades más influyentes del mundo. No levantaron mucho la griteria, sin embargo, cuando en el 2012 la misma revista mencionó a Fidel Castro. Después de todo, ya la mosca se había caído del merengue y sus años de zumbido no contaban mucho.
Hoy lanza su nueva lista y, ¿adivinen qué?, el señor Raúl Castro se coló en la listica rosada de los nombres desafortunados.
Según «Times» la influencia puede ser «positiva o negativa», y selecciona un «escribiente» para que haga el panegírico del bien o la merengada del mal sobre el «influyente». De todas formas, quizás la discreción del castrismo en el 2012 tuviera mucho que ver con esos mismos criterios azarosos.
Se hace demasiado desafortunado ver incluido un nombre como el de, digamos, Malala Yousafzai separado algunos renglones de otro como Kim Jong Un.
¡Pobre Malala!
Nadie quiere estar en las vecindades de apellidos como el de Castro o el del coreano, pero me imagino que tampoco muchos deseen vanagloriarse de acercarse a Kanye West o a la señora Kardashian o Kardashia-West, lo mismo da.
¡Vamos, que pronto veremos incluidos a North West, East West, West West y cualquier otra banalidad de ese estilo!
Para «Times» funciona. ¿Y para el «Granma»?
Para que no quede dudas de que la lista de «Times» tiene más de celebridad que de estilo, profundidad e inteligencia, no les faltó incluir a Vladimir Putin ni mucho menos al muy «Nobel Prize» Barack Obama, seguido por Hilary Clinton, por supuesto.
Faltaría incluir el vestido de Monica Lewinsky y ya estuviéramos completos. Pobre Monica, seguimos acordándonos de ella cada vez que Clinton se asoma por las persianas de algún lugar.
Sin embargo, podemos agradecerle a «Times» que haya comenzado la lista de «influyentes» solo 12 años atrás y no desde principios de siglo porque si no, además de toda esta legión de celebridades descerebradas de California, hubieran necesitado incluir nombres como los de Adolfo Hitler, bien «influyente» al punto de ayudar a matar a 6 millones de judíos y provocar, de una forma u otra, la muerte de otros 60 millones de personas en Europa y Asia.
O Pol Pot en Cambodia que, durante los años setenta, de una población de 8 millones al inicio de su gobierno, en sus campos de muerte se calcula hayan muerto tres millones de personas. Una tercera parte de su país. Volveré a Pol Pot mas adelante, por ahora los dejo con esta avanzada.

Por su parte, no debería entonces haber olvidado «Times» a Stalin con 60 millones de una población de aproximadamente 500 millones, poco más del diez por ciento. Minucia socialista la del antecesor Lenin, que solo mandó al paredón a un millón de soldados blancos… sin juicio ni defensa.
También estaría el calvito en la listita del «Times» de todas formas, ¿no creen?.
Por la muy prestamista China tendríamos a Mao, con·35 millones de linchados en su «revolución cultural», así le llaman los chinos a la muerte al parecer, en una población total de 700 millones. Solo un 0.5 por ciento. Vamos, en comparación con Stalin Mao era ¡un gatito amoroso!
Tal vez en el artículo de «elogio» a la influencia de Stalin – si hubiera existido entonces «Times» y sus listica – la señora Rachel Kushner, encargada de glosar la figura del dictador cubano para la revista, no dejaría de citar aquella frase para la historia, y de historia, del aquel bigotudo dictador georgiano:
"Una muerte es una tragedia pero un millón una estadística."
De todas formas, y para suerte de «Times», y también para suerte de Castro, Rachel Kushner no tiene que hablar de 3 millones de cubanos exterminados en los campos de muerte de Cuba, como pudiera haberlo hecho con Pol Pot si hubiera sido el caso, sino solo de una cifra muy similar de cubanos exiliados, y algunos muertos en las aguas del estrecho de la Florida al encallar las azarosas balsas con que muchos han huido al caer en la muerte segura de nuestro mar azul turquesa.
¡Ah!, y algunos pocos ahogados “gracias” a la ayuda de las mangueras socialistas de agua a presión frente a las costas cubanas lanzadas por los muy patriotas guardacostas cubanos.
Pero no son el 10 porciento de una población de 8 millones de habitantes – un poquito menos, diría Rachel –, ni sus cráneos remedan pirámides horripilantes en las fotos de denuncia publicadas en su ocasión por la misma revista, como en el terror rojo de Cambodia.
Se le hace entonces tarea fácil a la señora Kushner escribir su elogio a la huida, porque siempre es más fácil encontrar algún eufemismo occidental al escape para ocultar la desvergüenza, que a la muerte cruenta de inocentes. Los eufemismos son las palabras de elogio de la falta de talento y del irrespeto occidental a la inteligencia humana del cubano común.
Pero ya estamos habituados a ese desprecio, es lo cotidiano en estos «intelectuales» de la izquierda nihilista.
«Times», además, necesita lo mismo del «The New York Times»: venderse en estanquillos y ser leída, que es decir hoy día «estar en el bombo cubano», estar de moda y en la moda, salir en los titulares y vivir del cuento.
Empecé el post con Yoani Sánchez, termino también con ella. En aquellos días en que «Times» descubrió a la bloguera devenida periodista y lanzó al mercadeo mediático su nombre para esta posteridad desafortunada del 2015, el castrismo levantó polvo e histeria sobre el «dinero imperialista» que habría fabricado aquella celebridad en la «gusana» revista.
Me pregunto hoy, y le pregunto a esos mismos buchiplumas, ¿quién le pagó hoy a la misma revista, a «Times»?
O, ¿ya apareció el oportuno aviso de la Gestapo cubana de que hoy «Times» dejó de pertenecer al imperio y hay que aplaudirle en lugar de gritarle socialistamente «Cuba sí, yanquis no»?
Todo es posible.
Como conclusión diría, y creo no equivocarme, que de todo este rollo no me sorprendería que mañana mismo apareciera un titular en toda la prensa amarillista occidental: «Nueva estrella cubana en Hollywood: Raúl Castro Kardashian».
Y no estaría muy lejos la realidad-ficción en que estamos viviendo los cubanos cada día, desde el desafortunado «Día de San Lázaro».
¡Que Dios nos ampare!