Thursday, January 29, 2015

El bienestar de la Libertad

Angel Santiesteban acaba de publicar, a través de su editora, un post que creo es muy importante y oportuno de leer, y con detenimiento. Las palabras no se miden por su cantidad, por el tono embellecedor que pueda alcanzar el que las escribe, tampoco por la altura literaria que posean. Hay literatura, y hay literatura imprescindible.
Nada de eso funciona cuando un hombre está preso, injustamente, pero esas largas horas a solas consigo mismo, con la conciencia del que se sabe inocente y conoce su real estatura humana, le hace escribir, por sí mismo, las páginas más hermosas y mejores, las imprescindibles.
No quiero agregar mucho más a todo esto. Angel no lo necesita. Tal vez una pequeña nota ineludible sobre el gran Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.
Carlos Manuel murió solo, abandonado por los que defendían entonces a Cuba del yugo español, denunciado vilmente por un escolta del Presidente de la República en Armas, que se presentó en el campamento español a una orden de Vicente Aguilera. Apareció muerto al pie de un barranco, sin escoltas, solo, su arma rota por una bala, mientras otra había roto su extraordinaria vida.
Fueron los mismos cubanos quienes traicionaron a Carlos Manuel, y fueron los mismos cubanos quienes propiciaron aquellas dos balas.
¿No nos recuerda esto demasiado los tiempos que transcurren?
¿No nos hacen reflexionar aquellas tristes circunstancias?
Los dejo con el excelente post de Angel Santiesteban. ¡Léanlo y recuerden a Carlos Manuel de Céspedes!

Quizás para muchos la prioridad para Cuba no sea la libertad, y el ideario martiano no pertenezca a la historia. Puede que lo imprescindible en los nuevos tiempos sea el bienestar material, por lo que nos encontraríamos más alejados de ellos que de los propios “comunistas” que gobiernan el archipiélago.
Desde hace varias décadas los emigrados cubanos confiesan que huyen, pero no del gobierno, sino de la miseria en busca de lo sustancial, lo palpable, como si los gobernantes no fueran los culpables de la mala economía y quienes siquiera asumen su responsabilidad y se justifican con el embargo, olvidando las décadas de los 70 y 80, cuando existía el campo socialista y –sobre todo– la constante ayuda de la ex Unión Soviética.  En ese entonces, tampoco Fidel Castro supo aprovechar la oportunidad, ni siquiera supo escuchar a sus especialistas que –si le contradecían– los alejaba ipso facto. Pero al parecer, esa parte de la historia también pasó a los libros que –por cierto– tampoco son leídos.
Existe una marcada tendencia, y me he ocupado desde años, de indagar, entrevistar a esas personas que prefieren obviar la historia, y casi por lo general, es el resultado de la poca cultura. Desconocen hasta lo más elemental de la epopeya libertadora, y se conforman con levantar los hombros cuando se les pregunta por Joaquín de Agüero y Agüero, el primero que liberó a sus esclavos y se alzó en armas contra el gobierno español a la mitad del siglo XIX; tampoco conocen el esfuerzo del Dr. Vicente de Castro. Ni siquiera saben el lugar donde murió Carlos Manuel de Céspedes.
Una vez un intelectual me dijo que “había que desconfiar de los incultos” y ahora en materia de política he recordado aquellas palabras: cubanos que deciden existen, es algo que no puede obviarse, pero tomar esas decisiones desde una óptica sesgada que eluda nuestra experiencia histórica se revierte en pasto que provoca una ceguera que les impide ver que Cuba necesita primero la libertad, luego su mejoría económica.
Si se revierte ese orden podemos asegurar que hemos perdido la nación libre y los sueños de José Martí por otro siglo. Sería el resultado de la instauración del totalitarismo al estilo de Vietnam y China, como precisamente han puesto de ejemplo algunos gobernantes y hasta varios opositores cubanos. Esa posibilidad de convivencia entre los Estados Unidos y Cuba, olvida cuestionarse si una dictadura al estilo de esos países asiáticos, es y será lo próspero para nuestras almas, sueños, deudas históricas, y finalmente, nuestra economía.
No creo –ni entendería– que alguien pueda ingerir el alimento más codiciado si está siendo vigilado, que los cubanos nos conformemos con pasear en un buen auto si no te permiten la crítica, la observación aguda de la realidad que te circunda; ni que se pueda tener un gran apartamento si no puedes visitar a un amigo opositor porque serás apercibido y puesto en penitencia si persistes en tener “amistades peligrosas”.
No intentamos corregir, observar y criticar desde una posición altanera, extremista también. Todo lo contrario, es un intento de que la conciencia de los cubanos sea activa, tenga la preponderancia en la determinación, sea la bandera de una nación que clama, que necesita la atención con profunda sapiencia para los momentos que corren, definitivos para su suerte.
Habría que preguntarse, cubano por cubano, si estamos dispuestos por nuestro beneficio personal, a sacrificar la libertad y nuestros derechos e instaurar en Cuba un régimen totalitario al estilo de esos países asiáticos ya mencionados, y que económicamente se encuentran bien.

¿Nuestro bienestar material es más importante que ser libre dentro de Cuba? Si la respuesta es sí, entonces me declaro un dinosaurio del siglo que transcurre.

