El
miembro más prominente de la blogosfera cubana llega a término un viaje que la
ha llevado a países de Europa, América Latina y Estados Unidos. Casi 80 días,
como la conocida novela de Julio Verne, pero no precisamente alrededor de todo
el mundo, aunque algunos piensen que el mundo se reduce precisamente a eso, al
grupo de los miembros del G8. De todas formas, el viaje de Yoani Sánchez
no ha dejado de tener aventuras y desventuras.
Una cobertura desmedida en su apertura, con tropiezos bastantes evidentes en Brasil, rectificaciones sobre la marcha, una excelente conversación con los estudiantes de periodismo en New York, para terminar en un agotamiento del tema en Europa. En una Europa que está más interesada en sus problemas económicos y en la crisis de la Unión, que en las peticiones de apertura de internet de un blogger cubano.
Cuba está muy
lejos del viejo continente, y los abrumadores problemas financieros de griegos,
italianos y españoles, mas la crisis general del sistema financiero europeo
desplazó el foco de atención y la mirada hacia este miembro pequeño de un país minúsculo.
Somos un peñasco en un gran islote de problemas universales.
Cuba no es prioridad para Europa, y mas allá de España, el viaje "alrededor del mundo en 80 días" de la señora Sánchez no ha sido noticia de grandes titulares como sucedió en América Latina y Estados Unidos. Entre cubanos, sin embargo, ha sucedido lo contrario: no deja de ser tema de polémica.
A Yoani Sánchez se le pide que emita opiniones sobre todo. Se le exige que mencione nombres, que justifique sus finanzas, cómo paga sus viajes, porqué se le recibe en algunos centros de poder y en otros no. Porqué hace turismo y publica fotos en su cuenta Twitter. Se burlan de su pelo largo y de su ropa, de sus gestos y palabras, de comprometerse con unos y de no comprometerse con otros. De hablar de Paya después de su muerte y no antes, de decir que quiere hacer un periódico en Cuba y no hablar de los que ya "existen". En fin, de todo.
Es curioso que dentro y fuera, disidencia y oficialismo, exiliados e “inxiliados” (emigración interna como la llama Hanna Arendt), todos critiquen y pregunten a la bloguera lo que no se le pregunta y critica a los miembros de la oficialidad castrista. A ellos no se les cuestiona quién le financia los gastos de hoteles y viajes, ni tampoco que acordonen conferencias de prensa ni se rodeen del servicio secreto norteamericano, como lo hizo la señora Mariela Castro Espín en Filadelfia hace unas semanas.
El caso de Yoani Sánchez genera las jaurías de estos autómatas útiles que la embajada cubana alimenta con impresos de preguntas cuyo único objetivo es desacreditar a la bloguera, pero no hacerla contestar. Lo esencial en estos actos bochornosos de gente manipulada que solo sabe disparar preguntas, dólares falsos y gritos, es que no esperan repuesta alguna: solo desean gritar, hacer su ruido e irse. Es sencillamente patético, un acto desesperado de indigencia política.
Por
otra parte, los que critican a la bloguera que publique sus fotos, hable lo que
le dé la gana, y tenga su propia agenda de trabajo se olvidan que su cuenta
Twitter es de ella, y punto. No reclama Yoani Sanchez que sea una disidente,
pero tampoco lo niega. He ahí la clave quizás del gran problema que enfrenta la
bloguera cubana, su gran error. Pero es fácil entenderlo. Alguien le endilgó el
apellido mediático que atrae la publicidad y enfoca con mas luminosidad su
presencia en el mundo. El error, sin embargo, es que al no aclarar su posición,
le genera más dudas entre los que deben ser su auditorio natural, los cubanos,
generando de paso su rechazo.
Sin embargo, hay un olvido voluntario por aquí. La bloguera desde hace mucho dijo no ser disidente. Aceptémoslo, son sus palabras después de todo, y también los hechos. No ha creado ningún grupo disidente, ni ha generado un proyecto político (por Dios, ¿cuántos existen en Cuba entre la oposición?), ha llegado a decir que no es "suficientemente cínica para ser político". Y aceptémoslo también, son sus palabras.
Yo no creo que el cinismo sea la actitud correcta de un político, pero evidentemente no se puede pedir a nadie lo que no quiere ser. En cambio, yo sí le pediría que acabara de esclarecer con claridad meridiana estas posiciones. Que acabara de decir llanamente: no soy una disidente sino una periodista. Y punto. Porque después de todo han sido los medios los que le han añadido ese apellido... y ella con su silencio otorgador. Así que en este capítulo si yo le pediría una posición clara y vertical.
En mi opinión personal Yoani Sánchez sólo aspira a ser periodista. No es la Aung San Suu Kyi conque la comparaba Zoe Valdés (Ver post "Disintur" de Zoe). Tampoco puede reprochársele que salga a la calle con las Damas de Blanco y sea como Bertha Soler, porque ella no pertenece a ninguna agrupación disidente ni grupo político. Ni tampoco exigirle que tenga las opiniones de Rosa María Paya porque la bloguera creció en un entorno familiar diferente, fue la "pionerita" que creyó en el sistema y se decantó, lo ha dicho ella misma. Pertenece a una generación de desencantos que no cree en políticas y busca su propio desarrollo personal.
Pedirle
peras al olmo es un absurdo. Lo único que se le puede pedir a una persona es
ser coherente y que aclare ese pequeño aspecto que ya he señalado. Yo no le pido
mas, porque para mí Yoani Sánchez es lo que es: una periodista en simiente.
¿Periodismo insípido occidental? Quizás.
Pero
recuérdese que hemos sido, por muchos años, maltratados con un periodismo de
trincheras, verde olivo, sesgado y desbordado de slogans, mentiras, medias
verdades y mitos. Las sociedades no se cambian de la noche a la mañana, las
personas actúan y piensan a la altura de sus intereses personales, su educación
y el entorno familiar y social donde crecieron. Y cada cual también actúa de
acuerdo a su conciencia, y las herramientas intelectuales que posee.
Yoani
Sánchez es la persona de la sociedad civil cubana más reconocida y
multipremiada en el mundo. Ignorarla no se puede, desdeñarla más que un error seria
una estupidez, y tratarla de acorralar es tirarla contra las cuerdas del
oficialismo. ¿Qué se ganaría con todo esto?
Si
algo tenemos que aprender los cubanos es escucharnos todos y cada uno de
nosotros. Somos una comunidad habladora, opinadora y que usa los epítetos y las
etiquetas de manera muy liberal. Dejémonos de poner etiquetas tan libremente a
las personas y concentrémonos en aunar los esfuerzos. Después de todo, ha sido
práctica del oficialismo sembrar la duda, etiquetar actitudes, condenar el
disentimiento.
Detrás
de los ataques personales a Yoani Sánchez hay una actitud arrogante de cada uno
de nosotros. Y, sí, es posible ella también la posea, no lo descarto,
especialmente cuando se calla y no aclara estas dudas que he dicho, pero al
final del falso problema “Yoani” existe el verdadero problema de Cuba: y ese es
el castrismo.