Tuesday, January 27, 2015

El Buen Cubano

El gobierno de Cuba no ofrece, ni permite, internet para uso personal privado del cubano. Es harto conocido que la pequeña isla está entre los países con menor conexión a internet, por razones técnicas que ocultan las razones políticas, ideológicas. La realidad es que la voluntad política alimenta las razones técnicas para eludir internet, pero ese no es el tema aquí.
Hoy, sin embargo, saltó del sombrero cubano un conejo WiFi con una red de 9 mil usuarios en la misma capital del apagón virtual, La Habana. La noticia está en todas partes, “descubierta” una vez más por AP y, lo que cruza más allá el margen de la curiosidad para agregar un grano de sal de conjetura, revelando hasta los nombres y las imágenes de los supervisores audaces del proyecto que dice llamarse “SNet” o “Street Net” (Red Callejera).
En un país donde el secretismo no es noticia, donde el Ministerio de Comunicaciones persigue parabólicas y conexiones ilegales, donde el gobierno a través de ese mismo ministerio impone restricciones en sus clubes de computación, salas y cafés de internet a páginas y sitios de la real internet, la revelación de AP causa mucha suspicacia, para decirlo con delicadeza diplomática.
Según Rafael Antonio Broche Moreno, ingeniero eléctrico de 22 años, que ayudó a construir la publicitada red, esta cuenta ya con 9 mil computadoras con antenas pequeñas “ocultas” de WiFi. Hagámosle caso y creámosle. No es el propósito de este post cuestionar sus palabras ni sus declaraciones.
Son curiosas muchas circunstancias aquí, dejémoslo claro.
El gobierno cubano prohíbe el uso de equipos WiFi sin una licencia expedida por el Ministerio de Comunicaciones. Según Broche, SNet no la tiene y así cae dentro de las miles de ilegalidades que existen en Cuba, y que muchos conocemos de siempre y que siguen existiendo "a ciegas" del vigilante de turno. El mismo creador de la red “ilegal” de computadoras aclara, y describe lo que puede entenderse como un “acuerdo tácito con los funcionarios públicos” que permite a los miembros de SNet operar sin problemas e interferencias técnicas ni legales.
Pregunta: ¿de qué funcionarios públicos habla Broche?
Aclarar, SNet no es internet, y es solo una conexión local de computadoras que comparten información cerrada, especie de WAN habanera o mini-habanera, para un grupo cerrado de personas con intereses comunes. La red tiene “administradores voluntarios” que aseguran que los usuarios no compartan pornografía, hablen de política, ni vinculen la dichosa red al mundo real de internet.
Hay unas declaraciones, sin embargo, que son las que acaparan mi interés. Dice Broche:
"Nosotros no nos metemos con nadie. No queremos hacer nada más que jugar, compartir ideas sanas. Es todo un funcionamiento sano que no se compromete, no influencia, ni el gobierno ni lo que sucede en Cuba... Mientras nos mantengamos haciendo lo correcto, ellos nos dejan seguir".
Yo pido un minuto de reflexión, un minuto donde nos preguntemos todos qué hay de verdad en todo esto, qué hay más allá de esa verdad declarada y publicitada, y qué hay de mucha simulación y doblez.
No nos volvamos paranoicos, que el cubano tiene la fácil tendencia a serlo. Dejemos de lado, por el momento, la muy plausible conjetura de que todo esto no sea más que otra jugada traviesa del gobierno, o de algún ensayo de “atrapa-moscas” de cierto departamento de la inteligencia castrista.
Hay ciertas preguntas, sin embargo, que se imponen.
¿Cómo es posible que la AP acceda a la información, la publicite, aparezca en todos los medios como una extraordinaria aventura tecnológica de un grupo de jóvenes que se propuso saltar las vallas de la censura y crear SNet y todo sigue igual, “la sangre no llegó al río”?
Y la pregunta más importante, ¿por qué esta publicidad?
¿Quiénes son estos “supervisores voluntarios”, audaces recién graduados ingenieros en telecomunicación, o cualquier otra de las carreras tecnológicas asociadas al trasiego de la información y las redes de computadoras?
¿No le causa a nadie ninguna conjetura poco, digamos, “saludable” que se publicite nombres y fotos, que SNet aparezca al desnudo y no pase nada?
Un momento, ¿tiene eso que ver con las muy “correctas” declaraciones de Broche de que solo es para jugar, chatear banalmente sobre la luna y los corazones románticos de las cubanas?
Les dejo las respuestas a ustedes, porque no es, ni mucho menos, el centro esencial de mis preocupaciones con SNet. Pero se hace imprescindible aclarar, con toda intención, que hay que tener mucha dosis de ingenuidad para aceptar a “palo seco” todo esto.
Apartémoslo, sin embargo. El centro neurálgico de mi post es ese subtitulado en rojo que he subrayado en las palabras del “audaz ingeniero”, “supervisor voluntario” de SNet.
“Mientras nos mantengamos haciendo lo correcto”, subraya.
Y, ¿qué es lo correcto?
No hablar de política, ni de Cuba, ni del gobierno. La Red Callejera de la Banalidad y el Juego, ¿no es así?
¡Qué triste!
Hemos creado al “buen cubano”. Al joven correcto, banal, desinfectado de la realidad, desideologizado. Hombre nuevo del juego de guerra y juguetes virtuales en la red esterilizada de computadoras socialistas. Así de sencillo. ¿No acusan al capitalismo de infestar de banalidad y mercachifleria el mundo?
Pues, ¡no!, ¡qué va! Cuba es la capital de las 9 mil banalidades.
Ya no solo se necesita ser “correcto” para vivir en Cuba. Ahora para poder unirse a este club hay que también firmar esa corrección. Ser inmune al contagio de la pregunta, el cuestionamiento usual de toda persona por la realidad que le circunvala en su vida, que la sufre.
Ahí no se permite hablar ni del pan sin grasa, ni de los estantes vacios en los mercados, ni tan siquiera ¿alegrarse? del próximo restablecimiento de relaciones Cuba-EEUU.
¡No!
Los “supervisores voluntarios” pasan la cuenta. Suspendida la computadora incorrecta.
La sociedad cubana ha creado el germen silencioso de la indiferencia. Usted lo puede ver no solo en los cubanos que viven en Cuba, en los miles que residen en cualquier parte de este mundo. Se preocupan por los suyos, que los demás se preocupen por lo de los otros. 56 años de “hombre nuevo” han creado esta sociedad nihilista del egoísmo y del culto social a la indiferencia, un abandono total de todo espíritu de rebeldía y de disentimiento popular.
Existen dos Cuba que no están interconectadas. La oficial, la de los periódicos y publicidades ideológicas; y la real, la de la calle, que corre paralela a aquella, y olvida al país para ocuparse del transcurso diario de la tragedia de la sobrevida y el escape.
¡Triste geografía social la cubana!
Y es eso lo que más me preocupa, mas allá de si esta sea una “operación atrapa-moscas”, un mercadeo burdo de una disidencia leal tecnológica o sencillamente la próxima jugada de la ciber-policia castrista. La paranoia tiene un límite, y los cubanos somos muy inclinados a las creencias surrealistas sobre cualquier conspiración. Seamos justos, las hemos vivido, las hemos sufrido y ya todo nos huele a la próxima conspiración, cada vez que algún fenómeno nuevo sucede, como este.
Hay algo que Jean-François Revel dijo en su magnífico libro “La Gran Mascarada”:
“En toda sociedad, incluidas las sociedades democráticas, hay una proporción importante de hombres y mujeres que odian la libertad – y, por tanto, la verdad-. La aspiración a vivir en un sistema tiránico, ya sea para ser partícipe del ejercicio de dicha tiranía, ya sea, lo que es más curioso, para sufrirla”
Hay muchos cubanos que son partícipes del ejercicio cotidiano de esa tiranía, a todos los niveles, y hay muchos que viven en una indiferencia sublimizada de sufrimiento y cohabito con esa dictadura. Sumen 9 mil mas a esos últimos.

Monday, January 26, 2015

Gradualismo versus Revolución

Es siempre una lección de humildad leer. Por supuesto, la humildad se cosecha de muchas formas, pero la lectura de fuentes diversas sobre un mismo tema nos debe ayudar a recordar que somos un grano de arena en el vasto universo que nos rodea, y que los fenómenos sociales que transcurren en nuestro tiempo de vida no pueden ser descritos de un plumazo, sentados en nuestra silla superior, en alguna latitud moderna, con todas las comodidades al alcance de nuestros dedos, nuestros mandos acomodados a cambiar de canal, conectarnos a internet, tocar con la punta delicada de nuestros dedos una de esas virtuales maravillas tecnológicas celulares y aterrizar en cualquier geografía social del mundo. La maravilla de internet acapara la arrogancia intelectual de los mediocres, casi siempre.
Y así, cuando todo parece de una perfección “imperfectible”, alguien tropieza con el incómodo cable en la esquina de nuestra casa, o un pajarillo posa al descuido un ala sobre un transformador sobrecargado, alguna hoja seca lanzada al viento por las ráfagas del otoño tardío nos hace perder toda nuestra superioridad de ese Olimpo griego en que nos hemos elevado, y nos deja a oscuras más indefensos en nuestra inutilidad que en el Medioevo, quizás para recordarnos que aún estamos aquí, y no al lado del trono de Zeus.
En esa disposición de espíritu es como siempre leo los artículos que en la prensa extranjera aparecen con ese análisis superficial, apresurado, del hombre de prensa que viaja a Cuba por una semana, disfruta de la ciudad, entrevista dos o tres cubanos de la calle, el funcionario oficial del gobierno, y tal vez se aventura a la zozobra del encuentro con algún disidente, opositor, o intelectual incómodo.
Y se marcha. Regresa a casa, a ese cuarto inmaculado de tecnología y confort en que acumula fotografías de todas las latitudes viajadas, viejos recortes de artículos de prensa sobre algún rincón lejano del planeta. Una carta de reconocimiento del imprescindible ejecutivo del medio de prensa de alta circulación y prestigio que le llenó las líneas de su resumé. Plumas, papeles garabateados, libros autografiados, computadoras e impresoras MAC, un fragmento del Coliseo Romano que sostiene algunos sobres de cartas no leídos, lápices, cámaras de video y de fotografía, y los suvenires ineludibles del tropicalismo, muchos.
Y es allí donde compone ese próximo artículo sobre Cuba, los últimos acontecimientos del 17 de Diciembre, lo que viene y lo que va.
Me he leído ese artículo, Noah Feldman. ¡Tantas veces!
Lo leí del enviado de la BBC, el Sr. Ravsberg. Lo he leído en las páginas del “Toronto Star” mientras volvía a casa en el tren metropolitano, o en el ineludible “The New York Times”, algunas veces desde las páginas del británico “Financial Times” y otras tantas desde los diarios de España. Pero esta vez viene la lección neocolonial desde las hojas virtuales de “Bloomberg View”. El señor Feldman es un columnista de ese sitio en internet, profesor de Leyes Constitucionales e Internaciones en Harvard y autor de seis libros.
Bueno, hablando de libros que se escriben y tienen “éxito”.  Edward Stratemeyer alcanzó la cifra de 1300; Ryoki Inoue, 1075; Kathleen Lindsay, 904; Lauran Bosworth Paine más de 900 libros. Y quien es toda una industria editorial en sí misma, la señora Maria del Socorro Tellado López, o para que todos la reconozcan, Corín Tellado, llegó al precioso record de superar los 4000 libros escritos y vendidos como caramelos en la puerta de un colegio infantil.
Así que los seis libros de este profesor de Harvard pueden ser solo un entremés inapetente en la industria editorial, no vender nada, no significar nada, a pesar de sus títulos y su profesorado en la prestigiosa universidad. Pero también puede significar lo contrario, y ser verdaderas enciclopedias del saber y de la intelectualidad elevada de esa institución académica. Es, por lo que parece, un estudioso de la época de la “guerra fría”, y estando encallado todavía un pequeño iceberg en esa islita del Caribe que es Cuba, se aventuró el querido profesor a hablar del naufragio romántico del momento: el deshielo cubano.
Veremos en un resumen qué nos dice el profesor Noah.
Cuba no está preparada para una “revolución”. Habló en La Habana con “cubanoamericanos” que hacen negocios allí (¿?), oficiales del gobierno y artistas. Todos le dijeron “nada ha cambiado, todavía”. Raúl Castro no movió ningún dedo, lo hizo Obama [¡vaya descubrimiento académico!]. Es bueno que “liberaran” 53 prisioneros políticos, pero eso no es “inconsistente con el Socialismo” [no, señor profesor, lo inconsistente con el Socialismo en la Libertad Individual, en mayúsculas]. Turistas en pantalones cortos aún no coparán las calles de La Habana. Ah, y Cuba no está lista para que los de pantalones cortos tumben al gobierno. Hay más timbiriches y mercachifles que diez años atrás, pero todavía La Habana no es Las Vegas.
No se impacienten, este es el preámbulo. Continúa Noah, no el del arca, el de Bloomberg.
Cuba hay que compararla con Haití y con Jamaica [aunque exista Suecia, Suiza y Canadá]. Las exportaciones agrícolas dependen de las fluctuaciones de precios [no hay que ir a Harvard para darse cuenta]. El turismo es bueno porque atrae capital extranjero y promueve el balance comercial, pero también atrae actitudes neocoloniales y neo imperiales [¿una autocritica aquí, señor Feldman?], y los trabajos que genera son de ínfima importancia. Ah, y depende de las fuerzas económicas fuera del alcance nacional.
Conclusión salomónica de Noah Feldman: la lentitud le permitiría a Cuba focalizarse a una industria turística de mayor valor.
Noah Feldman no quiere que Cuba explote las riquezas de playas, sino las “riquezas morenas”. Ya saben, el “turismo cultural” nocturno, las jineteras de alto nivel intelectual tropical. Aquí parece olvidar Noah Feldman que Cuba no puede competir con las posibilidades de recreación de un Miami, o incluso un Cancún. Y, curiosamente, parece también olvidar que ese “turismo cultural” lo que atrae es prostitución, drogas y todo tipo de problemas sociales que es lo que, supuestamente, vino a “resolver” la otra “revolución”, no la de Feldman, sino la de Castro. Y no pudo lograrlo.
¿Es esa la Cuba que los cubanos queremos? Solo me pregunto.
No puedo perder la tentación de citar al querido profesor Noah, el que no es del Arca:
But when it comes to Cuba's economic development, slow progress is preferable to radical transformation. The same is true of political evolution: moving too fast might not produce greater freedom, but actually the opposite. [Traducción: Pero cuando se trata del desarrollo económico de Cuba, el progreso lento es preferible a una transformación radical. Lo mismo puede decirse de la evolución política: moviendose demasiado rápido podría no producirce una mayor libertad, si no lo contrario]”
Este profesor es una enciclopedia de sofismas. Me recuerda a Ravsberg.
El final es el previsto para todos los mismos escribidores de cuatro días. Perdón, me faltó decirles que este profesor de leyes fue eso lo que estuvo en La Habana. Cuatro días. Pero ahora viene lo mejor. Sigo el resumen.
El valor positivo de la “revolución socialista” es que Cuba ha invertido en capital humano. Su sistema educativo es mejor que el de los países comparables a ella [ya recuerden, Haití y Jamaica] y puede jactarse de exportar médicos y enfermeras. No es realista para Cuba generar millones de puestos de trabajo con salarios altos. Entiéndase, el mismo miserable salario continuará en la transición mágico-realista con velocidad de tortuga del señor Feldman. Y lo mejor de todo, los inversores extranjeros “pudieran identificar y tomar ventaja de la fuerza de trabajo ventajosa de Cuba”.
Esclavitud moderna tropical, vamos.
Final.
¿Cuántas veces he leído algo parecido a lo que el querido profesor Noah “descubrió” en  Bloomberg y en sus cuatro días en La Habana?
Muchas. Y no necesariamente por una temporada intelectual de un académico de Harvard en La Habana. Ya Ravsberg, en sus vacaciones pagadas por la BBC, nos lo escribió para todos, y también para Noah Feldman, en un post que él tituló “Normalidad y Progreso”. Los mismos presupuestos neocoloniales, los mismos sofismas.
Es bonito leer el comienzo del cuento. Duras críticas al régimen de Raúl Castro para después tomarnos la dulce píldora de la lentitud del progreso. Nada de “revolución”, gradualidad de poscastrismo. Esto es lo que nos vende Noah Feldman en su artículo sobre Cuba. Me pregunto qué le valió sus seis libros sobre el deshielo socialista europeo.
Ah, quizás decirnos que no debemos transitar el camino “rápido” de Rusia. Pero, ¡es que Rusia no caminó rápido en su transición!, y es precisamente esa lentitud lo que hizo posible que las mafias comunistas se reposicionaran en la nueva estructura de gobierno de la Rusia actual. Putín, señor Feldman, es un reconvertido en “slow motion”. Ni más ni menos.
Y tampoco, no-bíblico Noah, la “primavera árabe” puede compararse con la transición rusa. No puedo entender que un académico, y nada menos que profesor de Harvard, viva una vida profesional con tantos tópicos. La lentitud, además, no es garantía de ningún progreso en las libertades esenciales de la persona humana. Y los hombres de negocios no viajan a sus "colonias virtuales" para sembrar libertades, sino para llenar sus bolsillos.
No sé cuál es la enfermedad contagiosa, cuasi infantil, que tienen todos estos “queridísimos académicos” de achacarle el valor de ”revolución” a cualquier reconversión de la plutocracia militar en las antiguas geografías socialistas. No entiendo por qué Cuba tiene que sentirse satisfecha con ser Haití cuando pudiera soñar con ser Suiza o cualquier país escandinavo.
No es un sueño, tampoco una fantasía. Ninguno de los países latinoamericanos y caribeños de hoy, donde el turismo y también la miseria hoy pagan los pasaportes de muchos señores Feldman, tuvo el privilegio de tener una economía tan prometedora como la que tenía Cuba en los años cincuenta, precisamente antes de que llegaran quienes ustedes saben. ¿Que tenía problemas? Sí, los tenía, como hoy los tiene peores. Y, a fin de cuentas, nadie sueña con poseer un Moskvich cuando se puede soñar con poseer un Lamborghini.
Los sueños no se tienen en pequeño, so pena de convertirse en mediocridad.
No se construye una nación a base de realismo, sino a base de sueños. Ni Martí, ni Lincoln ni Martin Luther King, ni los padres fundadores de tantas naciones prósperas, fueron realistas cuando intentaron cambiar la historia de sus pueblos. Fueron soñadores. Soñaron con un mundo que no existía en el momento de sus vidas. Algunos lo lograron, otros no, pero abrieron el camino a ese sueño para que otros lo pudieran disfrutar.
La forma conspicua que estos “profesores de leyes” nos miran, y nos calibran en su intelectualidad, se asemeja palmo a palmo a la del antiguo amo de esclavos cuando miraba, condescendiente, el recién crío moreno nacido en sus posesiones coloniales. Para ellos, somos hombres de tercer orden, de tercer mundo y de tercera estatura, nos corresponde una transición lenta, con salarios bajos donde los nuevos colonos “pudieran identificar y tomar ventaja de la fuerza de trabajo ventajosa”. Explotarnos.
Como ocurre hoy con las empresas extranjeras de Europa y Canadá en Cuba, ¿no es así, Noah Feldman?
Lo peor de todo este entramado intelectual es que es casi una realidad en Cuba. Hacia allí vamos. Es eso lo que se instala con el poscastrismo “gracias” a la inapetencia del cubano en tomar en sus manos su futuro, acabar de entender que la indiferencia es la llave que entrega, mansamente, en manos del colono extranjero – que ayer era español, canadiense y en unos pocos meses puede ser americano – de sus propios grilletes.
Y en esta indiferencia pecan inxiliados y exiliados. Dentro de la colonia poscastrista y fuera de las rejas de esa colonia, pero a casi nadie le importa el rábano como para mandar a paseo a un profesor de leyes neocoloniales de Harvard que se hace llamar con el mismo nombre del Noah bíblico, sin ser con toda evidencia, un hombre de Dios.

Friday, January 23, 2015

Marcha Atrás. Marcha Adelante

Este pequeño grupo de personas no representa a la sociedad cubana
Con un gesto de las manos, que parece nimbar alguna figura que se disuelve en el aire, Josefina Vidal mira a lo lejos, trata de descubrir algún fantasma en un punto distante en la sala de conferencias. Los periodistas la miran, pero ella no los mira a ellos, está lejos, tal vez pensando en algún despacho en Washington, una oficina refrigerada donde, entre un café americano, una tertulia con algún simpatizante del gobierno que representa y alguna otra llamada necesaria a La Habana, sus pensamientos la hagan volver atrás, a este momento en la historia, un día después de su primer encuentro con Roberta Jacobson en la capital cubana.
Y a pesar de ese gesto esotérico, es la primera vez que coincido con lo que dice Vidal.
Ese grupo pequeño de personas con que se reunió Roberta Jacobson hoy, 23 de Enero, en una Habana cálida, húmeda, no representa Cuba. No son ni el 0.1% de los 11 millones de cubanos que viven en la isla. Pero, ¿quiénes representan a los cubanos?
¿El régimen? ¿Sus embajadores y oficiales de la cancillería donde trabaja la señora Vidal? ¿Los que le limpian su oficina y le preparan su café amargo? ¿Los que organizan las conferencias de prensa con los reporteros internacionales? ¿Los que ensayan el ritual de bienvenida, instalan los micrófonos, conectan las cámaras – visibles e invisibles –, ajustan los flashes, escriben sus reportes para el “Granma”?
El pueblo de Cuba es el primer ausente de todos estos protocolos.
Lo fue hace 54 años cuando dejó de existir una embajada americana en Cuba. Lo sigue siendo hoy cuando tratan de volver a establecerla.
Muchos de los que visitaron a la secretaria de Estado adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental, así se llama el cargo oficial  que ostenta Jacobson en la administración Obama, no los conocen los cubanos de a pie. Son virtuales conspiradores del silencio. La prensa cubana no los menciona cuando ataca los “enemigos de la patria”, y ellos tampoco se hacen conocer mucho en el país real que es Cuba.
En el irreal, en esa geografía virtual más allá de las aguas caribeñas, muchos conocen sus nombres. Unos los aplauden, otros los chotean a mansalva, algunos los critican con irreverencia, sarcasmo y hasta con rabia. Y ellos mismos juegan a desconocerse unos a otros, tratando de establecer un cacicato de grupo y conceptos.
Y esta suerte de aislacionismo le facilita el rejuego político a su enemigo común: el régimen, que siempre ha sabido manosear ese tablado de rencillas, rencores, resabios, conspiraciones y conciliábulos en que se ha tornado la disidencia cubana.
El pueblo de Cuba ha estado ausente del todo. Ha sido el espectador de siempre y el objeto de todos los rejuegos políticos, de los dos bandos. Hoy mismo no se sabe, a ciencia cierta, cuántos cubanos aplauden a Obama, y a cuantos no les gusta la nueva naturaleza de esta mala relación re-establecida.
Pienso, sin embargo, que el pueblo de Cuba se alegra de la nueva política americana, por otras razones no dichas, no expresadas, no publicadas ni sermoneadas por ningún medio público. El susurro del cubano hace mucho abandonó la prensa y los medios, transcurre de labio a labio, de oído a oído, de lectura a lectura, lejos de los salones, los equipos tipográficos y los grandes titulares en los periódicos y revistas. Cuba ha aprendido a informarse a sí misma, lejos del oficialismo y las conspiraciones de silencio. De alguna forma el cubano ha abandonado a todos.
Y entonces me surge esta pregunta, ¿no estará esta disidencia arriesgando su sobrevida apostando por la “marcha atrás” a lo ocurrido el 17 de Diciembre?
¿Y cuál es la “marcha adelante”?
El gobierno de los Estados Unidos anunció su intención de restablecer sus relaciones con otra de las dictaduras. No es la única con la que mantiene contactos diplomáticos. Y el gobierno de Cuba hace mucho tiempo que dejó de estar “aislado” del mundo en diplomacia. Todos los países europeos mantienen embajadas en la capital cubana. El vecino congelado del norte de Washington, Canadá, nunca la retiró de aquel sitio.
Y así, ¿qué razón puede alegarse para no establecer una embajada en La Habana?
¿Por qué este grupo, “que no representa al pueblo cubano” según la señora Vidal, no le perdona a los americanos lo que le olvida al resto de Occidente?
¿Por qué a América “no”, y al resto “”?
Son preguntas. Las respuestas a veces son difíciles, mucho más complicadas, y en este caso hasta imposibles de predecir. Lo que el gobierno de Estados Unidos pretende ya lo ha hecho en otro tiempo con algunos otros. Por ejemplo, con Vietnam, con el cual tuvieron la más dolorosa de las relaciones. Con muchos de los países árabes donde una única familia controla aquellos paraísos de petróleo y arena desolada. Con gobiernos de África y Asia.
En ninguno de ellos nada ha cambiado. Las relaciones diplomáticas, el “engage”, no han resultados en una sociedad más abierta, democrática, en esas latitudes. Los negocios y el intercambio comercial y financiero han facilitado el estatus quo de monarquías, dictaduras familiares, jeques y mandarines comunistas.
Y China dicta al mundo financiero. Allí también se violan los derechos.
Josefina Vidal levanta las manos, junta los labios en un ríspido frunce para dar tiempo a que la siguiente frase, de correcta diplomacia, se expulse por ese mecanismo automático de palabras equilibradas, mágicamente hilvanadas para entredecir algo sin decir mucho.
Estas dos mujeres son dos expertas en la fraseología de equilibrio. Se estudian. Se sonríen juntas. Se estrechan las manos. Están en su medio ideal.
Fuera, lejos del plato que se disputa, once millones de cubanos se preguntan qué sucederá mañana, ¿eliminarán la ley de ajuste?, ¿la ratificarán?, ¿podrán irse de Cuba?, ¿podrán sobrevivir este momento?
Nadie, o casi nadie, piensa en cambiar nada en el país real.
De todo lo leído hasta ahora sobre el instante que transcurre, la proposición más seria, o al menos más balanceada, ha salido de labios de Tania Bruguera: la oposición debería constituir una “Mesa de Diálogo”, pero no con el gobierno, sino con ella misma. Ponerse de acuerdo. Hablar. Intercambiar ideas. Debatir. Entenderse. Y, sobre todo, ir con el ritmo del momento.
La “Hipótesis de la Reina Roja”, del segundo libro de Lewis Carroll, establece que los habitantes del país de la reina debían correr lo más rápido que podían, solo para permanecer donde estaban, porque el país se movía con ellos. Es lo que está pasando en Cuba.
Imperceptiblemente el país se mueve. No sus autoridades, el país. Hay quienes todavía confunden la oficialidad con las multitudes, pero en Cuba la oficialidad hace mucho abandonó a esas multitudes y vive en un país aparte. La disidencia parece también vivirlo, quizás en algún otro. No coinciden esos países, pero tampoco coinciden con la sociedad cubana.
De todo esto hay algo que tienen que tener bien claro. Hablo de la oposición, no me interesa el gobierno. No pueden seguir con el pulso de la nación americana, ni con el de su gobierno. No pueden girar en torno a las políticas de cohabitación política de la administración de turno, ni tampoco con los deseos de dar “marcha atrás” a esas políticas de congresistas y senadores del mismo país extranjero. Nadie puede secuestrar la opinión de cómo debe ser Cuba, mas allá de los mismos cubanos.
Tienen que acabar de comprender que, aun cuando representen “lo justo”, no significa que ese sea el deseo de la mayoría del pueblo de Cuba porque, en definitiva, qué es lo justo si no lo adecuado en el momento, y quizás pueda ser que el cubano piense que lo adecuado a este momento sea “ese modelo”, que ese sea “su futuro” o “su presente”. Nadie, absolutamente nadie, le ha preguntado al pueblo de Cuba. Todos seguimos conjeturando en su nombre sin pedir su propio referéndum.
De lo que se desprende que ni la oposición ni el gobierno puede reclamar para sí mismos ser los representantes justos de la sociedad cubana hasta tanto no lo prueben, no con palabras ni con declaraciones nihilistas y gestos edipianos, si no con hechos, encauzando un movimiento verdaderamente popular que implique la voluntad real del cubano.
Ninguno de esos dos grupos, ni el que representa Josefina Vidal, ni el que representa los nombres mediáticos de la oposición, tienen poder aglutinador a sus espaldas, no tienen ese movimiento. Y esa es la verdadera causa del estancamiento social de la isla.
Ni marcha atrás, ni marcha adelante. ¡Estatismo!

Tuesday, January 20, 2015

A su Santidad: La Verguenza Pública de una Exclusión

Su Santidad,
Hay muchas cuestiones que no comprendo sobre su intervención como mediador entre el gobierno de los Estados Unidos y de Cuba. Más me desconciertan si pienso en las palabras que ha pronunciado en los últimos días.
Justificó la violencia asesina de los extremistas islamistas en París alegando que nadie puede meterse contra la “madre” y no salir impune. Luego, le dijo a una niña ante una multitud que se conmueve con los dramas de los niños solos, sin papás.
Cuba es una niña, secuestrada, violada y mancillada desde hace 56 años por un clan de matones que la convirtieron en su finca personal. Fue tan bien orquestado ese secuestro que no solo dura lo impensable sino que además es visto con beneplácito por inmensas hordas de personas que –como no lo padecen- la aplauden cual si fuera un paraíso terrenal.
Los secuestradores fueron quienes se autoproclamaron víctimas sometidas y ultrajadas por el “imperio” vecino. Pero la única verdad es que el clan gobernante fue quien secuestró a un país completo en propio suelo y obligó a un par de millones a marcharse, ya fuera por razones políticas o por razones económicas (que también son políticas).
Usted, con buena voluntad presupongo, quiso que ambos gobiernos encontraran un camino para terminar con sus diferencias históricas, pero no tuvo en cuenta un factor fundamental: el de la sociedad civil, única víctima desde 1959, y ahora atrapada en una nueva trampa de la que, con suerte, saldrán dentro de otros 570 años como acaba de anunciar Raúl Castro en un discurso reciente.
Nos consta a todos que usted estaba y está al tanto de las múltiples violaciones de los derechos humanos en la isla. Han sido muchos los que se han ocupado de ponerlo al tanto de lo que padecen los pacíficos opositores y, como bien pudo observar, tras los acuerdos alcanzados entre ambos gobiernos, y propiciados por usted, esa situación sólo ha empeorado. Usted ayudó a que se liberaran 53 presos políticos, pero el año 2014 cerró con más de 9000 detenciones arbitrarias y el 2015 empezó mostrando que esa cifra aumentará y nuevos presos políticos acompañarán a los que quedaron fuera de los listados de los que liberaron recientemente.
Me ceñiré al caso que me ocupa (del que personalmente me encargué de hacerle llegar a Usted toda la información): Ángel Santiesteban-Prats, reconocido escritor cubano, quien poco tiempo después de que Usted asumiera su papado le escribió una carta abierta (que además le envié repetidas veces y por diversas vías) denunciando lo que pasaba (aún, por desgracia, pasa) en las cárceles cubanas y pidiendo, no solamente por él, sino por TODOS los presos políticos. Fui yo, bajo mi responsabilidad, quien intercedió ante Usted por él, especialmente cuando casi lo dejan morir de dengue en la prisión, obligándolo a pasar 6 días sin prestar oídos a su pedido de un médico cuando convulsionaba víctima de las fiebres.
Nunca obtuvimos de Usted ni del Estado que Usted representa ninguna respuesta a nuestras cartas, aunque fueron enviadas por diferentes vías, incluida la Nunciatura de La Habana, un amigo italiano que hizo entrega directamente en el Vaticano, otras personas que las han acercado también hasta allí, faxes, etcétera.
No necesitábamos una respuesta directa, pero sí que fueran atendidas las denuncias. Tristemente, tras asistir como simples espectadores, ni siquiera como actores secundarios, a la reanudación de las relaciones bilaterales, hemos constatado que para Usted no eran importantes los derechos de los cubanos secuestrados y sometidos por la dictadura más larga que hasta hoy ha existido.
Su Santidad, supongamos por un momento que no le hayan informado sobre el caso de Ángel Santiesteban-Prats (¿tampoco los cubanos que lo visitaron le hablaron de él?). Asumiendo esa circunstancia tan poco lógica que no tenga idea de quién le hablo, existen pruebas de que Usted sabe perfectamente que la dictadura criminaliza a los opositores para justificar su encarcelamiento. Entonces, ¿por qué al oficiar de mediador, ya que liberaban a los tres espías asesinos que permanecían cumpliendo condena en Estados Unidos, no exigió que liberaran TAMBIÉN a todos los presos políticos disfrazados por el régimen de delincuentes comunes?
Usted se ha conmovido hasta la médula con la niña filipina que le hizo una pregunta demoledora sobre la injusticia que padecen los niños abandonados por sus padres y que son víctimas de dura vida en la calle, el hambre y la prostitución. Usted le ha dicho a esa niña, y a todos los presentes, que esa es la única pregunta para la que no tiene respuesta. Pero ya que conoce bien cuál es la situación del pueblo cubano, si pretende cumplir con el mandamiento sagrado de “no mentir”, sí podría Usted explicar a los hijos de Ángel Santiesteban-Prats por qué su papá sigue preso, aislado y permanentemente acosado a pesar de ser inocente, por decir alto y claro lo que piensa de la dictadura que somete a su patria. Le ruego que también les explique por qué ellos están privados de disfrutar a su papá como cualquier hijo, no habiendo cometido Ángel ninguno de los delitos por los que aún permanece tras las rejas. Su único “delito” es querer una sociedad libre y democrática para su país.
Nosotros no tenemos la respuesta. ¿Tiene Usted alguna respuesta para esos niños sin caer en el pecado de la mentira? Vivimos con dolor e indignación ver cómo, a pesar de esta tan anunciada “nueva era”, dejaron a Ángel y a varias decenas más de presos atrapados en las fauces del tirano, mientras sus hijos y mujeres están por completo desprotegidos. Explíqueles, por favor, por qué dice Usted que si alguien insulta a la madre debería devolver con una trompada la ofensa, pero no objeta a un régimen que mata, secuestra y encarcela a quienes pacíficamente reclaman por el respeto a los derechos básicos consagrados por la Declaración Universal de Derechos Humanos y por los postulados de la fe cristiana que Usted representa.
Repito, nosotros no tenemos respuestas, pero hay muchísimos hijos de presos políticos que, como los de Ángel, merecen que se les responda.
Gracias por su atención,
La Editora.

Nota: Reproducción exacta de la carta de la editora del Blog “Los hijos que nadie quiso” del escritor y preso político cubano, Angel Santiesteban, a su Santidad el Papa Francisco.

Sunday, January 18, 2015

Ni Lech Walesa ni Vaclav Havel

Se acaba de crear en La Habana otra agrupación, puede que temporal, puede que definitiva o solo como lo que se anuncia que es, el Foro por los Derechos y las Libertades. Es un bonito nombre y es una muy alta definición de lo que se debería lograr, una convergencia de agrupaciones para “discutir asuntos de interés actual ante un auditorio que a veces interviene en la discusión”.
Así define la palabra "foro" la Real Academia de la Lengua Española.
Unas cuantas preguntas, sin embargo, me vienen como siempre al caso, y tienen que ver precisamente por la definición que la propia RAE hace de la palabra “foro”.
Estas son:
¿Quiénes constituyen el auditorio de esta reunión o convergencia de agrupaciones o de “personalidades”?
¿Qué repercusión tiene en el auditorio mayor, que es el pueblo cubano?
¿Quiénes lo oyen, cómo lo oyen, cómo pueden intervenir y para quiénes se discute en este “foro”?
Algunas de estas preguntas pueden solaparse. Por ejemplo, es el caso de la primera, ¿quién es el auditorio?, y la segunda que le sigue, ¿cómo repercute ese “auditorio chiquito” en el “auditorio grande”?
En Cuba hemos vivido todas las etapas. Aquella primera en que se convocaba “reuniones públicas” en la Plaza de la ¿R?evolución para aprobar, sin más ni más, a contrapelo de levantar las manos en la oscuridad y masividad de las multitudes, actas, resoluciones, acciones y desgajamientos patrióticos.
Después llegó la etapa de la calcificación del organismo social de esa ¿r?evolución: la institucionalización de los “auditorios chiquitos”, que se reconvertían en la voz de aquellos que levantaban la mano en aquella plaza, ante el grito de altavoces de los bufones, como recuerda Nietzsche en “Así habló Zaratustra”, esta vez en teatros y canales televisivos.
De ahí, quizás, salió esta idea perfecta de la sala de televisión forista, ¿no es así Rodiles?
Desde 1976 se institucionalizaron los “auditorios chiquitos” para hablar en nombre de los “auditorios grandes”, de tal asunto hoy nadie cree en las instituciones que debieron erigir la democracia y, en la realidad, construyó una plutocracia de generales y doctores, con una claque muda, que ni cuestiona ni reclama ningún derecho o libertad.
Y de aquel palo salió esta “astilla”. También los “auditorios chiquitos” en la disidencia, con los mismos disidentes y los mismos rostros que se dispersan en esa suerte de fuegos artificiales, cada uno reclamando por sus lados, iluminando sus propios techos, ocupando plazas y auditorios virtuales en el mundo menos en su plaza local: Cuba.
Nadie en ese país conoce de ese foro. Nadie conoce a estos “dirigentes” sociales. Los disidentes cubanos son caciquillos dirigiendo sus bohíos techados, video-grabándolos y mandándolos a las redes sociales.
Y entonces una de las definiciones de la RAE me trae esa angustia de que estamos ante lo mismo, el retruécano de otra agrupación de los mismos, o de un grupo de los mismos, o parte de los mismos. ¡Qué se yo!
La pregunta que asalta de inmediato es, ¿están todos los que deben estar?
Dude, dude de todo. Ya hemos visto por estos días como muchos de esos rostros mencionan unas listas, y otros mencionan otras, y quedan, siguen quedando nombres ajenos a la lista general de presos políticos de Cuba.
Casi al dedillo puedo afirmar que quien único ha hablado por todos los presos es Berta Soler, que no ha tenido que ver en ninguna lista, que ha hablado claramente que no están todos en esas dichosas enumeraciones del premio Oscar cubano para la libertad prestada.
La definición entonces cuestionadora de la RAE que me preocupa sobremanera es aquella que reza, definiendo a “foro”: “parte del escenario o de los decorados teatrales… “, etc.
Y, sí, mi pregunta es si este foro de “derechos y libertades” no es otro de los decorados y escenarios con que nos tiene habituados esta disidencia mediática, que filma videos para YouTube, para los diarios y la televisión internacional, pero que no discute nada ni se acerca al “auditorio grande”, bajo ningún concepto.
Nadie ha pensado, por ejemplo, en usar la telefonía celular que se extiende en el país para conectar la oposición, la sociedad civil, con las fuentes que deberían nutrir sus filas, el pueblo de Cuba. Nadie ha intentado expandir aplicaciones para influir, dispersar información, convocar, acercarse al pueblo.
¿Es que no hay ningún informático local que los ayude? ¿No hay un ingeniero de sistemas y telecomunicaciones que le extienda la mano para ese proyecto?
[Conozco la respuesta, pero les dejo a ustedes que la encuentren]
Tienen que esperar, entonces, por la AP que descubra a la USAID intentando hacerlo por ellos. ¿De qué vale y qué poder concientizador tiene que una nación extranjera, una agencia federal de otro gobierno, se preocupe por hacer lo que es tarea vital, esencial, de la disidencia interna, de los cubanos?
Y es por eso que mis dudas pesan sobre todos esos rostros ¿disidentes? que veo en el foro de “libertades y derechos”.
Se ha discutido tanto sobre por qué en Cuba no ha surgido una “Primavera Árabe”. Casi todos achacan a un lado de la ecuación la ausencia: la represión del gobierno. Pero existe otro, la desconexión de la llamada disidencia con su pueblo. Es fácil poner la primera variable, la segunda es dolorosa, y causa molestia.
Pero la esencial causa de que no exista en Cuba un futuro mediato, ni se avizora, donde se pueda adivinar una transición hacia la democracia es la inexistencia de figuras de calibres que generen a su alrededor un movimiento verdaderamente popular.
No tenemos ni a un líder obrero, sindical, de la estatura de Lech Walesa. Ni una figura intelectual que aglutine la intelectualidad cubana, como lo fue Vaclav Havel. Por lo que se avizora, si ocurriera algo en La Habana, no sería una Checoslovaquia ni una Polonia. Tampoco una Alemania, porque en Cuba no hay un país dividido artificialmente.
Si llegara ocurrir algo sería como el caso de Rumania. Una sublevación masiva salvaje, repentina, un caos popular de proporciones incalculables, donde la ¿disidencia? estaría acoquinada en sus casas preguntándose qué hacer.
No es una conjetura, es una realidad. Ya ocurrió cuando el “maleconazo”. No hay que recurrir a muchas adivinanzas y fórmulas quiméricas.
Por lo demás, yo no espero Rumania. Quizás un Vietnam mediocre con mucho de Ru$ia putinezca. Nada más.
Yo pudiera seguir aplaudiendo automáticamente, cerrando los ojos a la evidencia, y agradeciendo el valor de estos nombres, pero hasta que los que se llamen ¿disidentes? me demuestren que están ”con TODOS y por el bien de TODOS”, aquí me quedo, tomando la definición de tablado teatral para estos foros.
Con la rabia del cínico, y la ironía trágica del agnóstico.

El zumbido de la Mosca

¿Se ha preguntado cuán fastidioso es el zumbido de la mosca? Y, a la vez, ¿se ha preguntado cuán fastidioso no lo es, o resulta serlo su ausencia? No son preguntas triviales, casuales, accidentadas, ni tampoco porque este blog se haya reconvertido en uno que trate del tema de esos dípteros fastidiosos, necesarios en algunas circunstancias de la naturaleza, molestos y malignos en la sociedad humana.
Por otra parte no soy de los reconvertidos de nuevo cuño, ni mi blog pretende reconvertirse o reconvertir a nadie. No he sufrido tampoco la enfermedad infantil de la reconversión, esa tan frecuente en nuestros días, por algunos lugares.

El zumbido de la mosca lo provoca el rápido movimiento con que mueve sus pequeñas alas para lograr sostenerse en su vuelo, alrededor de los lugares por donde cotidianamente ejerce su despreciable labor predadora, casi siempre entre desperdicios humanos y de animales, corrupción del cuerpo y de la vida. Un símil muy coherente con el del insecto social con que padecemos en las sociedades humanas.
352 veces por segundo bate sus alas este insecto, y a la vez que ayuda a retornar a la naturaleza los restos de animales y sus excretas, contamina de enfermedades y muertes a otros seres vivos, porque los infesta.

Pero piénsese en su zumbido, en ese aletear continuo que nos molesta y nos hace recurrir al conocido artefacto para matarla, para sorprendernos una y otra vez más de la forma sutil con que logra escapar a nuestro manotazo, al cazamoscas o a cualquier otro invento ingenioso.

La naturaleza dotó a la mosca de un mecanismo ingenioso para predecir las acciones hostiles de sus depredadores en su contra, y muchas veces escapa.
Pero dejemos de hablar de la mosca, por más que se parezca a la otra, a la Mosca social, la que depreda en el organismo civil y urbano de los hombres. Porque todo esto acude a mi mente desde este fin de año por la recurrencia de un fenómeno que, no por ser ya cíclico y casi común entre los cubanos, deja de ser molesto, bochornoso, si no patético.

Sí, patético.

Nos fastidia el sonido de "aquella Mosca", la que se subía en la "plaza de Zaratustra” a zumbar venenosamente y acabar con la magnífica soledad de la que nos habla Nietzsche:
"La plaza pública comienza donde termina la soledad. Y donde comienza la plaza pública comienza también el ruido de los grandes histriones y el zumbido de las moscas venenosas"
Agrega Friedrich Nietzsche, con todo acierto: 
“Lleno de bufones solemnes está la plaza, ¡y el pueblo se gloría de sus grandes hombres! Éstos son para él los señores del momento”
Y no se consuela de perderlos, de extrañarle su silencio cuando precedió la palabra. Horas y horas de zumbido, intolerancia, "sí o no", "por o contra". Nada entre esas dos aguas. Nada que escape de los dos bandos, costados de una costura o herida pública, costosa, largamente sufrida y que no sana, o no la deja sanar mucha gente.

Se extraña su silencio, fastidia su retorno, se piden sus palabras, molesta que reaparezcan, se caricatura su sobrevivencia, sus cartas, sus resuellos moribundos, sus ausencias, balbuceos e infortunios.

Dentro y fuera de casa. En la plaza, el mercado, los periódicos y los chismes. Ilustrísimos y chusma, disidentes y coincidentes, partidarios y contrarios, mas y menos, cubanos y no cubanos. Todos.
No hay resto. No hay paz para el cadáver. No se le deja retornar a su sepultura, reconvertirse en podredumbre. Morir.

¿Para qué entonces algunos reclaman su extinción? ¿Para qué algunos se consuelan con su silencio? ¿Para reclamarlo después?

Esta patética costumbre de acudir a la Mosca explica que no haya muerto, ni aun cuando los altavoces anuncien su entierro, y las turbas de los bufones acudan vestidos de negro, y sus coterráneos insectos pululen su descompuesta geografía y lo reconviertan en polvo, el polvo en barro, el barro en suelo cenagoso, la ciénaga en agua, el agua en vapor y el vapor desaparezca en el silencio de la soleada tarde, frente a la muralla azul del mar, golpeando el muro de concreto en el litoral habanero.

Y se pierda en el mar, en una balsa, recurve en una isla o sea capturado por guardacostas.

Si no hubiera existido esa Mosca algunos, sino muchos, la hubieran inventado, fabricado, compuesto desde el desperdicio y el barro. Para oírla, aplaudirla, seguirla como zombis al olor de la podredumbre y los detritos humanos. Tengo la dolorosa conjetura de que algunos lo hacen para lograr su sobrevida, que es una conspiración de incorruptibilidad lo que recorre esos murmullos, esas caricaturas, esos verbos, esa tinta gastada en tantos lugares. Como si mencionándolo, pidiendo su reaparición o condenándolo lo lograran sobrevivir.

Que si no recibe a nadie. Que si no aparece sus ojos peludos y sus dedos largos en la prensa. Que si su tipografía no se reproduce en los diarios. Que si su verbo falta. Que si escribe una carta y acuña su firma. Que si se burlan de la carta y de la firma. Que si Maradona y los cinco detritos del diablo. Que si el silencio, la muchedumbre y la tía tata de los cuenta cuentos.

¡Vaya fastidio!

¿Cuándo aprenderán a vivir su propia vida? ¿Cuándo comprenderán que un conjunto humano es una mísera célula de tiempo en el reloj infinito de la vida?

Somos nada, polvo en el viento. Disfrutemos de la fantástica libertad de nuestra soledad y dejemos de acudir a la plaza aquella, de Zaratustra. Dejen morir a los muertos. Entiérrenlos en vida como merecen. Desprécienlos y acábenlos de olvidar.
“Todos los pozos profundos viven con lentitud sus expe­riencias: tienen que aguardar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó en su profundidad.”
Esa lentitud tiene consecuencias profundas, heridas salvajes, putrefacciones y castraciones que tienen que ser cortadas, amputadas del cuerpo viril que sostiene la vida. Salgan del pozo, dejen el zumbido molesto, ponzoñoso de la Mosca.

¡Olviden de una vez!